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12 de abril de 2026

Caídas

Si te dicen que caí es el título de una novela del escritor Juan Marsé, publicada en Méjico en 1973, y el primer verso de un poema de la poeta santafesina Beatriz Vignoli, llamado La caída. Pero este es un tema que siempre ha dado mucha tela para cortar. Eduardo Guerra escribe hoy, con mucho humor, un ensayo breve sobre diferentes caídas: históricas, domésticas, financieras, literarias y sus inevitables consecuencias...

Caídas

Hay infinidad de caídas acerca de las cuales escribir…y sin duda será forzoso emplear esa palabra muchas veces para mantener la fuerza de su presencia como término motivador de este texto.

Hay caídas estrambóticas, las de los edificios por ejemplo, lamentables cuando ocurren por accidente, muchas veces con víctimas, y atractivas cuando son   programadas y provocadas, como las implosiones del Albergue Warnes o la vieja Cárcel de Caseros.

También literarias y/o artísticas, como La Caída de la Casa Usher, de Edgar Allan Poe, Después de la caída, obra teatral de Arthur Miller, La Caída, novela de Albert Camus de 1956, y su homónima, película argentina de 1959 dirigida por Leopoldo Torre Nilson.

Caídas internacionales que han hecho más o menos ruido, y tenido consecuencias históricas importantes, son la de la monarquía en Francia, con la Toma de la Bastilla, la caída del franquismo en España, por fallecimiento del Caudillo después de 40 años de dictadura, el Muro de Berlín, Constantinopla, el Imperio Romano...

Caídas que, aunque no parecen letales “a priori”, han provocado la muerte de mucha gente, como la de la Bolsa con el Crack de 1929 o la crisis de Lheman Brothers, y muchos otros bancos norteamericanos en 2008.

Hay multitud de caídas, algunas capaces de producir angustia y preocupación por el futuro, como la aterradora caída del cabello.

Otras que duelen en el cuerpo y en el orgullo, porque generalmente ocurren con público; cuando pasan siempre hay alguien más, un testigo que no quisiéramos… son las caídas del caballo. 

Tenemos dos clases de caídas, probablemente no contemporáneas, que suelen ocurrir en distintas etapas de la vida, sólo separadas por… una letra.

Creo que nadie puede asegurar no haber sufrido caídas en su vida… cuando aprendía a caminar, cuando quiso patinar o andar en bicicleta, al menos en una ocasión, el piso se le vino encima…

Algo que, de grandes, ha ocurrido también, ya sea practicando deportes o por razones propias de la edad, pero, como dice Almafuerte

“no han de ser tus caídas tan violentas, 

ni tampoco, por ley, han de ser tantas”

Algunas enfermedades, por lo general infecciosas, son causa de las caídas en cama y en este juego de las letras, apelando al idioma de la calle, vemos que hay una peor, que es la caída en cana.

Sin olvidar que esas enfermedades en muchos casos tienen sus recaídas.

Caídas climáticas: la caída de la tarde, la caída del sol, la caída de las hojas en el otoño…y peligrosas, como las “caídas de ojos”, antigua arma de seducción femenina.

Están las caídas individuales, pequeñas caídas, menos conocidas fuera del círculo íntimo del damnificado, y las grandes caídas, esas maravillas geográficas, visuales, turísticas… caídas de agua, las cataratas, que les dicen….

Empecé enumerando distintos tipos de caídas, pensando en armar una especie de pequeño ensayo con ellas, aunque parece que, quizás, a partir de cada una se podría armar un relato. 

Esto mejoró mi ánimo, cuando venía de estar “de capa caída”, preocupado por cómo realizar el ejercicio, con la imaginación decaída…

y todavía no caigo!!!!!

Sé que debo ser cuidadoso y evitar una caída… en desgracia. Sí, literal, (como dicen ahora), tengo un ojo morado, la mejilla inflamada y dolorida, el brazo magullado, a consecuencia de una caída. 

No parecen ser buenas las caídas, 

se dan desde lo alto hacia lo bajo;

a menos que te gusten las alturas 

o el vértigo te pueda, no las tientes…

son taimadas, son riesgosas, son jodidas.

Si te dicen que caí…no les des bola, 

seguro son los escandalosos de Crónica.

Finalmente, hablando de caídas, no nos debemos confundir, sepamos que

un tropezón no es caída .Y una recomendación muy atendible y definitiva: 

¡¡si vamos a caer, que sea en la tentación!!

 

Eduardo Guerra

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