RINCóN LITERARIO
3 de mayo de 2026
El rápido a Moreno
Una historia cotidiana se vuelve definitiva. ¿Cuál es el último día de algo que hacemos todos los días? Somos inconscientes existenciales, escribió alguna vez Pirandello, vivimos como si fuésemos inmortales. Pero no, nos advierte Eduardo Benítez, subrepticiamente el hilo se corta, de un modo tan inesperado y sorprendente como el anuncio de un tren rápido a Moreno.
El rápido a Moreno
José subió al tren a los empujones y consiguió un asiento a los empujones.
Era el final de un día agotador. Desde las seis dándole a la pala y ahora anochecía. Se sentó al revés de la marcha del tren, no le gustaba viajar así, pero no le quedaba otra.
El tren tardó un rato en salir. Un desfile de pasajeros, vendedores y algún cantante pasaron por el pasillo.
La formación arrancó lenta y siguió lenta. El vaivén del vagón acunó a José, que entró en un tranquilo letargo que creció hasta hacerse sueño.
Palmeras, arena blanca, cielo y mar azul ocuparon su cerebro. El tren llegó a destino, pero José no bajó. Su mente tomaba sol en el Caribe y su cuerpo no despertó. Su cuerpo murió en Moreno. Quedó inmóvil sonriendo en el asiento.
EDUARDO BENÍTEZ
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