RINCóN LITERARIO
29 de marzo de 2026
El cielo de Malvín
Sabemos que desde siempre los seres humanos miraron el cielo nocturno. Los primeros observadores del universo fueron civilizaciones antiguas: babilonios, egipcios, mayas, chinos y griegos, que sin telescopios usaban el cielo para medir el tiempo y entender los ciclos naturales. Se han descubierto observatorios astronómicos de más de 2000 años, en Egipto, en Perú, en Corea. En 1609, Galileo Galilei dirigió por primera vez un telescopio hacia el cielo con un espíritu científico.
Graciela Sáez recuerda la observación del cielo nocturno en su infancia montevideana. Hay una constante en el espíritu humano: la atracción por las estrellas y las lejanas galaxias inalcanzables, el misterio siempre presente que conserva lo remoto, lo inasible…
El cielo de Malvín
En las noches calurosas de verano, muchas veces nos quedábamos en el jardín a recibir el aire fresco de la costa. Las luciérnagas, a las que llamábamos bichitos de luz, invadían la oscuridad, y brillaban intermitentes como jugando con nosotros. Las corríamos y las apresábamos en frascos que convertíamos en pequeños farolitos, con los que hacíamos dibujos en el aire.
También nos tirábamos en el jardín mirando las estrellas, tratando de descubrir las figuras de la vía láctea. Un viejo libro de mi padre nos guiaba, y reconocíamos algunas de ellas.
Lo primero que veíamos era el Lucero, que brillaba más que todos los astros, (era el planeta Venus). Las más fáciles de ver, eran las Tres Marías, que sabíamos era el cinturón de Orión, aunque a Orión nunca lo pudimos “armar” en el cielo. Observábamos fácilmente la Cruz del Sur, una constelación muy pequeña que identificaba nuestro hemisferio y habíamos leído que con ella se orientaban en el pasado los navegantes. La luna, ejercía una atracción especial, con sus distintas fases, que cambiaban al pasar de los días… El cielo nocturno con todo su misterio, nos fascinaba.
Recuerdo el día en que conocimos la noticia de que los rusos habían enviado el Sputnik - el primer satélite - al espacio. Parecía irreal que toda la fantasía que envolvía el mundo interplanetario, se concretara finalmente. Más aún cuando a los pocos meses un nuevo satélite llevaba como tripulante a Laika, una perrita. Con los chicos nos acostábamos en el pasto mirando el cielo, en silencio, siempre a la misma hora, para ver pasar ese punto minúsculo que se movía allá arriba, sin saber que estábamos viviendo el nacimiento de la era espacial, y que unos pocos años después, dos hombres caminarían a los tumbos sobre la superficie de la luna.
GRACIELA SÁEZ
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