ACTUALIDAD
20 de agosto de 2026
El campo suma empleo, pero crece la concentración y desaparecen pequeños productores
El agro es uno de los sectores que más resistió durante el gobierno de Javier Milei y logró aumentar el empleo registrado. Sin embargo, la cantidad de empresas empleadoras cayó y especialistas advierten por una mayor concentración y precarización laboral.
El agro aparece como uno de los pocos sectores de la economía argentina que logró mostrar señales de crecimiento durante el gobierno de Javier Milei. Los datos oficiales reflejan un incremento del empleo registrado, pero detrás de esa mejora existe una dinámica que genera preocupación entre especialistas y organizaciones del sector: cada vez son menos las empresas que emplean trabajadores y los pequeños productores enfrentan mayores dificultades para sostenerse.
La situación contrasta con la evolución de otras actividades que históricamente tienen un peso central en la generación de puestos de trabajo. La industria, el comercio y la construcción continúan por debajo de los niveles que registraban en noviembre de 2023, mientras que la recuperación de la actividad económica se concentra principalmente en sectores como la energía, la minería, la intermediación financiera, la pesca y el agro.
Sin embargo, incluso dentro del campo la evolución es desigual. Mientras determinados segmentos vinculados con la producción agroindustrial consiguen expandirse, una parte de los productores más pequeños afronta un escenario marcado por el dólar barato, una inflación todavía elevada, el incremento de las importaciones de alimentos y una demanda interna debilitada.
Los datos sobre empleo registrado muestran una de las caras de este proceso. De acuerdo con cifras de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo procesadas por el Centro de Economía Política Argentina, en mayo de 2026 había aproximadamente 22.500 trabajadores registrados más que en noviembre de 2023 en el conjunto de actividades de agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca. Menos de 500 de esos nuevos puestos correspondían al sector pesquero.
El crecimiento del empleo formal, sin embargo, no tuvo un correlato en la cantidad de empresas empleadoras. Según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo analizados por la consultora Politikon Chaco, en mayo de 2026 había un 4,6 por ciento menos de empresas empleadoras del sector agropecuario que en noviembre de 2023. La caída representa 2.421 empleadores menos.
La reducción forma parte de una tendencia más amplia que atraviesa a la economía argentina. El monitor de empresas de Fundar registró 30.633 empleadores menos desde la llegada de Milei al Gobierno. Lo que genera particular preocupación en el caso del agro es que la pérdida de empresas se produzca precisamente en una de las actividades que logró sostener un comportamiento expansivo durante el período.
Para especialistas y representantes de los productores, una de las principales explicaciones se encuentra en el avance de la concentración productiva. El crecimiento de determinadas ramas no necesariamente significa que haya más actores participando del negocio, sino que puede implicar que una cantidad menor de empresas concentre una porción cada vez mayor de la producción.
"Hay una fuerte concentración. Hay sectores en los que ves crecimiento, pero a costa de la pérdida de actores. Por ejemplo, el sector porcino todo los años crece en faena, pero todos los años caen cada vez más productores", advirtió el economista Fernando Rizza, del Centro de Estudios Agrarios. El especialista señaló que una dinámica similar puede observarse en actividades como la producción de leche y yerba mate.
La Federación Agraria Argentina, organización que representa principalmente a pequeños y medianos productores, también vinculó la reducción de empresas empleadoras con una mayor concentración del sector. Su vicepresidente, José Luis Volando, sostuvo que la caída en la cantidad de empleadores "es un claro índice de concentración".
Rizza, en tanto, ubicó parte de las causas en el escenario macroeconómico. Según explicó, la situación "tiene que ver con la caída del poder adquisitivo, el aumento indiscriminado de las importaciones y la competencia desleal". Estos factores impactan con mayor intensidad sobre los productores que cuentan con una menor escala y tienen menos margen para absorber el incremento de costos o enfrentar períodos de baja rentabilidad.
A la concentración empresarial se suma otra dimensión del problema: la evolución del trabajo no registrado. El aumento de los puestos formales convive con una reducción de la cantidad de empleadores y con la posibilidad de que una parte de las relaciones laborales quede fuera de los registros oficiales.
La medición de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo no permite conocer con precisión la totalidad de esta problemática. El organismo registra a los empleadores que tienen al menos un trabajador en relación de dependencia por el cual se realizan aportes. Por ese motivo, una disminución de la cantidad de empleadores no necesariamente implica que todas esas empresas hayan cerrado o quebrado.
Desde la Federación Agraria Argentina explicaron que la reducción también puede responder a situaciones en las que dejaron de realizarse aportes o a una recategorización de determinadas actividades bajo el régimen de monotributo. En consecuencia, la caída del número de empleadores debe analizarse junto con otros indicadores para determinar cuánto corresponde efectivamente al cierre de establecimientos y cuánto responde a cambios en la modalidad de contratación.
Volando también señaló otros posibles factores detrás de la reducción. Entre ellos mencionó "que se haya dejado de pagar los aportes" y que "la ley sacó las penalizaciones por el empleado en negro en caso de juicio", en referencia a modificaciones introducidas por la Ley Bases. De todos modos, remarcó que el principal problema continúa siendo la crisis que atraviesan determinadas actividades del sector, particularmente aquellas en las que predominan los pequeños productores.
La combinación de estos datos permite observar una transformación más compleja que la que surge de mirar únicamente la evolución del empleo registrado. El agro consiguió generar nuevos puestos formales durante el período, pero al mismo tiempo perdió empresas empleadoras. En otras palabras, el crecimiento del empleo no necesariamente se tradujo en una mayor cantidad de productores y empresas capaces de sostener la actividad.
Para Rizza, una posible explicación de esta aparente contradicción se encuentra en la diferencia entre la agroindustria y las actividades primarias. Mientras la primera habría concentrado buena parte de la creación de puestos formales, las economías regionales y otros segmentos de la producción primaria serían los principales afectados por la reducción del número de empleadores.
El resultado es un escenario en el que el campo puede exhibir cifras positivas en materia de empleo registrado y, al mismo tiempo, atravesar un proceso de concentración productiva. La expansión de algunos segmentos convive así con la desaparición o el debilitamiento de pequeños actores, una situación que también genera interrogantes sobre las condiciones laborales y la estructura futura del sector agropecuario argentino.
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