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19 de agosto de 2026
Milei no consigue los votos y frena su plan para eliminar las PASO
La Casa Rosada postergó el debate ante la falta de respaldo de gobernadores y bloques aliados. El Gobierno buscaba avanzar con la reforma electoral, pero la resistencia opositora y las internas provinciales dejaron al oficialismo sin los apoyos necesarios.
El Gobierno de Javier Milei volvió a encontrarse con un límite político en el Congreso: no consiguió los votos necesarios para eliminar o suspender las PASO y decidió sacar el proyecto de la agenda parlamentaria inmediata. La iniciativa, que el oficialismo pretendía convertir en una demostración de fuerza y en una pieza clave de su estrategia electoral hacia 2027, quedó nuevamente postergada.
La Casa Rosada había intentado instalar que la reforma electoral podía avanzar en septiembre, en un momento en el que el Gobierno buscaba recuperar la iniciativa política. Sin embargo, el sondeo realizado entre los gobernadores mostró que los apoyos no estaban garantizados y que las demandas de las provincias se acumularon sobre la mesa de negociación.
El resultado representa un nuevo revés para Milei: el oficialismo no logró transformar su capacidad de presión política en los votos necesarios para aprobar una reforma que considera estratégica.
La mesa política del Gobierno se reunió este martes y definió la agenda legislativa para las próximas semanas. La eliminación de las PASO dejó de ocupar un lugar prioritario y, por ahora, en Balcarce 50 evalúan trasladar la discusión hacia una fecha más cercana a diciembre.
El cambio de estrategia también refleja las diferencias dentro del propio oficialismo. Mientras algunos sectores vinculados a Karina Milei y a los hermanos Martín y Eduardo "Lule" Menem consideran que no hay necesidad de apurar el tratamiento y buscan esperar a que los gobernadores lleguen con menor capacidad de negociación, otros funcionarios entienden que el Gobierno necesita cerrar acuerdos cuanto antes.
Entre estos últimos aparecen el ministro de Economía, Luis "Toto" Caputo, y el asesor presidencial Santiago Caputo, quienes consideran fundamental garantizar apoyos parlamentarios para las próximas reformas. En ese sector también existe preocupación por el escenario económico y electoral que podría enfrentar el Gobierno durante el próximo año.
La negociación con los gobernadores se complicó, además, porque el oficialismo pretende avanzar simultáneamente con otros temas sensibles, entre ellos modificaciones vinculadas con la Carta Orgánica del Banco Central, el Régimen de Zonas Frías y el Presupuesto 2027.
"No se le puede pedir tanto a los gobernadores sin darles nada", admiten incluso sectores cercanos al oficialismo. La frase sintetiza el problema que enfrenta la Casa Rosada: necesita los votos de gobernadores y bloques provinciales, pero al mismo tiempo pretende que esos mismos sectores acompañen una agenda que implica costos políticos en sus distritos.
En Diputados, el Gobierno necesita sumar voluntades de la UCR, el PRO y distintos bloques provinciales. El problema es que esos espacios también comenzaron a endurecer sus posiciones y a utilizar su capacidad parlamentaria como herramienta de negociación.
El macrismo, de hecho, ya dejó una señal clara. El senador Martín Goerling Lara sostuvo que en la última reunión partidaria se acordó mantener las PASO, una posición que complica todavía más la estrategia oficialista.
El peronismo se planta y busca bloquear el proyecto
Mientras el Gobierno pierde impulso, el peronismo comenzó a coordinar una estrategia para impedir que las primarias sean eliminadas o suspendidas.
La reunión de dirigentes peronistas realizada en el Hotel Emperador terminó con un mensaje común: rechazar cualquier iniciativa que permita al Gobierno eliminar las PASO y trabajar sobre los gobernadores que mantienen vínculos parlamentarios con la Casa Rosada.
La estrategia apunta especialmente a los mandatarios provinciales que suelen negociar con Milei. El objetivo es evitar que esos gobernadores aporten los votos que el oficialismo necesita para aprobar la reforma.
La disputa también generó movimientos dentro de los bloques del Congreso. La fractura del espacio misionero de Hugo Passalacqua y Carlos Rovira tuvo su correlato parlamentario, mientras que en Diputados se desarmó Innovación Federal y los legisladores vinculados a distintos gobernadores comenzaron a reorganizarse.
El movimiento es significativo porque esos bloques fueron fundamentales para que el Gobierno pudiera aprobar algunas de sus iniciativas más controvertidas.
Ahora, esos mismos legisladores se convierten en piezas decisivas para determinar si Milei puede avanzar con su reforma electoral.
Una derrota política que el Gobierno intenta disimular
La suspensión del proyecto no implica que las PASO estén definitivamente a salvo ni que el oficialismo haya renunciado a eliminarlas. La estrategia de la Casa Rosada parece ser otra: esperar, negociar y volver a intentar cuando considere que tiene mejores condiciones políticas.
Pero el episodio deja en evidencia una debilidad que el Gobierno procura evitar mostrar: Milei puede imponer su agenda discursivamente, pero necesita construir mayorías para convertirla en ley.
La intención de eliminar las primarias estaba vinculada además con el escenario electoral de 2027 y con la posibilidad de facilitar el camino para una eventual reelección presidencial. Por eso, la postergación tiene una dimensión que excede el calendario parlamentario.
La Casa Rosada pretendía exhibir una victoria política y avanzar sobre una herramienta electoral que durante años fue utilizada por distintas fuerzas para definir candidaturas. En cambio, terminó chocando con gobernadores que reclaman recursos y acuerdos, bloques aliados que comenzaron a marcar límites y un peronismo que encontró en la defensa de las PASO un punto de unidad.
Por ahora, el proyecto quedó congelado y Milei deberá esperar. La discusión podría reaparecer cerca de fin de año, cuando el oficialismo vuelva a negociar el Presupuesto y necesite nuevamente los votos de los gobernadores.
El Gobierno llegó al Congreso convencido de que podía acelerar la reforma electoral. La falta de votos lo obligó a levantar el pie del acelerador.
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