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19 de agosto de 2026

Histórico desplome del consumo de carne: cayó 12% y ya ronda mínimos históricos

Por: Carlos Rodriguez

El consumo de carne vacuna se derrumbó en los primeros siete meses del año. Los salarios quedaron muy por detrás de los precios y cada vez más familias deben reducir su compra o reemplazarla por opciones más económicas.

El consumo de carne vacuna atraviesa uno de sus peores momentos de las últimas décadas. Entre enero y julio cayó 12% interanual y el mercado interno recibió 163.400 toneladas menos que durante el mismo período de 2025. El dato expone el deterioro del poder adquisitivo y el cambio en los hábitos alimentarios de los hogares argentinos.

De acuerdo con el último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (CICCRA), el consumo por habitante también profundizó su retroceso. El promedio móvil de los últimos doce meses se ubicó en julio en 46,3 kilos anuales por persona, 4,8 kilos menos que un año atrás y una caída interanual del 9,4%.

La cifra adquiere mayor relevancia cuando se la compara con períodos anteriores. El consumo actual se encuentra casi 20 kilos por debajo de los niveles registrados durante la crisis de 2001, cuando la Argentina atravesaba una de las peores debacles económicas de su historia.

El retroceso del mercado interno se produjo, además, en un contexto de menor producción. Durante los primeros siete meses de 2026 se produjeron 1,689 millones de toneladas res con hueso, un 6,8% menos que en igual período del año pasado.

Pero mientras la cantidad de carne destinada al mercado doméstico se redujo, las exportaciones avanzaron. Entre enero y julio se enviaron al exterior 487.200 toneladas res con hueso, un 8,8% más que durante el mismo período de 2025.

La diferencia refleja una transformación en la dinámica del sector: cerca de 40.000 toneladas adicionales fueron destinadas al mercado externo mientras el consumo interno se contrajo. Durante el primer semestre, además, la industria frigorífica exportó 280.100 toneladas peso producto, un 11,1% más interanual.

La facturación por esas ventas alcanzó los 2.167,75 millones de dólares, un récord para el período y un incremento del 45,9% respecto del primer semestre del año anterior.

El contraste entre ambos mercados se vuelve todavía más evidente cuando se observan los precios. Aunque durante julio algunos cortes registraron bajas o aumentos moderados, la carne vacuna acumuló fuertes incrementos durante el último año.

Según los datos citados en el informe, los cortes vacunos aumentaron 52% interanual, mientras que el pollo entero subió 22,9%. De esta manera, la carne vacuna registró un incremento relativo del 23,7% frente a la carne aviar.

Entre los principales cortes, el cuadril aumentó 53,6% entre julio de 2025 y julio de 2026; la carne picada común, 53,5%; el asado, 52,1%; la paleta, 51,2%; y la nalga, 49,2%. Las hamburguesas congeladas incluso registraron una suba del 60,7%.

El comportamiento de los precios durante julio fue más heterogéneo. En el Área Metropolitana de Buenos Aires, los mayores incrementos mensuales correspondieron al osobuco, con 2%; la falda y la paleta, con 1,2% cada uno; y la cuadrada, con 1,1%.

En cambio, algunos de los cortes más caros registraron bajas: el vacío cayó 3,9%, el matambre 2,5% y la nalga 2%.

En Rosario, la falda aumentó 3,1%, el osobuco 2,8% y la picada común 1,8%. En Córdoba, las principales subas correspondieron al roast beef, con 1,8%; el lomo, con 1,4%; y la falda, con 1,1%.

El problema de fondo, sin embargo, no está solamente en la evolución mensual de los precios, sino en la distancia acumulada entre los ingresos y el costo de los alimentos. Mientras los salarios registraron una suba interanual del 35,9% en mayo, los cortes vacunos acumularon aumentos superiores al 50%.

Ese desfasaje obliga a las familias a modificar sus decisiones de consumo. Para muchos hogares, la carne vacuna dejó de ser un alimento habitual y pasó a convertirse en un producto que se compra con menor frecuencia, en cantidades más pequeñas o solamente cuando aparece alguna oferta.

El fenómeno también genera un cambio en la composición de la dieta. El pollo, los cortes más económicos y otras alternativas ganan espacio frente a una carne vacuna que históricamente ocupó un lugar central en la mesa argentina.

Así, detrás de la caída del 12% en el consumo aparece algo más profundo que una estadística sectorial: el deterioro de la capacidad de compra de los hogares. Mientras la industria frigorífica encuentra oportunidades en el mercado internacional y las exportaciones alcanzan niveles récord de facturación, el mercado interno pierde consumidores.

La carne, durante décadas uno de los alimentos más representativos del consumo argentino, se aleja cada vez más de las mesas de muchas familias. Y los 46,3 kilos por habitante registrados en el último año son una señal contundente de hasta dónde llegó el ajuste sobre el consumo.

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