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16 de octubre de 2026

El gigante indefenso que sostiene el petrodólar

Gasta 83.000 millones de dólares al año en defensa, pero los ataques hutíes y proiraníes exponen su vulnerabilidad. La ruptura de la tregua tras el bombardeo del aeropuerto de Saná desencadenó una ofensiva que tiene a Riad bajo fuego.

El 11 de octubre, un misil hutí alcanzó el aeropuerto internacional King Khalid en Riad, causando 13 muertos y más de 300 heridos. El sistema de defensa aérea saudí, que combina baterías Patriot, sistemas THAAD, cazas F-15 y Eurofighter Typhoon, no pudo impedir el impacto. Arabia Saudita gasta 83.000 millones de dólares al año en defensa, el 6,5% de su PIB. La paradoja es que gasta más que nunca y se siente más vulnerable que nunca.

El origen inmediato de la ofensiva hutí no fue la guerra con Irán. Fue un incidente ocurrido el 13 de julio de 2026 en el aeropuerto de Saná. Fuerzas yemeníes respaldadas por Riad bombardearon la pista para impedir el aterrizaje de un avión iraní que transportaba a una delegación hutí de alto nivel, que regresaba de Teherán tras asistir a los funerales del líder supremo Alí Jamenei, asesinado el 28 de febrero.

Los hutíes responsabilizaron a Arabia Saudita y declararon el fin de la "fase de desescalada". "No quedará sin respuesta ni castigo", advirtió el portavoz militar Yahya Saree. Horas después, lanzaron una salva de misiles contra el aeropuerto de Abha. La tregua había terminado.

El resultado es una guerra de desgaste que Arabia Saudita no puede ganar. Los hutíes combinan drones baratos, misiles de crucero y balísticos en ataques de "saturación por capas" que abruman los sistemas de defensa. Cada interceptor lanzado cuesta millones; cada misil hutí cuesta miles.

"Incluso un sistema en capas que combine Patriot, THAAD, aviones de combate y otros sensores no puede crear una cúpula impermeable sobre un país del tamaño de Arabia Saudita", resume la empresa de riesgo MENA Analytica. El territorio abarca 2,2 millones de kilómetros cuadrados. Hay que proteger Riad, los aeropuertos, las instalaciones petroleras, las bases militares, las ciudades santas de La Meca y Medina.

El Wall Street Journal reportó que el reino se está quedando sin misiles interceptores. Las baterías se mueven constantemente entre palacios, aeropuertos y campos petroleros. El príncipe heredero Mohammed bin Salman, según el mismo medio, se desplaza entre palacios fuertemente custodiados con búnkeres.

El frente norte agrava la situación. El 10 de septiembre, drones lanzados desde la provincia iraquí de Maysan alcanzaron el oleoducto Este-Oeste, la ruta alternativa que permite exportar crudo sin pasar por el estrecho de Ormuz. El oleoducto transporta 5 millones de barriles diarios y permaneció cerrado durante semanas.

Ante el cerco, Riad firmó el 7 de agosto el Acuerdo Conjunto de Defensa de La Meca con Pakistán y Turquía. El pacto establece que un ataque armado contra cualquiera de los tres países será considerado un ataque contra todos. Pakistán es la única potencia nuclear del mundo musulmán: su arsenal, estimado en 170 ojivas, es el principal activo de la alianza. Pero la disuasión nuclear no funciona contra milicias.

Israel intentó aprovechar la crisis. Según Haaretz, Netanyahu buscó, con mediación de Estados Unidos, que Arabia Saudita aceptara la intervención israelí contra los hutíes. Bin Salman rechazó la oferta. Consideró la ayuda "fuera de discusión" por temor a la reacción de la calle árabe. La monarquía se sostiene, en parte, sobre su papel como guardiana de los lugares santos del islam.

El petrodólar, el pacto fundacional de su seguridad desde 1974, se agrieta. Arabia Saudita exporta cuatro veces más petróleo a China que a Estados Unidos y explora alternativas de pago en yuanes y monedas digitales. Bill Dudley, expresidente de la Reserva Federal de Nueva York, advirtió que el petrodólar "está en peligro".

El proyecto estrella de Bin Salman, Vision 2030, que busca transformar el reino en un centro financiero y turístico, depende de la atracción de inversión extranjera. Los ataques a los aeropuertos golpean directamente esa estrategia. "El aeropuerto importa enormemente", dijo el analista Andreas Krieg a AFP. "Los hutíes lo entienden".

Arabia Saudita vive bajo una espada de Damocles. La inversión militar más alta del mundo árabe no ha impedido que un grupo insurgente ataque su aeropuerto más importante, que milicias desde Irak cierren su principal oleoducto alternativo y que Irán bloquee el estrecho del que depende su economía. La pregunta no es si puede defenderse. La pregunta es si puede sostener su modelo de seguridad y su modelo de desarrollo al mismo tiempo. La respuesta, a la luz de los ataques de octubre, parece ser no.

Por Sandra Sosa.

Lee la nota completa ingresando en https://contrapunto-sandra-sosa.blogspot.com/2026/10/espada-damocles-arabia-saudita-gigante-indefenso.html

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