GEOPOLíTICA
13 de octubre de 2026
Rubio invocó a Grecia y Ghalibaf le respondió con Valeriano
El secretario de Estado pronunció un discurso en la colina Pnyx de Atenas para justificar "America First". El presidente del Parlamento iraní le recordó la humillación del emperador romano capturado por Persia en el año 260.
El 7 de octubre de 2026, Marco Rubio pronunció un discurso en la colina Pnyx de Atenas, con la Acrópolis de fondo, para presentar a Estados Unidos como heredero de la civilización griega. Dos días después, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, le respondió con una advertencia histórica que equiparaba a Washington con el Imperio Romano y a Irán con la Persia que lo humilló.
El lugar no era casual. La Pnyx es donde se reunía la asamblea popular de la antigua Atenas. Rubio afirmó que "Grecia está literalmente tallada en la arquitectura de nuestro gobierno" y rescató el concepto de thumos —el fuego, el coraje, el orgullo— para reivindicar una política exterior sin disculpas.
"A lo largo de la historia, los iraníes nos hemos enfrentado a quienes se declararon amos del universo y buscaron borrar civilizaciones antiguas. Vinieron con fuego y llama, solo para marcharse en polvo y vergüenza", escribió Ghalibaf en X el 9 de octubre.
El golpe maestro fue la referencia histórica. Ghalibaf advirtió: "Quienes persiguen el legado de Alejandro correrán la suerte de Valeriano: os arrodillaréis". Valeriano fue el emperador romano capturado por el rey persa Sapor I en el año 260 d.C., durante la batalla de Edesa. Según las fuentes, murió prisionero tras un cautiverio penoso.
"Existe una flagrante contradicción en el reciente discurso de Rubio. Mientras que en la antigua Grecia se glorificaba la resistencia 'hasta el último hombre', la resistencia de la gran nación iraní se menosprecia como 'culto a la muerte'", escribió Ali Akbar Velayati, asesor del Líder Supremo.
Velayati añadió: "Glorificar la resistencia para 'gente como usted' y menospreciarla para 'otros' no es civilización; es simplemente manipulación filosófica en aras de la hegemonía".
El portavoz de la Cancillería iraní, Esmaeil Baghaei, calificó el discurso como un "anacronismo" que mezcla "Grecia, Roma, Cristiandad, Europa, América y finalmente America First". Y señaló que Rubio omitió la crítica griega a la hybris, el orgullo desmedido que precede a la caída.
La precisión histórica tampoco favorece a Rubio. Afirmó que Plutarco fue el autor más citado en The Federalist Papers, pero el análisis señala que aparece mencionado solo tres veces, la misma cantidad que Montesquieu.
La confrontación ilustra una dinámica precisa. Rubio selecciona de la tradición griega lo que le sirve —el coraje, la resistencia— y descarta la advertencia sobre el exceso. Ghalibaf invoca a Valeriano para recordar que el imperio que se cree eterno ya fue humillado antes.
Los dos invocaron derrotas. Termópilas fue una derrota griega: los 300 espartanos murieron y el paso cayó. Valeriano fue una derrota romana: el emperador fue capturado y murió en cautiverio. La diferencia no está en el hecho, sino en el valor que cada uno le asigna.
Rubio convierte la derrota en gloria. Ghalibaf convierte la derrota en advertencia. Y ninguno hace lo que haría un historiador: completar el relato con lo que no conviene mencionar. La masacre de Melos, donde Atenas ejecutó a todos los varones adultos de una isla que se negó a someterse, es parte de la misma civilización que Rubio invoca.
Reflexión final: La historia es demasiado útil como herramienta de legitimación para dejarla en manos de los historiadores. ¿Podremos nosotros usar la historia para no cometer los errores del pasado? Los persas parece que aprendieron de las Termópilas y hoy lo aplican en Ormuz.
Por Sandra Sosa.
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