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18 de septiembre de 2026

El desempleo trepó al 7,9% y alcanzó su nivel más alto desde la pandemia

Por: Carlos Rodriguez

El mercado laboral volvió a deteriorarse durante el segundo trimestre de 2026: aumentó la desocupación, creció la informalidad y ganó terreno el cuentapropismo, mientras la creación de empleo no acompañó la mayor cantidad de personas que buscan trabajo.

El mercado laboral argentino volvió a mostrar señales de deterioro durante el segundo trimestre de 2026. Según los datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la tasa de desocupación alcanzó el 7,9% de la población económicamente activa, mientras que la informalidad registró un incremento interanual de un punto porcentual.

El resultado expone una de las principales dificultades de la economía durante el gobierno de Javier Milei: una mayor cantidad de personas se incorporó al mercado de trabajo en busca de empleo, pero ese aumento no se tradujo en una mejora estadísticamente significativa de la ocupación. Al mismo tiempo, creció la participación del trabajo por cuenta propia dentro del universo de trabajadores informales.

Durante el período analizado, la tasa de actividad llegó al 48,9%, lo que representa un incremento de 0,8 puntos porcentuales respecto del segundo trimestre de 2025. La tasa de empleo, en tanto, se ubicó en el 45%, mientras que la desocupación subió un punto porcentual interanual, una variación considerada estadísticamente significativa por el organismo estadístico.

La combinación de estos indicadores permite observar que el mercado laboral recibió a más personas que salieron a buscar una ocupación, pero no generó puestos de trabajo suficientes para absorber esa mayor demanda. De esta manera, la presión sobre el empleo no se limita al aumento de la desocupación, sino que también se refleja en las condiciones y características de los puestos disponibles.

La tasa de actividad representa la proporción de la población económicamente activa sobre el total de la población. La tasa de empleo, por su parte, mide el porcentaje de personas ocupadas, mientras que la tasa de desocupación considera a quienes no tienen trabajo, están disponibles para trabajar y buscan empleo activamente.

La lectura conjunta de estos datos resulta clave para comprender la evolución del mercado laboral. Aunque la actividad económica puede mostrar determinados niveles de crecimiento, eso no necesariamente implica una expansión equivalente del empleo formal ni una mejora de las condiciones laborales.

Uno de los aspectos más relevantes del informe es el avance de la informalidad. A partir de este trimestre, el INDEC comenzó a presentar información más detallada sobre la condición de formalidad de los trabajadores ocupados, diferenciando las actividades desarrolladas dentro del marco normativo de aquellas que se realizan al margen de las obligaciones laborales, tributarias, contables o previsionales correspondientes.

La informalidad aumentó un punto porcentual en términos interanuales, lo que evidencia que el problema del mercado de trabajo no se reduce a la posibilidad de conseguir un empleo. También resulta determinante el tipo de ocupación al que acceden las personas, el nivel de protección laboral que reciben y la estabilidad de sus ingresos.

Dentro del conjunto de trabajadores informales, el cuentapropismo ganó participación. La proporción de trabajadores por cuenta propia pasó del 34,3% al 37,3%, lo que representa un incremento de tres puntos porcentuales.

El crecimiento del trabajo independiente puede funcionar como una alternativa frente a la falta de oportunidades en empleos asalariados. Sin embargo, no implica necesariamente una mejora en las condiciones de trabajo, en los ingresos o en el acceso a derechos laborales y previsionales.

El dato adquiere mayor importancia si se observa la evolución registrada durante el primer trimestre de 2026. En ese período, la informalidad había alcanzado el 44,2%, con un aumento de 2,2 puntos porcentuales respecto del mismo trimestre del año anterior.

La persistencia de estos niveles muestra una transformación en la composición del empleo, con una mayor presencia de modalidades que no cuentan con las mismas garantías que un puesto registrado. La situación también puede relacionarse con la pérdida de dinamismo de sectores que concentran una parte significativa del empleo asalariado, como la industria, el comercio, la construcción y determinados servicios.

El deterioro no se distribuyó de manera uniforme en todo el territorio nacional. En los aglomerados del interior del país, la tasa de desocupación llegó al 7,6%, con un aumento interanual de 1,3 puntos porcentuales, considerado estadísticamente significativo. En esas zonas, la subocupación demandante alcanzó el 9,1%, con una suba de 0,9 puntos.

En el Gran Buenos Aires, la desocupación se ubicó en el 8,2%. Por regiones, los porcentajes registrados fueron del 5,9% en Cuyo, 7% en el Noreste, 4,3% en el Noroeste, 9,7% en la región Pampeana y 6,3% en la Patagonia.

La región Pampeana presentó la tasa de desempleo más elevada entre las áreas relevadas por la Encuesta Permanente de Hogares, seguida por el Gran Buenos Aires. El resultado adquiere relevancia debido al peso que tienen en esos territorios actividades vinculadas con la industria, el comercio, la construcción y los servicios, sectores estrechamente relacionados con el consumo y el mercado interno.

La diferencia también se observa al analizar el tamaño de los aglomerados urbanos. En las ciudades de 500.000 habitantes o más, la desocupación alcanzó el 8,3%, frente al 6% registrado en las localidades de menor tamaño.

La tasa de empleo fue del 45,4% en los grandes aglomerados, mientras que en las ciudades con menos de 500.000 habitantes se ubicó en el 43%. Esto muestra que los centros urbanos de mayor tamaño concentran una proporción más elevada de personas ocupadas, pero también enfrentan una presión mayor por la cantidad de trabajadores que buscan incorporarse al mercado laboral.

La tasa de actividad también presentó diferencias regionales. En la región Pampeana llegó al 50,1%, seguida por Cuyo, con el 49,5%; el Gran Buenos Aires, con el 49,3%; la Patagonia, con el 46%; el Noroeste, con el 45,7%; y el Noreste, con el 45,4%.

Estos porcentajes deben analizarse junto con la capacidad de cada región para generar puestos de trabajo. Una mayor tasa de actividad puede reflejar una mayor participación de la población en el mercado laboral, pero también puede traducirse en un aumento de la desocupación cuando la creación de empleo no alcanza para absorber a quienes buscan trabajo.

El crecimiento de la informalidad también tiene consecuencias sobre las cuentas públicas. Una mayor proporción de trabajadores que se desempeñan fuera del empleo registrado reduce la masa de aportes y contribuciones vinculados al sistema previsional y limita la recaudación asociada con el trabajo formal.

La situación adquiere una dimensión adicional en un esquema fiscal que depende, en buena medida, de los impuestos relacionados con el nivel de actividad y el consumo. Cuando se expande el empleo informal, el Estado no solo enfrenta dificultades para garantizar derechos laborales, sino que también puede ver restringida su capacidad de recaudar recursos provenientes de una economía formalizada.

Los datos del segundo trimestre de 2026 muestran, en definitiva, un mercado de trabajo sometido a una presión creciente. La mayor participación de la población en la búsqueda de empleo no estuvo acompañada por una mejora significativa de la ocupación, mientras la desocupación y la informalidad mantuvieron una tendencia preocupante.

El avance del cuentapropismo dentro del trabajo informal suma otro elemento al escenario laboral. En lugar de una recuperación sostenida del empleo registrado, los indicadores reflejan una mayor presencia de formas de trabajo con menor protección previsional y laboral, en un contexto donde el crecimiento de la actividad no parece traducirse de manera suficiente en mejores oportunidades para los trabajadores.

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