RINCóN LITERARIO
19 de julio de 2026
El Boli
¿Cuál es el límite de un hombre? ¿Cuánto de cuánto puede soportar? Este relato breve de Susana Gilardi narra un crimen , y en el fondo intenta responder a esa antigua pregunta.
El Boli
Como si fuera un rito el Boli afilaba la cuchilla en la pileta.
No debió pegarme de nuevo, no debió, se lo dije tantas veces, pero como si nada, el Chicho no escucha, se la pasa chupando en el bar”, rumiaba el Boli mientras iba preparando la cuchilla.
Calentó la pava y se cebó unos amargos; entre mate y mate, siguió con la tarea. Despacito pasaba la yema del dedo pulgar tanteando el filo hasta encontrarle el punto.
Buscó la vaina para protegerla y, molesto, no la podía encontrar en el despelote del local.
Mientras… pensaba: “claro, a él ¡qué le importa!, yo reventado, descuartizando reses, por cuatro pesos roñosos, que no alcanzan ni para ir de vez en cuando al bar y visitar a la Beba…”
Se secó el sudor con la manga de la camiseta y siguió dándose manija: “El Chicho, en el bar, trampeando a las cartas, después descorre la cortina del volteadero, donde la Beba se deja… Con todos los que pagan la Beba se deja”.
Se encaminó hacia una de las reses colgadas y comenzó a despostarla: “El muy turro ahora estará encima de la Beba y a mí que me parta un rayo; le pedí aumento y me dio una trompada. No debió golpearme de nuevo, no debió”.
El Boli terminó el trabajo. Sentado en el camastro de la minúscula piecita del fondo, empezaba a sacarse las zapatillas salpicadas de sangre para acostarse, cuando llegó el Chicho, y medio mamado le preguntó:
—Y, Boli ¿Te divertiste?
El Boli sacó la cuchilla de entre las cobijas… y encontró la vaina.
Susana Gilardi
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