RINCóN LITERARIO
9 de agosto de 2026
La muralla
En su novela Los desposeídos la escritora estadounidense Ursula K. Le Guin habla de la existencia de un muro, que como todos los muros, tenía dos caras: lo que estaba dentro y lo que estaba fuera dependía del lado en que estuvieras. En el texto que publicamos hoy, Graciela Sáez reflexiona, con brevedad y justeza, sobre los muros y lo que representan y determinan a lo largo de la historia humana.
La muralla
Desde muy atrás en el tiempo, el hombre ha marcado su territorio, para protegerse, diferenciarse o identificarse con sus iguales. Para ello creó fronteras, desde precarias empalizadas hasta muros de piedra o gigantescas murallas que, a lo largo de los siglos, fueron levantadas por los brazos de cientos de generaciones.
Pero el temor al enemigo o el prejuicio contra el diferente aísla a quienes las construyen. Fomentan la intolerancia y el odio. Impiden el conocimiento del otro, empobrecen el intercambio entre los seres humanos. No permiten entrar al que está afuera, ni salir al que permanece dentro de sus límites.
La historia nos muestra que muchos muros han caído, pero otros se han levantado, algunos tomando la forma de inmensos alambrados. Y en torno a ellos deambulan el hambre, la desolación y la muerte.
Las barreras pueden ser físicas, muy concretas, como la piedra o el acero que las define, pero también pueden ser mentales, y resultan tan peligrosas como las otras, ya que terminan por imponerse como verdades absolutas.
Las murallas más difíciles de trasponer son invisibles.
GRACIELA SÁEZ
COMPARTIR:
Notas Relacionadas
Comentarios
Aun no hay comentarios, sé el primero en escribir uno.
Seguinos