GEOPOLíTICA
22 de octubre de 2026
El Yalta del siglo XXI: Trump, Putin y Xi se reparten el mundo mientras Ucrania y Europa miran desde afuera
Una llamada del 9 de octubre, un buque tanque que zarpó semanas antes del anuncio oficial y una cumbre que se perfila en Shenzhen. El nuevo orden global se negocia entre tres potencias. Ucrania y Europa son la moneda de cambio.
En febrero de 1945, Roosevelt, Churchill y Stalin se reunieron en Yalta para repartirse el mundo de la posguerra. Ochenta y un años después, la historia parece rimar. La propuesta que Putin le hizo a Trump el 9 de octubre no es solo una cumbre para resolver Ucrania: es una "reedición de la Conferencia de Yalta" para "repartirse el mundo moderno en áreas de influencia", según analistas citados por El Mundo. El NY Post lo confirma: Putin busca una "repetición de la cumbre de Yalta" para "establecer esferas de influencia" entre Rusia, China y Estados Unidos.
El reparto que se negociaria en Shenzhen tendría tres ejes: Ucrania para Rusia, con un acuerdo de paz favorable a Moscú que excluye a Zelenski y a los líderes europeos; Medio Oriente para Estados Unidos, con la ayuda de Rusia para "salir del atolladero iraní"; y China como árbitro y socio económico, consagrada como "mediador diplomático global" sin pagar el costo político de haber promovido la cumbre.
El origen es una llamada telefónica del 9 de octubre. Según el Wall Street Journal, Putin propuso a Trump celebrar una cumbre tripartita entre Estados Unidos, Rusia y China el 18 y 19 de noviembre, aprovechando la APEC en Shenzhen. El Kremlin confirmó que "se están celebrando consultas", pero negó que haya "un consenso claro". Trump dijo que "se reunirá y hará cualquier cosa que pueda poner fin a la guerra", pero un alto funcionario aclaró que "todavía no ha aceptado formalmente". Mientras tanto, redobló la presión sobre Zelenski: lo acusó de "no querer terminar" la guerra y sugirió que "quizá sea hora de que busque a otra persona para negociar".
El acuerdo sobre el diésel ruso ya estaba en marcha antes del anuncio. El buque tanque MINERVA ZEN zarpó de San Petersburgo el 22 de septiembre con 280.000 barriles, semanas antes del anuncio oficial del 9 de octubre. Llegó a Wilmington, Carolina del Norte, menos de 24 horas después del anuncio. La licencia del Tesoro (OFAC) se emitió menos de 24 horas antes del anuncio público. Los analistas OSINT concluyeron que el barco "parece haber estado dirigiéndose todo el tiempo hacia la costa este de EE. UU.". El anuncio fue la confirmación formal de un acuerdo que ya operaba en la práctica.
Las posturas son dispares. Ucrania rechazó la iniciativa: "Una reunión trilateral entre los líderes de Rusia, China y Estados Unidos solo conseguiría lo contrario: animar a Putin a continuar esta guerra" (Andrii Sybiha). La UE respondió que "si Putin quisiera poner fin a esta guerra, podría hacerlo hoy mismo" (Christian Wigand). China se mantuvo cautelosa: Mao Ning dijo que "por ahora no tengo información que pueda proporcionar". Turquía, que ha mediado en Estambul, espera en la puerta: Erdogan reconoció que Zelenski y Putin "aún no están preparados" para una reunión decisiva.
El marco legal es el talón de Aquiles del Yalta. Según el derecho internacional (Convención de Viena, artículos 46, 52 y 53), un tratado de paz que se negocie sin Ucrania y que disponga la cesión de territorios sin su consentimiento y sin referéndum sería inválido y no vinculante para Kiev. La Constitución de Ucrania exige referéndum para cualquier cambio territorial.
El impacto económico también es significativo. El costo de la reconstrucción de Ucrania asciende a 588.000 millones de dólares (RDNA5, febrero de 2026). Ucrania ya arrastra una deuda superior a los 320.000 millones. Si Estados Unidos se retira y Europa queda fuera de la mesa, China —que ya es el mayor importador de bienes a Ucrania— podría llenar el vacío. La paradoja es amarga: el "América Primero" podría terminar produciendo un "China Primero" en Ucrania.
La historia no se repite, pero a veces rima. En 2026, el nuevo Yalta podría dividir el mundo. La diferencia es que esta vez Europa no está en la mesa: está en el menú.
Por Sandra Sosa.
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