GEOPOLíTICA
20 de octubre de 2026
La meritocracia fracturada y la respuesta de las cucarachas
Un examen de medicina filtrado, 13 suicidios y un movimiento juvenil que adoptó el insulto como bandera. La crisis de ascenso social en India ya no se puede contener con represión.
El 3 de mayo, 2.279.743 candidatos se registraron para el NEET-UG, la única puerta de entrada a las facultades de medicina en India. El 12 de mayo, el gobierno canceló los resultados tras confirmar una filtración masiva. Las respuestas se vendían por entre 2.000 y 20.000 dólares a través de Telegram y WhatsApp. Al menos 13 estudiantes se suicidaron en las semanas posteriores.
La indignación derivó en el Cockroach Janta Party (CJP), un movimiento que nació como sátira en redes sociales. El nombre era una provocación: el presidente del Tribunal Supremo que había llamado "cucarachas" a los jóvenes desempleados que no encajaban en ningún sitio. El movimiento adoptó el insulto como bandera. En julio, decenas de miles de estudiantes marcharon hacia el Parlamento en Nueva Delhi. La policía desplegó a más de 25.000 efectivos, cerró 45 estaciones de metro y cortó el internet móvil. El fundador del CJP, Abhijeet Dipke, fue detenido al aterrizar en Delhi.
A pesar de la represión, la presión fue irresistible. El 25 de julio, el ministro de Educación, Dharmendra Pradhan, renunció. El CJP declaró una "victoria política" y levantó las protestas, tras obtener garantías de que se retirarían las causas penales contra los manifestantes.
Pero el fraude no fue la causa del malestar: fue la chispa. El trasfondo es una crisis estructural. La tasa de desempleo juvenil se sitúa en el 9,9%, más del triple que la tasa general. El desempleo de graduados alcanza el 29,1%, nueve veces superior al de los trabajadores sin estudios. India produce más de 8 millones de graduados al año, pero la economía no tiene capacidad para absorberlos en empleos formales de calidad. Las familias de clase media se endeudan y venden propiedades para costear los centros de preparación que se han vuelto indispensables para aprobar exámenes como el NEET.
La fractura de la meritocracia no es un fenómeno aislado. Converge con protestas agrarias por el Precio Mínimo de Apoyo, un levantamiento tribal en Maharashtra —donde 584 estudiantes han muerto en escuelas residenciales en dos años— y el conflicto étnico en Manipur, que desde 2023 ha dejado más de 300 muertos y que en 2026 se extendió a un nuevo frente entre Kukis y Nagas. A esto se suma la Revisión Intensiva Especial del censo electoral, que ha eliminado 130 millones de nombres de los padrones.
La respuesta del gobierno de Modi ha sido la represión y la concesión táctica. Renunció un ministro, se prometieron reformas, se desplegaron miles de efectivos. Pero las causas profundas —la falta de empleo, la desigualdad, la negligencia hacia los márgenes— permanecen intactas.
La meritocracia no es solo un mecanismo de selección. Es una promesa de justicia. Cuando esa promesa se rompe, no se rompe solo un examen: se rompe el vínculo entre el ciudadano y el Estado. India enfrenta hoy una crisis de legitimidad que no se resolverá con más represión ni con renuncias tácticas. Se resolverá, tal vez, reconstruyendo el contrato social que un día hizo creer a millones de jóvenes que su esfuerzo valía la pena.
Las cucarachas, como las llamó el Tribunal Supremo, ya no se esconden. Salen a la calle, se organizan y ganan. La pregunta no es si Modi puede contenerlas. Es si su modelo de gobernanza puede ofrecerles algo más que un ministro renunciado.
Por Sandra Sosa.
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