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10 de octubre de 2026

El avance evangélico en Brasil y la tutela hemisférica

Los evangélicos pasaron del 5% al 27% del electorado brasileño en cuatro décadas. Detrás de ese crecimiento hay una estrategia documentada: los Documentos de Santa Fe y el financiamiento de USAID. El Escudo de las Américas profundiza ese marco.

Cuando los evangélicos brasileños pasaron del 5% al 27% del electorado en cuatro décadas, no fue solo un fenómeno religioso. Fue el resultado de una estrategia documentada que comienza con el Informe Rockefeller de 1969, se consolida con los Documentos de Santa Fe de los años 80 y se financia con agencias de cooperación como la USAID.

En 1910, apenas el 1% de la población latinoamericana era evangélica. En 2024, esa cifra alcanzó el 25%. En Brasil, los evangélicos representan el 26,9% de la población, según el IBGE, y cerca del 27% del padrón electoral. En Guatemala, el 45%. El fenómeno se remonta a los años 60, cuando Estados Unidos buscó contrarrestar los efectos de la Teología de la Liberación promoviendo la expansión de iglesias evangélicas.

El Documento de Santa Fe I, dirigido a Ronald Reagan en mayo de 1980, pedía por primera vez incluir a la teología en la estrategia política. Estos documentos se convirtieron "de facto en la base de la doctrina ético-religiosa de la administración Reagan para el continente latinoamericano". En 1981 se creó el Instituto de Democracia y Religión, encargado de "financiar iglesias evangélicas y sectores conservadores de la Iglesia católica".

El sionismo cristiano articula una "tríada estratégica" entre actores evangélicos, comunidad judía y diplomacia israelí. En Guatemala, al menos 36 de los 340 municipios tienen calles rebautizadas como "Jerusalén, Capital de Israel". La articulación entre parlamentarios evangélicos, personal de la Embajada de Israel y líderes de la comunidad judía naturaliza una amistad incondicional.

La investigadora Magali Cunha, del ISER, lo dice con claridad: "No existe 'voto evangélico'". Los evangélicos son "una red formada por hilos variados", y tratarlos como un bloque homogéneo es "un gran equívoco, cuando no mala fe oportunista".

Los datos la respaldan. Según la encuesta del ISER en alianza con Quaest, el 83% de los entrevistados rechaza la indicación de voto por parte de pastores y sacerdotes, y el 82% rechaza la discusión política durante los cultos. Entre los pentecostales, el 81% está en contra de discutir política en la iglesia, el 87% rechaza campañas en el templo, y solo el 23% dice que su líder religioso recomendó votar por Bolsonaro en 2022.

Eso no significa que la militancia bolsonarista en el pastorado no exista. Existe y está documentada. Significa que la relación de causalidad no es lineal. Hay una afinidad ideológica preexistente entre parte del electorado evangélico y el bolsonarismo, y los pastores militantes amplifican, organizan y le dan lenguaje religioso a esa afinidad. No la crean de la nada.

La Agencia Brasileña de Inteligencia elaboró un informe confidencial titulado "Amenazas al proceso electoral 2026" en el que señaló que la posibilidad de interferencia estadounidense alcanzó un "nivel crítico". El documento fue enviado a la presidencia, al Ministerio de Justicia y al Tribunal Superior Electoral.

La fe como infraestructura es una herramienta de poder. Pero también es un espacio de disputa. La pregunta que queda no es si hubo injerencia —la hay, y está documentada—. La pregunta es cómo se articula esa injerencia con la agencia de millones de personas que votan, disienten y reelaboran lo que escuchan en el púlpito.

Por Sandra Sosa.

Lee la nota completa ingresando en https://contrapunto-sandra-sosa.blogspot.com/2026/10/fe-infraestructura-avance-evangelico-brasil-escudo-americas.html

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