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26 de agosto de 2026

Yemen: el país que parece secundario, pero puede alterar el comercio mundial

Por: Carlos Rodriguez

Sin contar con las enormes reservas petroleras de sus vecinos, Yemen ocupa una posición geográfica capaz de convertir cualquier conflicto en un problema internacional. El estrecho de Bab el Mandeb, sus costas y sus islas lo transforman en una pieza clave de las rutas comerciales y energéticas.

Yemen suele aparecer en las noticias asociado a guerras, conflictos internos y tensiones entre las principales potencias de Oriente Medio. Sin embargo, detrás de esa imagen de país periférico existe un factor que explica buena parte de su importancia internacional: su ubicación.

El país se encuentra frente a algunas de las rutas marítimas más importantes del planeta y controla, al menos geográficamente, uno de los accesos al mar Rojo. Esa posición le permite tener una influencia que supera ampliamente su peso económico y militar.

Uno de los puntos centrales es el estrecho de Bab el Mandeb, ubicado entre Yemen y el Cuerno de África, entre Yibuti y Eritrea. Con una anchura aproximada de 30 kilómetros, funciona como una puerta de entrada entre el mar Rojo y el golfo de Adén y conecta las rutas marítimas que atraviesan el océano Índico con el canal de Suez.

Por ese corredor circulan miles de embarcaciones cada año y una parte significativa del comercio mundial. También es una ruta relevante para el transporte de hidrocarburos. Por eso, cualquier conflicto que amenace la navegación puede provocar un aumento de los costos de transporte, seguros y energía y terminar repercutiendo en mercados situados a miles de kilómetros de Yemen.

La importancia del país no se limita, sin embargo, al estrecho. Yemen cuenta con unos 1.900 kilómetros de costas sobre el mar Rojo, el golfo de Adén y el mar Arábigo. Esa extensa fachada marítima le otorga una posición privilegiada frente a las rutas que comunican Europa, Asia y África.

En ese contexto, el control o la capacidad de amenazar el tránsito marítimo se convierte en una herramienta de presión internacional. La experiencia reciente demostró que un conflicto localizado en Yemen puede tener consecuencias sobre empresas navieras, cadenas de suministro y precios internacionales.

Yemen también tiene un peso demográfico considerable. Con una superficie superior a los 500.000 kilómetros cuadrados, es uno de los países más poblados de la península arábiga. Su población ronda los 40 millones de habitantes, aunque las dificultades provocadas por años de guerra y la falta de información estadística actualizada dificultan establecer una cifra exacta.

Ese dato adquiere mayor relevancia cuando se lo compara con sus vecinos. Arabia Saudita posee una población menor, pese a contar con un territorio y unos recursos económicos muy superiores. Yemen, por lo tanto, combina una población numerosa con una posición geográfica excepcional, aunque su economía se encuentre muy lejos de la de las grandes potencias de la región.

A diferencia de Arabia Saudita y otros países del Golfo, Yemen tampoco dispone de enormes reservas de petróleo que expliquen por sí mismas su relevancia. Sus recursos energéticos son considerablemente más limitados. De hecho, buena parte de las disputas históricas con Arabia Saudita estuvieron vinculadas también a cuestiones territoriales y a zonas próximas a áreas con recursos petroleros que quedaron del lado saudita.

El otro elemento decisivo son sus islas. Entre ellas se encuentran Perim, situada directamente en el estrecho de Bab el Mandeb, y el archipiélago de Socotra, ubicado entre el golfo de Adén y el océano Índico.

Socotra ocupa una posición especialmente sensible. Su localización permite observar las rutas marítimas que conectan el mar Rojo con el océano Índico y la convierte en un punto de interés para las potencias que buscan ampliar su capacidad de vigilancia y presencia militar en la zona.

Los Emiratos Árabes Unidos han desarrollado infraestructura y capacidades de vigilancia en distintas islas del área, mientras que Arabia Saudita también mantiene intereses estratégicos en el sur de Yemen. La competencia entre ambos países y otros actores regionales convirtió al territorio yemení en uno de los escenarios de la disputa por la influencia en el sur de la península arábiga.

La importancia de Socotra tampoco es completamente nueva. Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética utilizó el archipiélago para desarrollar instalaciones vinculadas con la vigilancia del océano Índico. Su valor estratégico, por lo tanto, precede al actual conflicto y está directamente relacionado con su ubicación.

A esto se suma la ciudad de Adén, uno de los principales puertos históricos de Yemen. Su posición frente al golfo de Adén la convirtió durante siglos en un punto fundamental para las rutas comerciales entre Oriente y Occidente.

La combinación de Adén, Bab el Mandeb, Socotra y la extensa costa yemení explica por qué las potencias regionales y mundiales siguen prestando atención al país. Yemen puede carecer del poder económico de Arabia Saudita o de los recursos energéticos de otros Estados del Golfo, pero posee algo que en geopolítica puede resultar igual de importante: una ubicación difícil de reemplazar.

Por eso, Yemen representa un ejemplo de cómo el peso internacional de un país no siempre depende de su riqueza. Un Estado con recursos económicos limitados puede adquirir una influencia desproporcionada si se encuentra ubicado sobre una ruta que conecta mercados, energía y comercio.

El problema es que esa ventaja geográfica también convierte a Yemen en un escenario permanente de disputas. Las guerras internas, la presencia de los hutíes, la intervención de potencias regionales y la competencia por el control de los puertos y las rutas marítimas hacen que cualquier escalada tenga potencial para superar las fronteras del país.

En definitiva, entender Yemen exige mirar más allá de sus conflictos internos. Quien controla o puede amenazar los accesos al mar Rojo tiene capacidad para afectar una de las principales conexiones comerciales entre Europa y Asia. Esa es la razón por la que un país que muchas veces parece marginal en el mapa político mundial puede, en determinadas circunstancias, convertirse en protagonista de una crisis internacional.

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