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Colombia gira a la derecha: De la Espriella asumió con “mano dura”, motosierra y una alianza sin disimulo con Trump

Por: Carlos Rodriguez

El nuevo presidente colombiano asumió en Cali con un discurso de orden, seguridad, liberalización económica y “batalla cultural”. La ceremonia, rodeada de una fuerte presencia militar, dejó en claro el rumbo que pretende imprimirle al país y su alineamiento con la nueva derecha regional.

Abelardo de la Espriella asumió este viernes la Presidencia de Colombia con un mensaje que difícilmente pueda interpretarse como una continuidad moderada respecto del Gobierno de Gustavo Petro. El nuevo mandatario eligió Cali para su posesión y convirtió el escenario de su llegada al poder en una declaración política: más presencia militar, una ofensiva contra las organizaciones armadas, apertura económica, reducción del Estado y una alianza estrecha con Estados Unidos y con los gobiernos de derecha de la región.

La elección de Cali, una ciudad atravesada durante los últimos años por fuertes conflictos sociales y violencia, no fue un detalle menor. De la Espriella buscó marcar distancia con la tradición política concentrada en Bogotá y prometió recorrer las regiones del país. Pero el gesto más significativo llegó después de la ceremonia formal: el flamante presidente pronunció su primer gran discurso político en un batallón militar, rodeado por la cúpula de las Fuerzas Armadas y su nuevo gabinete.

La imagen sintetizó buena parte de lo que será su Gobierno. El nuevo presidente llegó al poder prometiendo recuperar el “orden”, fortalecer a las fuerzas de seguridad y terminar con la estrategia de negociación impulsada por Petro frente a los grupos armados. En su discurso, incluso utilizó un tono desafiante al advertir que quienes integran organizaciones criminales tendrán que someterse a la ley o enfrentar la fuerza del Estado.

De la Espriella, un abogado y empresario sin experiencia previa en cargos públicos, ganó la segunda vuelta presidencial frente al senador izquierdista Iván Cepeda y protagonizó un giro político que ubica a Colombia dentro del mapa de gobiernos de derecha que atraviesan buena parte de América Latina. Su llegada, además, se produce en un contexto de fuerte polarización y con el desafío de gobernar un país en el que persisten conflictos armados, narcotráfico, minería ilegal y profundas desigualdades.

El alineamiento internacional tampoco quedó oculto. El nuevo Gobierno pretende profundizar la relación con Washington y acercarse a la estrategia regional impulsada por Donald Trump en materia de seguridad y combate al narcotráfico. La nueva administración también anunció cambios en política exterior y un giro respecto de algunas de las alianzas construidas durante el Gobierno de Petro.

La cuestión de la seguridad ocupará un lugar central. De la Espriella prometió abandonar la política de “Paz total” y adoptar una estrategia de confrontación directa contra las organizaciones armadas. Su propuesta incluye un mayor protagonismo de las Fuerzas Armadas, una política más agresiva contra los cultivos de coca y el narcotráfico y una ampliación de la infraestructura penitenciaria.

La fórmula recuerda inevitablemente a las experiencias de Nayib Bukele en El Salvador y Daniel Noboa en Ecuador, dos de los referentes de la derecha latinoamericana que construyeron buena parte de su capital político alrededor de la seguridad y el endurecimiento de las políticas contra el crimen organizado.

El nuevo mandatario colombiano pretende, además, avanzar sobre el aparato estatal. En su programa de Gobierno aparecen la reducción del gasto público, la desregulación de la economía, incentivos para la inversión privada y una menor carga tributaria para los sectores empresarios. En su discurso de asunción aseguró: "Firmaré el decreto de congelamiento del gasto público (...) para poner la casa en orden".

La receta económica tiene varios puntos de contacto con el discurso que llevó a Javier Milei a la Presidencia argentina. Menos Estado, desregulación, reducción de impuestos y una fuerte reivindicación del sector privado forman parte del nuevo programa colombiano. De la Espriella también planteó que Colombia debe convertirse en un destino atractivo para las inversiones y anunció cambios destinados a favorecer la actividad empresarial.

Pero la comparación con el modelo argentino no termina allí. El nuevo presidente colombiano también incorporó la denominada “batalla cultural” como uno de los ejes de su administración. Durante la campaña y en su discurso inaugural reivindicó la familia, el mérito, la religión y la responsabilidad individual, en una construcción política que busca disputar sentidos culturales además de impulsar transformaciones económicas.

"Mi gobierno librará la batalla cultural para recuperar el valor de la familia, el mérito (...) la creencia en Dios y la responsabilidad individual", afirmó.

La religión tuvo un lugar destacado en la puesta en escena de la nueva administración. Representantes de distintos credos participaron de las actividades vinculadas con la asunción y el propio mandatario recurrió reiteradamente a referencias religiosas. El objetivo parece ser construir una identidad política que combine conservadurismo social, liberalismo económico y una fuerte reivindicación del orden.

La seguridad, entretanto, será presentada como la respuesta a una de las principales preocupaciones de la sociedad colombiana. De la Espriella prometió fortalecer a las Fuerzas Armadas y a la Policía y les otorgó un papel central en su proyecto de Gobierno.

"Le imparto desde aquí a las fuerzas militares y a la policía la orden perentoria de combatir a todas las estructuras criminales sus integrantes. Los integrantes de las bandas criminales y del narcoterrorismo tienen dos caminos: someterse al imperio de la ley o enfrentar la fuerza decidida del Estado colombiano y su fuerza pública", sostuvo.

El presidente también prometió garantías jurídicas para los efectivos que participen de esas operaciones, a quienes definió como “héroes” y consideró una pieza fundamental de su proyecto de “patria milagro”.

El problema es que Colombia conoce demasiado bien los costos de las estrategias de militarización. Durante décadas, el país atravesó distintas etapas de confrontación armada y planes de seguridad respaldados por Estados Unidos. El desafío para el nuevo Gobierno será demostrar que el endurecimiento de la respuesta estatal puede reducir efectivamente la violencia sin reproducir viejos ciclos de conflicto.

En política exterior, la cercanía con Washington aparece como otro de los pilares. La nueva administración busca profundizar la cooperación con Estados Unidos y revisar el vínculo que Colombia construyó durante los últimos años con China. La presión de Washington para limitar la presencia económica y estratégica de Beijing en la región podría convertirse en uno de los principales condicionantes de la política exterior colombiana.

La llegada de De la Espriella también fortalece un espacio político regional en el que ya aparecen Milei, Bukele, Noboa y otros dirigentes conservadores. La nueva derecha latinoamericana intenta mostrarse como una alternativa común frente a los gobiernos progresistas, con una agenda que combina seguridad, liberalización económica, conservadurismo social y una relación privilegiada con Estados Unidos.

En ese escenario, Colombia adquiere una importancia particular. No se trata solamente de uno de los países más grandes de la región. También es un actor estratégico para Washington por su ubicación geográfica, su peso en la lucha contra el narcotráfico y sus relaciones comerciales.

La administración de De la Espriella comienza así con una promesa de ruptura. El presidente pretende cambiar el rumbo que había marcado Petro y construir una Colombia más cercana a los modelos políticos que hoy dominan parte de la derecha latinoamericana.

El interrogante es si detrás de las consignas de “mano dura”, “motosierra”, liberalización y “batalla cultural” habrá capacidad para resolver los problemas estructurales del país o si Colombia terminará entrando en una nueva etapa de polarización.

El discurso inaugural dejó pocas dudas sobre el camino elegido. De la Espriella quiere un Estado más pequeño en la economía, pero mucho más fuerte en seguridad; una mayor apertura para los capitales privados y una relación privilegiada con Washington; menos negociación con los grupos armados y más protagonismo militar.

Para sus seguidores, se trata del comienzo de una transformación profunda. Para sus críticos, puede significar el regreso de recetas que Colombia ya conoce demasiado bien. La experiencia de los próximos cuatro años será la que determine si la prometida “patria milagro” consigue convertirse en algo más que una consigna de campaña.

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