ACTUALIDAD
26 de junio de 2026
La carne vacuna desaparece de la mesa: el consumo cayó a su nivel más bajo en dos décadas
El consumo anual descendió a 47,5 kilogramos por habitante, mientras las importaciones alcanzaron niveles récord. El deterioro del poder adquisitivo y el aumento de los precios redujeron la presencia de carne vacuna en los hogares.
El consumo de carne vacuna en la Argentina cayó a su nivel más bajo de, al menos, las últimas dos décadas, mientras las importaciones de productos cárnicos alcanzaron cifras récord durante mayo de 2026.
Los datos surgen de un informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina, difundido por el Centro de Economía Política Argentina, que atribuyó el retroceso principalmente a la pérdida del poder adquisitivo de las familias y al incremento del precio relativo de la carne.
El consumo promedio de los últimos doce meses se ubicó en 47,5 kilogramos por habitante al año, lo que representó una caída interanual del 6,1 por ciento.
La cifra muestra un nuevo deterioro en uno de los consumos más tradicionales del país y refleja las dificultades de una parte creciente de la población para sostener la compra de carne vacuna dentro de su alimentación habitual.
La diputada nacional e integrante del Centro de Economía Política Argentina, Julia Strada, señaló que la caída responde principalmente a factores relacionados con la demanda y con la reducción de los ingresos disponibles de los hogares.
La Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina atribuyó la baja a “la caída del poder de compra que experimentaron las familias argentinas, a raíz de la significativa suba del precio relativo de la carne vacuna”.
La reducción del consumo se produjo en un contexto de atraso salarial y encarecimiento de los alimentos. Según el último relevamiento de la consultora LCG, la carne aumentó un 3,5 por ciento durante las cuatro semanas anteriores.
El incremento volvió a ampliar la distancia entre los precios de los cortes vacunos y los ingresos de los trabajadores, jubilados y sectores informales, que debieron reducir las cantidades compradas, reemplazar productos o espaciar el consumo.
Al retroceso registrado en las ventas destinadas al mercado interno se sumó un crecimiento sin precedentes de las importaciones de carne vacuna, porcina y aviar.
Durante mayo ingresaron al país casi 5.600 toneladas de carne porcina, cerca de 4.700 toneladas de carne aviar y más de 3.400 toneladas de carne vacuna, según los datos oficiales difundidos por el Centro de Economía Política Argentina sobre la base de las estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Censos.
Los volúmenes importados se ubicaron en niveles inéditos para el mercado argentino y mostraron una elevada concentración respecto de su procedencia. De acuerdo con el informe, el 95,6 por ciento del total de las compras externas tuvo como origen Brasil.
El estudio advirtió que buena parte de las importaciones correspondería a productos de menor precio internacional que los cortes producidos localmente, en un escenario en el que la carne argentina de mayor calidad mantiene una fuerte orientación exportadora.
La combinación entre la caída del consumo interno y el récord de las importaciones permite plantear una dinámica en la que una proporción creciente de la producción vacuna nacional se destina al exterior, mientras el mercado local incorpora productos más económicos para cubrir parte de la demanda.
Esa situación contribuiría a mantener elevados los precios internos de los cortes argentinos y limitaría aún más la capacidad de compra de las familias, especialmente entre los sectores de menores ingresos.
El informe sostuvo además que la apertura de las importaciones no consiguió traducirse en un abaratamiento generalizado de la carne destinada al consumidor local.
Por el contrario, el ingreso récord de productos extranjeros convivió con nuevos aumentos de precios y con una caída sostenida en el consumo por habitante.
El fenómeno también abrió cuestionamientos sobre la calidad de la alimentación, debido a que numerosos hogares reemplazan la carne vacuna por alternativas más económicas o reducen directamente el consumo de proteínas de origen animal.
Mientras las exportaciones y las importaciones mantienen cifras elevadas, la carne vacuna pierde presencia en las mesas argentinas y profundiza una tendencia marcada por la pérdida del poder adquisitivo.
Los datos correspondientes a mayo de 2026 reflejan así una contradicción: en uno de los principales países productores y exportadores de carne, el consumo interno cayó a un piso histórico y quedó cada vez más condicionado por los precios y los ingresos familiares.
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