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4 de junio de 2026

A 11 años de Ni Una Menos, miles de mujeres volvieron a las calles con un reclamo que atraviesa generaciones

Foto : Leandro Teysseire Leandro Teysseire

Por: Carlos Rodriguez

La movilización reunió a mujeres de distintas edades y trayectorias que compartieron historias de violencia, miedo y resiliencia. Los recientes femicidios de Agostina Vega, Dulce Candia y Noelia Rivero marcaron una jornada cargada de emoción y pedidos de cambios profundos.

Miles de personas participaron este miércoles de una nueva movilización de Ni Una Menos en la Plaza del Congreso, al cumplirse once años de la primera marcha que convirtió la lucha contra la violencia de género en una de las principales demandas sociales de la Argentina.

La convocatoria estuvo atravesada por el impacto de los recientes femicidios de Agostina Vega, en Córdoba; Dulce María Candia, en Misiones; y Noelia Rivero, en Temperley. Los nombres de las víctimas aparecieron en pancartas, banderas y consignas que acompañaron la jornada.

Sin embargo, más allá de esos casos que conmocionaron al país, muchas de las mujeres presentes llevaron a la plaza historias personales marcadas por distintas formas de violencia, abusos, discriminación y silencios que permanecieron durante años dentro de ámbitos familiares, educativos y laborales.

Entre quienes participaron por primera vez estuvo Jeni, una joven de 22 años de Monte Grande que asistió junto a varios integrantes de su familia. La movilización tuvo para ellos un significado especial por el vínculo cercano que mantenían con Noelia Rivero, una de las víctimas de femicidio registradas en los últimos días.

Las experiencias compartidas durante la jornada reflejaron una preocupación recurrente: la dificultad para hablar sobre las violencias de género en espacios cotidianos. Muchas participantes señalaron que todavía existen resistencias para abordar estas problemáticas dentro de grupos familiares, círculos de amistad y ámbitos educativos.

Docentes, estudiantes, trabajadoras y militantes coincidieron en que gran parte del desafío pasa por generar instancias de diálogo y reflexión que permitan identificar situaciones de violencia que durante décadas fueron naturalizadas o minimizadas.

En ese contexto, varias educadoras destacaron el valor de la Educación Sexual Integral como una herramienta para promover vínculos respetuosos y prevenir situaciones de abuso, aunque también manifestaron preocupación por el debilitamiento de políticas públicas vinculadas a la prevención y asistencia.

Los testimonios recogidos durante la movilización también expusieron historias de abuso sexual en la infancia, violencia doméstica y acoso, experiencias que muchas mujeres aseguraron haber podido compartir recién en la adultez, luego de años de silencio.

La jornada estuvo marcada además por la presencia de familiares de víctimas de femicidios. Entre ellos se encontraba Mariana Bogado, hermana de Micaela, una mujer que murió tras ser atacada por su pareja hace cinco años. Con una fotografía de su hermana y acompañada por su hijo, participó de la movilización para mantener vivo su reclamo de memoria y justicia.

Mientras las columnas de organizaciones sociales, sindicales, estudiantiles y políticas ocupaban las calles alrededor del Congreso, numerosos grupos de amigas, familiares y vecinas compartían mate, confeccionaban carteles y conversaban sobre las experiencias que las habían llevado a participar de la marcha.

En muchos de esos intercambios surgió una misma inquietud: la necesidad de que los hombres también formen parte de la discusión sobre la violencia de género. Varias participantes señalaron que, más allá de las políticas públicas, consideran fundamental que exista una mayor implicación de padres, hermanos, parejas, amigos y compañeros de trabajo para cuestionar conductas machistas naturalizadas.

A once años de aquella primera movilización que reunió a cientos de miles de personas en todo el país, Ni Una Menos volvió a convertirse en un espacio de encuentro para quienes reclaman una sociedad libre de violencias y desigualdades.

Con nuevas generaciones sumándose a la convocatoria y con historias que continúan interpelando a toda la sociedad, la movilización volvió a poner en el centro del debate la necesidad de fortalecer la prevención, la asistencia y el acceso a la justicia para las víctimas de violencia de género.

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