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20 de mayo de 2026

Crisis energética y alarma industrial: crecen los temores por despidos y frenos en fábricas

Por: Carlos Rodriguez

El aumento inesperado del costo del gas, las restricciones de abastecimiento y la caída de la actividad encendieron la alarma en el sector industrial. Empresas analizan suspensiones y medidas de ajuste ante un invierno complejo.

La industria argentina se prepara para atravesar uno de los inviernos más complejos de los últimos años, en un escenario atravesado por mayores costos energéticos, riesgo de restricciones en el suministro de gas y un panorama económico que mantiene frenada la actividad productiva. El impacto ya genera preocupación por posibles suspensiones, paradas de planta y una aceleración de medidas empresariales destinadas a reducir costos laborales.

El nuevo frente de conflicto se produce en medio de un delicado contexto para el entramado fabril, que desde hace meses enfrenta caída del consumo, menor utilización de capacidad instalada y una pérdida sostenida de puestos de trabajo. Según datos oficiales, la industria viene registrando una disminución del empleo de entre 3.000 y 4.000 puestos mensuales durante este año, mientras que un porcentaje creciente de empresas reconoce que evalúa recortar personal o reducir horas laborales.

La principal preocupación gira alrededor del abastecimiento y del precio del gas natural durante los meses de mayor demanda. El conflicto bélico en Medio Oriente, especialmente la situación vinculada a Irán, generó un fuerte impacto internacional sobre el valor del Gas Natural Licuado. Los precios, que rondaban los 12 dólares por millón de BTU, escalaron a más de 20 dólares, encareciendo significativamente los costos para los grandes usuarios industriales.

En ese marco, autoridades de la Unión Industrial Argentina mantuvieron una reunión con el ministro de Economía, Luis Caputo, para solicitar alternativas que permitan aliviar el impacto sobre el sector privado. Entre los planteos se propuso que el Estado absorba parte del sobrecosto extraordinario generado por la suba internacional de los combustibles, aunque hasta el momento no hubo definiciones oficiales.

Mientras tanto, las industrias comenzaron a evaluar distintos escenarios para afrontar posibles restricciones de suministro. Algunas empresas ya analizan reemplazar parcialmente el gas por combustibles alternativos, como fuel oil, aunque reconocen que esa opción supone costos más elevados y dificultades operativas que no todas las firmas pueden asumir.

El panorama se agravó tras una modificación de último momento en las condiciones de compra de gas importado. La empresa estatal Energía Argentina S.A. ajustó el costo de regasificación de los buques de Gas Natural Licuado, elevando el valor previsto de 3,50 dólares por millón de BTU a 5,16 dólares, un incremento cercano al 47 por ciento.

La medida provocó malestar entre cámaras empresarias y sectores industriales, que cuestionaron la falta de previsibilidad y advirtieron que el nuevo esquema altera los costos proyectados. Algunos sectores estiman que el impacto energético podría elevarse hasta un 25 por ciento en determinadas actividades manufactureras.

En el norte argentino la situación aparece aún más delicada. En Tucumán, la preocupación escaló luego de que distribuidoras advirtieran sobre posibles restricciones de suministro entre junio y agosto. Las limitaciones podrían extenderse entre 70 y 85 días, afectando particularmente a industrias azucareras, citrícolas, papeleras y cerámicas.

La situación responde a una combinación de factores: menor producción regional de gas, restricciones en el transporte y demoras en obras de infraestructura vinculadas al sistema energético. Las empresas temen que la falta de abastecimiento obligue a detener procesos productivos en plena temporada alta de actividad.

Desde distintos sectores industriales advierten que el problema energético se suma a un contexto ya marcado por bajos niveles de utilización de capacidad instalada. En muchas regiones, las fábricas operan con niveles cercanos al 60 por ciento de su potencial, afectadas por la desaceleración económica y la caída de la demanda.

Ante este escenario, empresarios y gobiernos provinciales intensificaron las gestiones para intentar evitar un impacto mayor sobre la producción y el empleo. La preocupación ya no pasa solamente por los costos: el temor es que la combinación de energía cara, restricciones y menor actividad termine profundizando la crisis industrial en los próximos meses.

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