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17 de julio de 2023

1885 La Gruta de Plaza Constitución (Aquel Buenos Aires que no conocimos) -Parte 1-

La gruta fue construida sobre la plaza, en el sector que hoy conocemos como las calles Lima y Pavón.

Por: Francisco Álvarez (El Recopilador)

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Halladas a la vuelta de una esquina.

La gruta de Constitución fue la más importante de todas, construida entre 1885 y 1888, por orden del intendente de Buenos Aires, Torcuato de Alvear, como parte del proceso de mejoramiento de la zona que habla dejado de ser plaza de carretas y mercado de frutas.

Este predio comenzó a transformarse en un activo lugar en función del ferrocarril Gran Sud, nacido en 1865, y de sitios como la confitería El Tren Mixto y el teatro Variedades, donde concurrían los estancieros de la provincia a tratar sus negocios y recrearse.

Gracias a Alvear, la plaza se transformó rápidamente: pasó a tener un lago con puentes y la famosa gruta en su centro. Estaba ubicada en una de sus esquinas, la de Pavón y Lima Oeste, y Llanes la describe de la siguiente manera:   «Era una llamativa gruta monacal, en ruinas, viéndose también en medio de ella un lago artificial provisto de un pequeño puente».

La historia de la gruta es sencilla. Fue levantada por el arquitecto Ulrico Courtois, por encargo del intendente, como parte del gran proyecto hecho por la Municipalidad para mejorar y urbanizar ese gran terreno, tradicionalmente usado para carga y descarga de carretas.

Courtois realizó la gran mole de la gruta entre 1885 y 1888, y su costo, según fuentes extraoficiales, fue de unos cien mil pesos, una verdadera fortuna en la época.

 

Las Memorias de la Municipalidad son parcas en referencias sobre esta obra, que en su momento no dejó de ser un trabajo de jardinería urbana más.
En 1885 se dice que «la parte izquierda de la Plaza Constitución está convertida en un paseo ya bien arraigado y completamente establecido: en cuanto a la otra parte ya está hecho el plano que por orden del señor intendente se ha elaborado para completar la formación de esa gran plaza».

Dos años más tarde se indicaba que «la construcción de los jardines de la parte de la plaza Constitución donde hasta hace poco tiempo se estacionaban carretas, está muy adelantada: se levanta en ella una gran gruta y se forma un lago».
Muchos años más tarde, otra Memoria de la Municipalidad nos señala que «en la Plaza Constitución se han formado jardines alrededor de la gruta y se han rehecho completamente los caminos».

La gruta tenía escaleras, pasadizos, un túnel interior, un tanque de agua sostenido por columnas estilizadas, pero roto de un lado, pasarelas colgantes, y mil y un vericuetos más. Un recorrido por ella era algo así como ir a un Disneyworld del pasado: había aventura, asombro y entretenimiento para el ocio de la nueva burguesía.

Tarjeta postal de la época.

Como siempre, su destrucción fue una larga y penosa agonía que comenzó cuando un nuevo intendente reemplazó a Alvear.

Esta vez, Seeber inició una primera demolición apenas un año después de la inauguración. La excusa fue la misma que se esgrime en estos casos: «que amenazaba la ruina», es decir que según los expertos iba a caerse en forma inminente. 

En la Memoria Municipal del año 1889, el intendente dice: «En la Plaza Constitución he ordenado la demolición de una parte de la monstruosa gruta que la afea, porque según opiniones técnicas autorizadas, amenaza derrumbe.

Ha costado aproximadamente la enorme suma de $ 100.000 y en el sumario que mandé levantar, consta que una parte agregada, que fue construida para guardar el equilibrio a otra porque amenazaba caerse».

Al año siguiente, el intendente, portador sin duda de un gusto sobre estética urbana bastante diferente que su antecesor, escribe que «la Plaza Constitución se encontraba dividida en cuatro partes por dos calles que la cruzaban y la mitad aún no había sido transformada en jardines teniendo solamente una gruta -ofensa del buen gusto-, que importó fuertes sumas de dinero». Proyectó transformarla construyendo los jardines que faltaban, suprimiendo las calles y demoliendo parte de la gruta que ofrecía serios peligros.

La prensa de la ciudad de Buenos Aires escribió abundantemente acerca de esa gruta, la que a diferencia de la de Retiro, tenía una escala y una hechura difícilmente accesible para el porteño de barrio. Quizás el paseante de la zona norte tenía mayor relación con los paseos franceses de la época y estaba no sólo interesado por imitarlos, sino también por copiar su funcionamiento social en la recreación del nuevo ocio burgués.

En Constitución la cosa era diferente. La posible demolición de la gruta trajo una polémica digna de ser recordada, con sus defensores, sus detractores y quienes intentaron soluciones conciliatorias. Por supuesto, al intendente Seeber nada de ello le preocupaba, al igual que en muchos de sus actos de gobierno hizo lo que le vino en gana: demolerla, o por lo menos iniciar la demolición.

 

En un artículo firmado bajo el seudónimo de Molécula, la revista Caras y Caretas de febrero de 1907 hace notar varias cosas interesantes, aunque de poco rigor científico en un artículo titulado: «Cosas inútiles».

«Porque bien se comprende que nuestro propósito no es que la gruta de la Plaza Constitución se eche abajo. Bien puede quedar donde se encuentra como una tradición que un pueblo como éste, que según dicen debe formar sus tradiciones, estas tradiciones tan caras a las nacionalidades de añeja historia que ha de echar mano de la que se le presente que no tenemos mucho de dónde elegir.

Eso sí, que el que la construyó nos permita una sonrisa como se la ha permitido a cuantos entendidos la examinaron, que el intendente Alvear, cuando la mandó construir no la había concebido torcida, sin puntos de apoyo, no había para qué decirlo, pues existen centenares y centenares de ejemplos de personas que mandaron construir palacios hermosos que luego se derrumbaron, no diremos por ignorancia sino más bien por exceso de ciencia de sus constructores, sin que el autor del proyecto tuviera nada que ver con el percance:

La gruta en cuestión está clausurada desde 1886 y hay quien opina que rectificada y reconstruida en parte, llenaría su objeto, cual es el de embellecer y dar variedad a una plaza y servir de novedoso paseo a los habitantes de los alrededores. Aprovechamos pues la circunstancia de que se encuentra otro Alvear en la intendencia para endilgarle nuestro proyectito.»

No hace falta decir que la gruta, a pesar de los pronósticos que iba a caerse en «forma inminente», siguió en pie y, en 1914, cuando cumplía veintisiete airosos años, fue definitivamente demolida por la Anglo Argentina, empresa que iba a construir el subterráneo Retiro-Constitución.

 

-Continúa y concluye en la próxima publicación-

 

Fuente:
Ingeniero Arquitecto Ulric Courtois / C.A.B.A / Pavón y Lima Oeste / Gruta de Plaza Constitución / DEMOLIDA

-Imagen, misma fuente.

https://www.clarin.com/ciudades/gruta-plaza-constitucion-bizarro-castillo-ruinas-demolido-feo-inseguro-_0_85MI51WsKd.html

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