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11 de agosto de 2026
Crisis en la industria avícola: Granja Tres Arroyos despidió a 250 trabajadores y paralizó su planta en Entre Ríos
La principal empresa avícola del país desvinculó a 250 empleados de su establecimiento de Concepción del Uruguay, donde trabajan unas 900 personas. La compañía argumentó una fuerte caída de la actividad y el impacto de las restricciones a las exportaciones por la gripe aviar.
La crisis que atraviesa la industria avícola argentina volvió a quedar expuesta con una fuerte reducción de personal en Granja Tres Arroyos, una de las principales empresas del sector. La compañía desvinculó a 250 trabajadores de su planta de Concepción del Uruguay, en Entre Ríos, sobre una dotación total cercana a los 900 empleados, y paralizó la actividad durante agosto.
Los trabajadores recibieron telegramas de despido en los que la empresa argumentó que la medida responde a una "grave disminución de trabajo no imputable a esta empleadora", provocada por "circunstancias extraordinarias y ajenas a su voluntad que afectaron de manera directa y sustancial el normal desenvolvimiento de su actividad".
La compañía encuadró las desvinculaciones en el artículo 247 de la Ley de Contrato de Trabajo, que contempla situaciones de falta o disminución de trabajo no imputables al empleador. La notificación enviada a los trabajadores tiene fecha del 29 de julio y fue emitida en Concepción del Uruguay.
La medida generó una fuerte reacción de los trabajadores y de las organizaciones sindicales. La Federación de Trabajadores de Industrias de la Alimentación y el Sindicato de Trabajadores de Industrias de la Alimentación de Concepción del Uruguay rechazaron los despidos y calificaron la decisión empresarial como "masiva".
En un comunicado conjunto, los gremios denunciaron "el accionar artero e irresponsable de la empresa frente a la grave situación que atraviesan los trabajadores y trabajadoras" y advirtieron que entre las personas desvinculadas se encuentran delegados del personal.
Para las organizaciones sindicales, la inclusión de representantes de los trabajadores constituye un elemento especialmente grave porque, según plantearon, podría contribuir a "dividir y debilitar" la representación gremial dentro de la planta.
A la situación generada por los despidos se suman reclamos relacionados con el pago de salarios. Según denunciaron los trabajadores y sus familias, la empresa viene abonando los sueldos en cuotas y también habría incumplido con el pago del medio aguinaldo correspondiente al primer semestre del año.
Los gremios reclamaron la preservación de los puestos de trabajo y exigieron un "accionar responsable" tanto de la empresa como de las autoridades nacionales. "Los trabajadores no pueden ser quienes paguen las consecuencias de la crisis", sostuvieron, al reclamar diálogo y soluciones frente al deterioro de la actividad.
La paralización de la planta durante agosto se produce después de varios meses de ajuste progresivo. Granja Tres Arroyos había implementado suspensiones operativas, reducciones de jornadas y recortes en los niveles de procesamiento como consecuencia de la caída de la actividad.
El deterioro de la producción ya había quedado expuesto en mayo, cuando la planta de Concepción del Uruguay cerró temporalmente sus puertas luego de que el volumen de faena diaria cayera de unas 700.000 aves a alrededor de 200.000.
La compañía también redujo el nivel de actividad en su establecimiento de Esteban Echeverría, que pasó de procesar aproximadamente 110.000 pollos diarios a unos 80.000.
A la caída de la demanda y de las exportaciones se sumó el incremento de las importaciones de carne aviar proveniente de Brasil, un factor que, según los trabajadores y sectores vinculados a la actividad, profundizó las dificultades para la industria local.
Uno de los principales problemas que enfrentó el sector en los últimos años fue el impacto de la influenza aviar de alta patogenicidad. Los brotes registrados en establecimientos comerciales provocaron restricciones sanitarias y el cierre temporal de mercados internacionales considerados estratégicos para la producción argentina.
En febrero de 2023, la Argentina perdió temporalmente el acceso a los mercados de la Unión Europea y China luego de la confirmación de los primeros casos de gripe aviar en establecimientos comerciales. Las restricciones se extendieron hasta agosto de ese año y generaron pérdidas estimadas para el sector en unos 160 millones de dólares.
La situación volvió a complicarse en agosto de 2025, cuando un nuevo brote provocó el cierre del mercado europeo para la carne aviar fresca. El escenario se extendió luego de nuevos focos detectados durante febrero de 2026 en Ranchos, provincia de Buenos Aires, y posteriormente en Lobos, Bolívar y Alejo Ledesma, en Córdoba.
Las restricciones tuvieron un fuerte impacto sobre las posibilidades de colocación externa de la producción argentina y se sumaron a un escenario interno marcado por mayores costos y dificultades para sostener los niveles de actividad.
Sin embargo, en las últimas semanas comenzó a aparecer una señal positiva para el sector exportador. El 28 de julio, la Comisión Europea formalizó la reapertura del mercado mediante la publicación en su Diario Oficial del Reglamento de Ejecución (UE) 2026/1813.
La medida permitirá que la Argentina vuelva a exportar carne aviar fresca a la Unión Europea desde el 17 de agosto, luego de que las autoridades sanitarias reconocieran la recuperación del estatus del país como libre de influenza aviar de alta patogenicidad.
La reapertura europea representa una expectativa de recuperación para la actividad, aunque llega en un momento particularmente crítico para empresas y trabajadores. En el caso de Granja Tres Arroyos, la reducción de personal en Concepción del Uruguay expone el impacto que la combinación de restricciones externas, caída de la actividad, aumento de costos y dificultades del mercado interno tuvo sobre uno de los principales empleadores del sector.
Mientras los gremios reclaman la reincorporación de los trabajadores y la preservación de las fuentes laborales, la empresa sostiene que las desvinculaciones responden a una situación extraordinaria de disminución del trabajo. La disputa abre ahora una nueva instancia de tensión laboral en una industria que busca recuperar sus mercados externos mientras enfrenta un fuerte proceso de ajuste interno.
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