ACTUALIDAD
8 de agosto de 2026
“No aceptamos esta Argentina para unos pocos”: una multitud volvió a las calles contra el ajuste de Milei
La marcha de Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo reunió a organizaciones sindicales, sociales y políticas desde Liniers hasta Plaza de Mayo. La jornada estuvo atravesada por el reclamo contra el ajuste, la pérdida de derechos y la política económica del Gobierno.
“Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo”. La consigna volvió a recorrer las calles de Buenos Aires en una movilización que reunió a organizaciones sindicales, sociales y políticas y que, más allá de su tradicional convocatoria, estuvo marcada por un fuerte cuestionamiento a las políticas del Gobierno de Javier Milei.
La marcha, organizada por la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) junto con la Confederación General del Trabajo (CGT) y las dos Centrales de Trabajadores de la Argentina (CTA), partió desde Liniers y recorrió unos quince kilómetros hasta Plaza de Mayo, donde se realizó el acto central.
La movilización se produjo apenas un día después de la multitudinaria protesta frente al Congreso contra el proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada y de la posterior represión policial. En ese contexto, las organizaciones buscaron transformar el malestar social en una demostración de unidad y cuestionaron las políticas económicas y sociales implementadas por la administración nacional.
“Este gobierno no solo ajusta, también necesita construir enemigos. Y ha elegido a los trabajadores y a sus organizaciones como las principales destinatarias de sus agravios”, denunciaron integrantes de la UTEP durante la lectura del documento central.
El texto planteó además una fuerte crítica al modelo económico impulsado por el Gobierno. “Nos quieren convencer de que los trabajadores somos el problema. Pero el problema nunca fue quien trabaja; el problema es un modelo económico que concentra riqueza para unos pocos y condena a las grandes mayorías a la exclusión”, señalaron.
En otro de los pasajes más duros, las organizaciones cuestionaron la política oficial sobre los recursos y el territorio nacional. “El problema es un gobierno que remata nuestra soberanía y le pone el cartel de venta a nuestro territorio nacional”, afirmaron.
La declaración también apuntó contra las modificaciones impulsadas por el oficialismo sobre derechos laborales y sociales. “Están destruyendo derechos conquistados en décadas de lucha. Quieren imponer una sociedad donde el mercado decida quién merece vivir con dignidad y quién queda descartado. No vamos a aceptar esta Argentina para pocos”, advirtieron.
La movilización reunió a una amplia variedad de organizaciones. Junto con la UTEP, la CGT, las dos CTA y los sindicatos que las integran participaron La Poderosa, Barrios de Pie, el Movimiento Evita, el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, Curas en Opción por los Pobres, Curas Villeros y Cuba MTR, entre otras agrupaciones.
Entre las banderas y pancartas apareció nuevamente una consigna que había cobrado particular fuerza durante los últimos días: “Las Malvinas son Argentinas”. La frase, que se convirtió en una de las imágenes de la Selección Argentina durante el Mundial, fue reproducida en remeras, carteles, pañuelos y distintos elementos utilizados durante la marcha.
También estuvieron presentes los símbolos característicos de la economía popular: carros de cartoneros, ollas, cucharones y delantales de trabajadoras comunitarias. Quienes desarrollan tareas de cuidado, alimentación y asistencia en los barrios ocuparon un lugar destacado durante la movilización.
La jornada comenzó en Plaza de Mayo con un “verdurazo” solidario. Cooperativas frutihortícolas de La Plata y la cooperativa láctea Colonia Ferrari distribuyeron 500 litros de leche y unos 500 kilos de verduras, principalmente de hoja verde.
“Acá nadie se salva solo”, fue una de las frases que acompañó la actividad, mientras feriantes de la UTEP instalaron puestos frente a la Catedral y en las calles cercanas a la plaza.
La protesta también buscó poner en discusión la situación del empleo y los ingresos. Una muestra fotográfica instalada en las rejas de la Pirámide de Mayo exhibió imágenes vinculadas con distintos trabajos de la economía popular y difundió cifras sobre la evolución del mercado laboral.
Según los datos presentados durante la jornada, entre fines de 2023 y abril de 2026 se perdieron 141 mil puestos de trabajo, mientras se incorporaron más de 400 mil monotributistas. Las organizaciones también señalaron que más de nueve millones de personas trabajan en la informalidad y cuestionaron el deterioro de los salarios.
Otro de los reclamos estuvo relacionado con las obras de infraestructura en barrios populares que, según las organizaciones, fueron paralizadas por el Gobierno nacional. En ese marco reclamaron la restitución del Fondo de Integración Socio Urbana (FISU), al que atribuyeron el financiamiento de más de 1.200 obras en alrededor de mil barrios.
“Si el Estado retrocede, avanza el narcotráfico”, advirtieron desde los puestos instalados en Plaza de Mayo, en una crítica que vinculó el abandono de las políticas de integración urbana con el avance de problemáticas sociales y de seguridad en los barrios más vulnerables.
Pasadas las 14, las columnas comenzaron a ingresar a Plaza de Mayo por Avenida de Mayo. Los organizadores estimaron en unas 50 mil personas la participación en el acto central, aunque la cifra no fue acompañada por una estimación independiente.
La escena combinó símbolos religiosos tradicionales con nuevas expresiones de la protesta social. Junto a imágenes de la Virgen de Luján y San Cayetano apareció incluso una representación artesanal del papa Francisco caracterizado como cartonero.
Las consignas también reflejaron el clima político. Al tradicional pedido de “Unidad de los trabajadores” se sumó “La tierra no se vende, se defiende”, en continuidad con la fuerte resistencia expresada durante la jornada anterior frente al Congreso.
“Reconocimiento salarial para las cuidadoras comunitarias”, reclamaban carteles llevados por mujeres que participaron de las primeras filas de la movilización.
La marcha cumplió además diez años desde su primera convocatoria bajo la consigna de “Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo”. Los organizadores vincularon esa trayectoria con la histórica movilización de Paz, Pan y Trabajo de 1982, cuando el movimiento obrero marchó durante la última dictadura cívico-militar.
“Son diez años de este camino colectivo, inspirado en aquella histórica movilización de Paz, Pan y Trabajo de 1982, cuando el movimiento obrero enfrentó a la dictadura cívico-militar marchando desde esta Catedral hasta Liniers”, recordó el documento. “Esa lucha sigue siendo un faro para quienes creemos que la dignidad del pueblo se defiende con organización y solidaridad”.
Durante el acto también se reclamó por la libertad de Cristina Kirchner y Milagro Sala, mientras los discursos insistieron en la necesidad de profundizar la unidad entre las organizaciones sindicales, sociales y políticas frente al escenario económico y social.
El secretario general de la UTEP, Alejandro Gramajo, destacó el acompañamiento recibido durante la jornada y valoró especialmente la participación del movimiento estudiantil. También agradeció las palabras pronunciadas por el obispo García Cuerva y su acompañamiento a los trabajadores de la economía popular.
La movilización dejó así una imagen que excedió la tradicional marcha de las organizaciones sociales. Con trabajadores formales e informales, jubilados, militantes, cooperativistas, movimientos sociales y sectores sindicales, la protesta buscó mostrar que el malestar generado por las políticas oficiales no queda restringido a un sector específico.
La jornada terminó con la desconcentración de las columnas mientras en Plaza de Mayo quedaban las marcas de la lluvia y de la movilización del día anterior. Entre los carteles que sobrevivieron al barro apareció una frase que sintetizó buena parte del espíritu de la protesta: “Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende. Fijate de qué lado de la mecha te encontrás”.
La consigna, resguardada entre las rejas de la Pirámide de Mayo, terminó funcionando como una síntesis de dos jornadas consecutivas de movilización, en las que las calles volvieron a convertirse en escenario de rechazo a las políticas del Gobierno y de una disputa cada vez más abierta por el rumbo económico, social y productivo del país.
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