POLíTICA
26 de junio de 2026
Cristina y Kicillof se encaminan a una ruptura que amenaza con dividir al peronismo en 2027
La disputa por el liderazgo dejó de ser una negociación previa a la unidad y comenzó a proyectarse hacia una competencia electoral. Ambos sectores analizan una primaria o listas separadas, con Sergio Massa y Juan Grabois entre los nombres en danza.
La interna entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof ingresó en una nueva etapa y la posibilidad de alcanzar un acuerdo de unidad dentro del peronismo aparece cada vez más lejana, mientras los sectores que responden a ambos dirigentes comienzan a prepararse para una eventual competencia electoral.
El enfrentamiento se profundizó después del acto realizado en Parque Lezama y de las repercusiones que generó el discurso de Máximo Kirchner, quien elevó el tono contra el gobernador bonaerense y dejó expuestas las diferencias por la conducción y la estrategia que deberá adoptar el espacio de cara a las elecciones de 2027.
La disputa ya no parece limitarse al habitual tironeo previo al cierre de las listas. Tanto el cristinismo como el kicillofismo trabajan sobre la posibilidad de que el conflicto termine resolviéndose mediante unas elecciones primarias o, en caso de que ese mecanismo no se encuentre disponible, con listas separadas.
Ese último escenario genera preocupación entre distintos dirigentes del peronismo, debido a que una fragmentación de la oferta opositora podría favorecer una nueva candidatura del presidente Javier Milei y aumentar sus posibilidades de imponerse en una primera vuelta electoral.
Las diferencias responden a una disputa de liderazgo que continúa sin resolución y a la existencia de estrategias políticas enfrentadas. El cristinismo busca conservar la centralidad de Cristina Kirchner dentro del espacio, mientras que Kicillof intenta consolidar una construcción propia con aspiraciones presidenciales.
La tensión contrasta con la coordinación que ambos sectores habían logrado durante la despedida del músico Carlos “Indio” Solari, cuando el Gobierno de la provincia de Buenos Aires y La Cámpora trabajaron de manera conjunta para organizar un operativo que fue considerado exitoso.
Sin embargo, después de varios meses de diferencias y negociaciones sin resultados, el sector conducido por Cristina Kirchner decidió acelerar su estrategia electoral, que incluye hacer pública la ruptura con el gobernador bonaerense.
En el cristinismo consideran que Kicillof pretende conservar una parte importante del electorado de la exmandataria y, al mismo tiempo, desplazarla de la conducción del peronismo y marginar de su eventual proyecto presidencial a los dirigentes que le responden.
La estrategia comenzó a desplegarse con el acto de Parque Lezama, donde Máximo Kirchner buscó consolidarse como el principal conductor operativo del espacio liderado por su madre.
Uno de los objetivos es reorganizar al sector detrás de una eventual candidatura presidencial de Cristina Kirchner, pese a que actualmente se encuentra inhabilitada para ejercer cargos públicos.
Dentro de ese espacio sostienen que la prioridad debe ser revertir lo que consideran una proscripción y que ningún dirigente cristinista se apartará públicamente de esa posición. El planteo central será que la candidata debe ser Cristina Kirchner y que, para hacerlo posible, primero deberán eliminarse los impedimentos judiciales.
El segundo eje consiste en presentar una agenda programática propia, que tendría como puntos principales una renegociación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional y una reforma estructural del Poder Judicial.
El cristinismo busca que esas propuestas funcionen como una plataforma para una eventual candidatura de la expresidenta, pero también como elementos de presión durante las negociaciones con otros sectores del peronismo y como condicionantes de un futuro gobierno opositor.
El tercer componente apunta directamente contra la estrategia desarrollada por Kicillof, quien cuestionó la condena contra Cristina Kirchner y mantuvo su pertenencia al espacio, pero dejó de reconocer públicamente su conducción política.
Cerca de Máximo Kirchner sostienen que la ofensiva se aceleró después de que el kicillofismo no respondiera a las críticas formuladas contra la expresidenta por la legisladora porteña Berenice Iañez, cercana al ministro bonaerense Andrés Larroque, durante los días previos al acto.
Desde el entorno del gobernador consideran que ese episodio fue utilizado únicamente como una excusa para justificar una confrontación que ya había sido decidida.
El cristinismo busca trazar una línea divisoria clara entre quienes respaldan a la exmandataria y quienes cuestionan su conducción, con la intención de obligar a Kicillof a definir su posición sin posiciones intermedias.
“Axel no acumuló nada por fuera del voto de Cristina. No podemos permitir que se lleve nuestra base electoral peleándose con todos nosotros y sin darnos nada. Tiene que quedar claro que su pelea es con Cristina. El que rompe la unidad es Kicillof”, afirmó un dirigente que participó del acto en Parque Lezama.
La respuesta desde la Gobernación bonaerense también refleja el nivel alcanzado por el enfrentamiento. “Siguen con la lógica de sumisión o traición”, señalaron desde el entorno provincial.
La ofensiva presenta, al mismo tiempo, una dificultad para cualquier negociación futura. Si el cristinismo instala públicamente la idea de que Kicillof es un dirigente desleal o desagradecido, luego sería difícil convocar a su electorado a respaldarlo como candidato presidencial de una lista de unidad.
Parte del sector también intenta vincular al gobernador con las experiencias políticas de Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta, dos dirigentes asociados con proyectos que buscaron ocupar posiciones moderadas y construir poder por fuera de sus espacios originales.
Entre quienes impulsan esa lectura aparecen Guillermo Moreno y Sergio Berni, quienes participaron del acto de Parque Lezama y se pronunciaron públicamente a favor de una ruptura con Kicillof.
Esos dirigentes interpretan que la elección de 2027 podría desarrollarse en un escenario dividido en cuatro grandes espacios, una lectura que también atribuyen a Cristina Kirchner.
Desde el kicillofismo, la posibilidad de construir una candidatura de unidad con la expresidenta también aparece prácticamente descartada. La intensidad de la confrontación y el antecedente del gobierno del Frente de Todos alimentan la idea de que un nuevo acuerdo de convivencia podría fracasar rápidamente, incluso después de una eventual victoria electoral.
“Ellos no aceptarían un candidato de unidad que no reconozca la conducción de Cristina y que no les entregue la gobernación, y eso no va a pasar porque sería repetir el esquema de Alberto Fernández”, sostuvo un ministro de la provincia de Buenos Aires.
En ese contexto, Kicillof considera que una elección primaria sería el mejor mecanismo para resolver el liderazgo del peronismo y legitimar mediante el voto un posible recambio en la conducción.
En caso de que las elecciones primarias sean eliminadas, el sector del gobernador buscará impulsar una interna partidaria que permita definir las candidaturas y evitar una fractura definitiva.
Dentro del círculo más cercano a Kicillof existe confianza en que el gobernador podría imponerse con una diferencia amplia. Sin embargo, otros dirigentes vinculados con su proyecto presidencial expresan dudas sobre el alcance de su construcción nacional.
Esos sectores advierten que el mandatario bonaerense todavía no logró ampliar suficientemente su espacio, que su mensaje enfrenta dificultades para instalarse en el electorado y que necesita generar hechos políticos capaces de fijar la agenda pública.
El cristinismo, en tanto, analiza quién podría representar al sector en unas elecciones primarias si Cristina Kirchner continúa inhabilitada para competir.
Uno de los nombres mencionados es el de Sergio Massa, quien podría presentarse dentro de un escenario con al menos tres precandidaturas peronistas.
La hipótesis contempla además la participación de Juan Grabois, quien podría disputar una parte del electorado identificado con las posiciones más progresistas y reducir el respaldo de Kicillof por izquierda.
Por el momento, las candidaturas permanecen dentro del terreno de las especulaciones, pero las distintas terminales del peronismo ya comenzaron a organizarse ante una competencia que parece cada vez más difícil de evitar.
El conflicto entre Cristina Kirchner y Kicillof dejó así de ser una discusión silenciosa por espacios de poder y se transformó en una disputa abierta por la conducción del peronismo, mientras el oficialismo nacional avanza hacia la posibilidad de una nueva postulación de Milei.
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