RINCóN LITERARIO
5 de abril de 2026
El Último Capítulo
Si hay una imagen infernal en la mente de un escritor es la de la pérdida de la imaginación, la del bloqueo de la invención creadora, el miedo feroz a que la máquina productora de historias un día se detenga, se atasque para siempre. Susana Gilardi escribe un relato sobre esta situación, a la que resuelve con un inesperado final. La ficción es una tierra generosa donde todo es posible… parece recordarnos la autora.
EL ÚLTIMO CAPÍTULO
Es una noche lluviosa, los leños crepitan en la chimenea de la vieja casona de campo.
El escritor se ha refugiado en ella, a muchas leguas del pueblo para escribir una novela; pero el último capítulo es crucial para la terminación del libro. Necesita un remate sorprendente, inesperado.
Sus más recientes novelas han sido producciones anodinas que llegaron a poner en duda su talento y el público ya estaba comenzando a abandonarlo. Esta vez la editorial le dio un ultimátum: la próxima novela debería ser un éxito o ya no avalaría sus obras. Esto provocó todas sus angustias.
Sobre el escritorio, una botella vacía y un vaso roto acompañan su empeño febril.
Se recluyó para alejarse del alcohol, pero sintió que lo necesitaba y claudicó. Se prometió, asimismo —como tantas veces— que al terminar el libro comenzaría su recuperación.
Un vahído lo sorprende en sus cavilaciones y se adormila meditando el broche final.
Entreabre los ojos para continuar escribiendo cuando un rostro iluminado aparece tras la ventana.
Es la imagen borrosa de una mujer con largos cabellos. No escucha el sonido que emite, pero por los gestos es evidente que pide auxilio. Esos gritos silenciosos junto a la mirada desorbitada denuncian el terror.
Al verla se levanta tambaleante para correr a ayudarla.
Afuera, en medio de la lluvia y la oscuridad, la busca, escucha sus gritos y gemidos sin poderla divisar. Linterna en mano, el miedo se apodera de su ánimo y tantea en la cintura el cuchillo que se acostumbró a usar en esa soledad.
De improviso, desde la espesura, aparece un animal semejante a una pantera que se abalanza sobre él.
Sin alcanzar a comprender cómo pudo desembarazarse de la bestia, corre a los tumbos hasta la casa y cierra la puerta herméticamente.
Jadeante, escucha otra vez los gemidos, pero esta vez son los propios.
Poco a poco se serena sintiendo una pasmosa lucidez.
¡Por fin! El monstruo de su ingenio, al que tanto le costaba alimentar, ha regresado del pasado.
Frente a la máquina comienza a teclear como si le dictasen el último capítulo, pleno de creatividad.
Con gran emoción, al terminar saca el papel y al firmarlo, aparece impresa la huella de una garra ensangrentada.
SUSANA GILARDI
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