ECONOMíA
6 de marzo de 2026
Reservas en rojo: crece la preocupación del mercado por la fragilidad financiera del Gobierno

La acumulación de divisas del Banco Central no logra recomponer las reservas mientras el Tesoro mantiene saldos mínimos en pesos y dólares. La escalada de la guerra en Medio Oriente y la caída de la recaudación aumentan la presión sobre la economía argentina.
La situación financiera del Gobierno enfrenta crecientes señales de debilidad: las compras de divisas del Banco Central no alcanzan para recomponer las reservas internacionales y el Tesoro mantiene niveles mínimos de disponibilidad tanto en pesos como en dólares. En paralelo, el impacto de la guerra que Estados Unidos e Israel iniciaron en Medio Oriente comienza a trasladarse a los mercados y agrava la fragilidad de la economía argentina.
Durante el primer bimestre del año, la acumulación de reservas quedó por debajo de los niveles registrados en los dos años anteriores. Mientras en 2024 el Banco Central compró 3.272 millones de dólares en enero y 2.358 millones en febrero, y el año pasado había adquirido 1.617 millones y 1.948 millones respectivamente, este año solo logró sumar 1.158 millones en enero y 1.555 millones en febrero.
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La administración de Javier Milei comenzó este año con un programa de acumulación de reservas, pero el volumen obtenido hasta ahora se mantiene por debajo de lo que esperaba el mercado, que observa con preocupación la capacidad del Banco Central para defender el valor del peso si se produce una salida abrupta de capitales.
A esta situación se suma la debilidad del Tesoro. El organismo no cuenta con suficientes dólares para garantizar los pagos de los servicios de la deuda en moneda extranjera, un factor que empujó el Riesgo País a los niveles más altos del año. Al mismo tiempo, el Gobierno tampoco dispone de suficientes pesos para afrontar renovaciones de deuda sin profundizar el ajuste monetario que mantiene deprimida la actividad económica.
El ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció esta semana la necesidad de captar el flujo de dólares provenientes de actividades económicas no declaradas, incluso aquellas fuera del alcance de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero o directamente al margen de la ley, para mostrar capacidad de afrontar los vencimientos de deuda previstos para mitad de año, que superan los 4.000 millones de dólares, sin recurrir a las reservas del Banco Central.
El deterioro de la recaudación impositiva agregó otro factor de alarma. En febrero los ingresos tributarios cayeron 9,7 por ciento interanual, tras el retroceso de 7,9 por ciento registrado en enero, acumulando así siete meses consecutivos de caída. Este escenario pone en duda la posibilidad de cumplir con la meta oficial de superávit fiscal equivalente a 2,2 puntos del Producto Interno Bruto.
Al mismo tiempo, el gasto público comenzó a acelerarse desde febrero por el impacto de la elevada inflación de diciembre, que indexa de forma automática cerca del 45 por ciento de las erogaciones del Estado, principalmente jubilaciones, pensiones y otros gastos sociales. Esta dinámica reduce el margen del Gobierno para profundizar los recortes y compensar la caída de los ingresos.
La escalada del conflicto en Medio Oriente también comenzó a repercutir en los mercados financieros internacionales. La suba del precio del petróleo y el temor a una aceleración inflacionaria global golpearon a los bonos del Tesoro estadounidense, que cayeron durante cuatro jornadas consecutivas.
“Había cierto consenso de que en 2026 el Gobierno tenía el camino relativamente allanado para recuperar el crédito internacional. El principal riesgo era el contexto global, pero enero había arrancado mejor imposible, con mucho flujo a emergentes. Esta semana, sin embargo, apareció algo de viento de frente”, advirtió la consultora 1816, una de las más seguidas por el mercado financiero.
La tensión global también se reflejó en decisiones de otras potencias. China anunció que ordenó a sus principales refinadoras suspender las exportaciones de gasoil y gasolina para preservar sus reservas, al tiempo que revisó a la baja su meta de crecimiento anual por debajo del cinco por ciento ante la expectativa de una menor demanda global si la guerra se prolonga.
En este contexto, los analistas consideran clave el ritmo de compras del Banco Central. “Mientras no esté claro de qué manera financiará el Gobierno los vencimientos en moneda extranjera de 2026 y 2027, las compras del Banco Central son una necesidad”, señalaron desde la consultora 1816.
Hasta ahora, el desempeño de marzo también muestra debilidad. El Banco Central acumuló apenas 251 millones de dólares en compras durante el mes, con operaciones diarias por debajo del promedio de las semanas anteriores y con un nivel de depósitos en dólares dentro del sistema financiero inferior al registrado el año pasado.
La actividad del mercado de capitales tampoco aporta demasiado alivio. En lo que va del mes solo se registró una colocación de deuda corporativa, una Obligación Negociable de la empresa Telecom por 81 millones de dólares, un volumen considerado insuficiente para sostener la oferta de divisas que ayude a estabilizar el mercado cambiario.
Mientras tanto, las cuentas del Tesoro reflejan el escaso margen financiero del Gobierno. Actualmente mantiene apenas 485 millones de dólares y 4,3 billones de pesos depositados en el Banco Central, niveles que prácticamente no se modificaron durante el último mes.
La cuenta en divisas del sector público consolidado, que incluye recursos de provincias, municipios y organismos estatales, también mostró un retroceso: tras alcanzar un máximo de 3.600 millones de dólares el 20 de febrero, perdió cerca de 400 millones desde entonces.
Este bajo nivel de disponibilidad de pesos y dólares limita la posibilidad de inyectar recursos en la economía para estimular la actividad. Sin embargo, el Gobierno mantiene su estrategia de sostener una fuerte restricción monetaria ante el temor de que una mayor expansión impulse nuevamente la inflación.
El escenario descrito por los analistas como un “viento de frente” combina la incertidumbre internacional con la fragilidad financiera local. Por ahora, la principal apuesta del Gobierno de Milei y Caputo sigue siendo captar dólares provenientes de actividades no declaradas, una estrategia que el mercado considera riesgosa en un contexto de recesión económica, caída de la recaudación y aumento del gasto impulsado por la inflación.










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