RINCóN LITERARIO
15 de febrero de 2026
El Estanque
La casa es un tema y un ámbito privilegiado de la literatura. Si el género es gótico, medio terrorífico, con un declive hacia el fantástico, mejor aún. Las casas albergan secretos, guardan historias inimaginables y los personajes fantasmales que las habitan pueden presentarse en cualquier momento, como en este relato de Alicia Alvarez, donde todo ocurre en un viejo caserón del centro porteño.
El ESTANQUE
El teléfono de la inmobiliaria sonó interrumpiendo esa silenciosa tarde de otoño. El que llamaba era un abogado, un desconocido que pedía que fuera a tasar una vieja casa en el centro, cerca del teatro Colon.
Me dio su celular y la dirección, para que fuese a verla. El me esperaría adentro.
Mi primera impresión de la casa fue el frente, un jardín pequeño, descuidado. Una enredadera frondosa cubría la pared, y dejaba ver sus muros en ruina.
Llamé a una puerta, vieja, sin barnizar desde hacía mucho tiempo. Un hombre corpulento me abrió la puerta amablemente, haciéndome pasar al interior.
Me encontré en una sala de grandes dimensiones. El olor a humedad era penetrante.
─Como verá, la sala es grande, tiene 8 metros por 12-comenzó a decir el hombre. Aquí se celebraban los bailes más famosos de la ciudad. Hace muchos años vivía en esta casa una familia que descendía de algún antiguo linaje europeo.
En la sala contigua estaba el comedor, una sala con gobelinos y una biblioteca. Subí las escaleras de madera. ´Arriba había tres grandes dormitorios, quedaban en la parte más retirada que miraba hacia la calle Rodríguez Peña.
Lo que más me impresionó fue la vieja cocina. El tiempo se había detenido en ella. Una cocina a leña de hierro ocupaba una de las paredes, los muebles mostraban el desgaste de puertas vencidas y las alacenas tenían algunos vidrios rotos. El lugar era particularmente frío.
─Varios sirvientes trabajaron aquí- dijo el hombre.
Imaginé que el ambiente de trabajo habría sido poco confortable
─La última dueña del lugar, una anciana que vivió sola sus últimos años, dejó antes de morir, todos los trámites y la venta de la casa, en mis maños, siempre fui su apoderado y persona de confianza- continuó relatando el hombre.
─ Y supongo que quiere venderla lo antes posible, es muy difícil mantener una propiedad como ésta- contesté.
─Sí, dijo el desconocido- asintiendo con la calva cabeza- además aquí ocurrió un hecho extraño: el prometido de la dueña desapareció hace muchos años, en su juventud, y nadie supo jamás que le ocurrió. Pensaban casarse y vivir aquí.
─Este fue un drama para la dama y nunca logró recuperarse-proseguía el hombre- algunas noches una música provenía del salón principal y ella aparecía dando vueltas sola como si estuviera bailando con alguien.
Toda la historia me estaba resultando muy inquietante. Le pedí que me mostrase la parte trasera del jardín antes de retirarnos.
Una atmósfera sin afinidad con el aire del cielo, exhalaba por los árboles marchitos, por los muros grises, por el estanque silencioso. Me quedé por un tiempo indefinido sin otra acción que mirar el estanque.
Escuché sonidos extraños que venían del fondo. Vi a un hombre joven que salía del estanque y cruzaba el parque hasta ingresar a la casa a través de los muros. En el interior sonaɓan los compases de un vals.
ALICIA ALVAREZ
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