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EL RECOPILADOR

29 de abril de 2024

El lago Epecuén, la villa inundada y el regreso del fénix

Movimiento turístico en la Estación Epecuén Circa 1975.

Por: Francisco Álvarez (El Recopilador)

Historias cercanas.
Halladas a la vuelta de una esquina.

Fundado en 1821, en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, Villa Epecuén (partido de Adolfo Alsina), supo ser uno de los principales centros turísticos del país durante muchos años y hasta compitió con emblemáticos destinos de la costa argentina. Sin embargo, sus años dorados, cuando era elegido por las familias más adineradas para vacacionar, devinieron en ruinas en cuestión de meses a causa de una gran inundación. Sus inmensas piletas de agua salada, el gran punto de atracción, fueron a su vez su maldición: el terraplén de contención cedió y, el 10 de noviembre de 1985, el agua tapó al pueblo. El sueño había llegado a su fin.

Imagen de la tragedia desatada en 1985, 
obtenida circa 2005, cuando comenzaban 
a bajar lentamente las aguas.

En sus inicios fue el destino preferido de los habitantes de la zona, que solían disfrutar de un tiempo de relajación en un sitio destacado por su belleza.

Las aguas de su gran lago supuestamente tenían poderes sanadores. Quienes lo visitaron, atestiguaban que la laguna de Epecuén aliviaba los dolores de quienes se sumergían. Esta característica fue tomando fuerza entre los turistas, hasta que en 1909 la Provincia de Buenos Aires envió un equipo de expertos para investigar sus propiedades.
El estudio científico llevado a cabo por los especialistas detalló que las aguas poseían una alta concentración de minerales. La laguna contenía hipermarina y, según los investigadores, solo era comparable con la del Mar Muerto, donde además cualquiera podía meterse al agua sin saber nadar ya que sus sales siempre le hacían flotar. El informe detalló que tenía la capacidad de sanar enfermedades reumáticas y de la piel. Así, otro punto turístico se sumaba al pueblo.

Pero el techo de la Villa aún estaba lejos. En 1899, la llegada del ferrocarril Sud, a la cercana estación Carhué; luego en 1903 la suma del Ferrocarril Oeste a la misma; más en 1911 un tercer ferrocarril, el Midland de Buenos Aires -éste de trocha angosta- trajeron un mayor afluente de turistas, que desbordaron de visitantes la localidad veraniega. Aquello era realmente un paraíso.

El balneario en la década de 1960.

Año tras año la cantidad de turistas creció notablemente y, entre los años de 1950 y 1970, los registros indican que Villa Epecuén recibió alrededor de 25.000 visitantes. Un verdadero hito si se tiene en cuenta que tenía una población estable de 1.200 habitantes y contaba con 6.000 plazas hoteleras y alrededor de 300 locales comerciales.

Cuatro generaciones así conocieron y disfrutaron del lugar y del inapreciable valor de sus aguas de cualidades curativas.

En 1985  ‘la corriente del niño’  desató una serie de fuertes tormentas entre las provincias de Buenos Aires y La Pampa, comenzando desde esta última a bajar importantes cantidades de agua a través de los campos, a la vez que una sudestada sellaba con agua del Atlántico impidiendo la salida de ríos, arroyos, canales y desbordes de las aguas que inundaban los campos bonaerenses, sepultando con ello el destino de una de las villas turísticas más pujantes de la época en la provincia de Buenos Aires. Todo quedó bajo cuatro metros de agua cuando se perforó el terraplén que contenía la fuerza del lago Epecuén. En una semana su gente debió abandonarlo todo, su pueblo, sus hogares, se llevaron todo lo que pudieron, y también hasta sus muertos ya que el cementerio quedó bajo las aguas.

Remando en bote por lo que fuese el Cementerio.

Las ruinas muestran tumbas semi derruidas, algunas reconstruidas y la zona donde se ubicaban los nichos que fue dinamitado y solo quedan pilas de escombros. Sumado a estos, se encuentran los árboles petrificados por la sal que tienen una forma única, para darle un aspecto espeluznante y artístico a la imagen del lago termal en Carhué.

Pero también, es importante aclarar que la naturaleza acá no tuvo nada que ver. Fue la mano del hombre, como lo que estamos haciendo hoy en día con nuestro planeta. Fueron años de indolencia de las autoridades. en el descuido del mantenimiento de las obras de seguro de contención de los márgenes de la laguna, de modo que cuando ello pareció tarde ya fue demasiado tarde.

En medio de una catástrofe devastadora, afortunadamente, la tragedia no se cobró vidas y los ciudadanos pudieron ser evacuados y así, gran parte de los 1500 residentes de Villa Epecuén encontraron refugio en la localidad de Carhué, ciudad de cabera del partido.

Sin embargo, más allá del duro golpe que sufrió el pueblo, el pueblo siempre tuvo vida, ya van a ser casi cuatro décadas de que se inundó y al día de hoy sigue llevando turistas, dando trabajo, alegrías y muchas sensaciones. Es un lugar mágico, que sigue teniendo su fuente de recursos intacta, tiene sus aguas, sus propiedades de la tierra, certificado por los constantes análisis y estudios científicos que se mantienen.

Un día, lentamente comenzaron a retirarse las aguas
permitiendo paulatinamente ver los restos del pueblo.
(circa 2015).

Hoy, las aguas termales siguen “vivas” brindando sus mejores cualidades para la salud, en tanto la desaparecida Villa Epecuén, desde hace unos diez años ha vuelto a reaparecer, con su testimonio bello y fantasmal, convertido por propia curiosidad e interés de la gente, en un lugar para recorrer como Turismo Aventura, donde el agua, la sal y el tiempo dejaron grabada la impronta de las acciones del hombre y la naturaleza.

Cartel de bienvenida de la Secretaría de Turismo
con indicaciones a los visitantes.

 

Fuentes:
Simón de Aduriz, La nación.
https://www.termasdecarhue.com/historico/el-ferrocarril-en-carhue/

google: click acá

Imágenes de internet, créditos a quienes correspondan.

 

 

 

 

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