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13 de abril de 2023

La historia del Correo en el Río de la Plata (2da. parte)

La corneta de posta, también conocida como trompa de postillón, es un instrumento de viento-metal usada inicialmente para anunciar las salidas y llegadas de los transportes postales. En la actualidad, su figura sigue siendo empleada, como logotipo nacional del correo, en muchos países.

Por: Francisco Álvarez (El Recopilador)

Historias cercanas.
Halladas a la vuelta de una esquina.

Volvemos a decir que, todo el tráfico de correspondencia terminaba en Montevideo y a través de barcos de cabotaje, que además llevaban y traían mercaderías, o con goletas habilitadas especialmente para la carrera entre Montevideo y Buenos Aires, durante todo el siglo XVII y XVIII se transportaron pasajeros y correspondencia que de los barcos de ultramar llegaban a Montevideo.

Cuando se habilita el Puerto de Río Santiago, en lo que es la Ensenada de Barragán (que Barragán era el propietario de las tierras de esa zona) este se convierte en el puerto ideal para el tráfico comercial con Buenos Aires.

La correspondencia, desde Buenos Aires al interior era también un negocio aparte.

En la Estafeta del Puerto de Buenos Aires comenzaba la carrera de cartas hacia el interior del país. La ruta era: Buenos Aires, Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy, y entraban por la localidad Boliviana de Yaví y por La Quiaca.

Posta de Yatasto, provincia de Salta, en cercanías de Metán.  

 

Por vía de Jujuy se abordaba el lado chileno de Antofagasta, hacía el Pacífico,  -que era “el Camino de los Incas”- que seguía hasta La Paz, y después el camino al Perú, hacia el Alto Perú y luego directamente a Lima.
Es decir, que la correspondencia venía por dos lados a nuestro territorio hoy argentino. De Panamá, bajando por el Pacífico a Lima, por barco y luego entrando por el norte jujeño, y por el puerto de Buenos Aires.

Pero, lógicamente, la correspondencia de esta naturaleza estaba reservada a muy poca cantidad de gente, es decir, los que escribían eran comerciantes u hombres ilustrados, por lo tanto enviar un pliego, -lo que se llamaría hoy una carta-  resultaba relativamente oneroso porque no había transporte masivo de correo ni de caudales.

La correspondencia entre familia era escasa, casi nula. A ésta se la llevaba como favor especial,  a través de pasajeros o de viajeros. No había otro medio para que pudiera llegar a un costo aceptable.

Otra particularidad era que, el pago del porte no lo hacía muchas veces el remitente, sino el destinatario. Y entonces venían los grandes problemas, cuando llegaban las cartas y el destinatario no las recibía, porque no tenía como pagarlas. (Esto ocurría entre comerciantes, no entre particulares).

Esto se resuelve después, en 1837 con la creación de la ESTAMPILLA POSTAL ADHESIVA que inventa el inglés ROWLAND HILL, pagándose ya el porte desde el despacho de la carta.

6 de Mayo de 1840 sale, en la provincia de Corrientes,
a la circulación el primer sello postal argentino
-nuestra Estampilla-

 

Antes de la aparición del sello postal, cuando la pagaba el remitente, se le ponía un sello con la palabra –en español- “FRANCA”, que significaba “porte pago”.

El transporte de caudales y correspondencia, si bien era de alguna manera ciertamente rudimentario, también era perfectamente operado. Faltaba el transporte de pasajeros y ahí la cosa era mucho más complicada.

En general había pocos viajeros que lo hacían con el Correo, porque este no tenía una estructura de transporte, como lo podría ser hoy un medio habitual, como el colectivo.

Entonces, el pasajero –si tenía dinero- debía comprar el peaje, incluyendo carruaje y caballos correspondientes.

Una de las cosas más importantes que hicieron los españoles, que se mantuvo prácticamente hasta el siglo XIX, y que dio lugar directamente al nacimiento de numerosísimas poblaciones, fue el establecer lo que llamaron las POSTAS. (lugar donde se cambiaba de caballos, se atendía al viajero, se le daba de comer y pernoctaba).

Las POSTAS estaban ubicadas inteligentemente, distancia tal que podría cubrirse, sin que los caballos pudieran fatigarse tanto que reventaran. 

Corral para las tropillas de reserva en las postas.

 

Los caballos pertenecían a las postas -al Maestre de Posta-, hombre que tenía algunas obligaciones, como mantener una tropilla de caballos, suficientemente grande como para poder reponer a los viajeros que transitaban por la ruta.

Estos caballos iban entre una Posta y otra, junto con un “postillón” –ayudante que luego traía de regreso los animales a su original Posta-, ya sea con otro viajero o solo, al día siguiente, cuando los caballos estaban descansados.

La distancia que se cubría no excedía las cinco (5) leguas, en algunos casos excepcionales de zonas desérticas se podía hablar de diez (10) leguas (la legua es de cuatro (4) kilómetros; es decir, que hacer 5 leguas equivalía de 20 a 25 km., lo que podía soportar un caballo en una marcha rápida sin desgastarse totalmente. Cuando así ocurría –y ocurrió muchísimo durante nuestras luchas de la independencia- cuando los militares tomaban las tropillas para transportar a los soldados, o hacer cubrimientos de carreras con los “chasquis”, entonces los caballos quedaban tan extremadamente extenuados que terminaban inútiles, concluyendo en un potrero, muriendo de viejos o enfermos. Estos fueron históricamente conocidos como “caballos patrios”, porque  después de su mal uso ya no sirvieron para nada, porque ya los había “usado” la patria.   –Continuará-

 

 

Fuente: Recopilación del Prof. Roberto Guillaume.
Imágenes de internet, créditos a quienes correspondan.

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