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20 de septiembre de 2022

Proyecto de Presupuesto Nacional para 2023

CLAVES EN UNA PÁGINA

• Primer (¿y único?) presupuesto para Massa frente al Ministerio de Economía.

• Hay contrastes con el texto del año pasado. Hipótesis menos ambiciosas y tendencia hacia una mayor prudencia.

• La brújula es el programa con el FMI, que se propone respetar a rajatabla, en relación a los criterios de desempeño.

• Predomina la moderación fiscal. No hay nada parecido a un Plan Platita. Incluso se deja abierta la puerta a un eventual sobrecumplimiento en algunas metas.

• De lograr aprobarlo, Massa va a dar otro paso consistente en pos del Plan Llegar. • Con equilibrios delicados, otra señal inconsistente podría desatar una crisis.

• En este informe semanal analizamos el Presupuesto Nacional para el año 2023.

• Discutimos sobre la posibilidad de alcanzar los parámetros postulados y exponemos las prioridades del gasto, junto a la estrategia de financiamiento.

• Respecto a las proyecciones para 2022, mantenemos los números del informe anterior para todas las variables macro.

• Incorporamos una marca roja para la previsión de inflación 2022, atento a los magros datos de alta frecuencia para la primera parte del mes de septiembre.

• Por último, dejamos con indicador rojo la hipótesis de aumento del PBI, por las dudas sobre la robustez en el consumo.

 

EL ÚLTIMO PRESUPUESTO

Primer presupuesto del Ministro Sergio Massa. El texto está en línea con lo esperado para una administración con su impronta. En términos generales se nota más racionalidad en la fijación de los parámetros macro, y una compatibilidad plena con los lineamientos del programa EFF firmado este año con el Fondo. Como toda “Ley de Leyes”, la importancia fundamental del texto presupuestario está en marcar el esquema de prioridades relativas para el año de gestión. Así, el Gobierno jerarquiza determinadas partidas y consigna sus fuentes de financiamiento. No obstante, la mayoría de los debates en la opinión pública se terminan centrando en los parámetros macro, que suelen ser los más cuestionados en un entorno siempre volátil y difícil de pronosticar.

Entre los principales números del presupuesto se destaca la hipótesis de variación del PBI en el 2%, lo cual representaría la mitad de crecimiento que en este año. Motiva el recorte la desaceleración de algunos motores de la economía, tras la fase inicial del rebote post pandemia, y la escasez aguda de dólares que impide abastecer con suficiencia a los sectores productivos. Con todo tipo de restricciones, la tasa de crecimiento potencial se reduce.

Hoy el riesgo de crisis está principalmente explicado por las inconsistencias de carácter financiero. Un sector relevanta a seguir es el externo, donde se prevé una mejora del saldo del comercio a partir de aumentar exportaciones, con una reducción de importaciones en el margen. Más que por una vocación responde a la falta de reservas, y es un número compatible con la desaceleración esperada de la actividad.

En materia cambiaria, se pronostica una suba acumulada del 62,1% para 2023. Marca la voluntad del Ejecutivo de mantener el esquema de leves correcciones diarias sin salto discreto. En la descripción comentada de la política cambiaria tampoco trasunta una evaluación de cambio de régimen. Es esperable que el Gobierno siga disponiendo ‘trajes a medida’ para sectores exportadores, dando preferencias para aumentar el ingreso de dólares. Tampoco se descarta un nuevo parche para sacarse de encima demanda para pagar servicios.

En los primeros siete meses del año se erogaron más de U$S 3.800 millones por turismo y otros pagos con tarjeta, cifra que crecerá más a fin del año por el ‘efecto Qatar’. Sobre la inflación, el primer dato relevante es el sinceramiento del exorbitante nivel de 95% para este 2022. Se prevé una reducción de 35 puntos porcentuales el año próximo. Esta meta luce complicada dada la pasmosa persistencia del régimen de súper inflación. En cualquier caso, la fijación de este parámetro suele ser referencia como umbral para ajustar las partidas del gasto. Poner la traza en niveles más elevados podría desalinear expectativas y realimentar la inercia del proceso.

El gran fracaso del Gobierno en el plano económico fue no lograr contener la dinámica de precios. Sin entrar en diagnósticos profundos, los últimos diez años muestran los limitantes de las políticas graduales de consistencia macro para generar señales creíbles en el sector privado. Abordajes más ortodoxos y más heterodoxos han fallado casi por igual. Claro que un programa de shock implica costos indeseables que, a priori, nadie parece dispuesto a afrontar.

 

MENOS DÉFICIT, SIN AJUSTE

Fuera de lo paramétrico, el presupuesto 2023 dice mucho sobre el rumbo fiscal y la estrategia del Gobierno para encuadrarse en el sendero acordado con el FMI. Se refuerza el compromiso con las metas de evaluación del programa (déficit, financiamiento monetario y reservas) e incluso queda abierta la posibilidad de un sobrecumplimiento que acerque el bochín al equilibrio fiscal. De base, el trabajo sucio lo hará la reducción de trasferencias por subsidios a la demanda energética con el esquema de segmentación por consumo, que aportará 0,6 puntos del PBI, lo que representa la totalidad del monto a recortar para cumplir la meta.

Claro que todo lo demás no se mantendrá constante. En materia de gastos, se contempla un incremento de 0,1 puntos del PBI en las erogaciones de capital, alcanzando el nivel más alto desde 2017 y 0,5 puntos por encima del último año de gestión macrista. Por su parte, los gastos corrientes correrán alrededor de 5 puntos por debajo de la inflación, traccionados por la mencionada reducción en subsidios.

Desglosando las funciones del gasto más relevantes, se proponen achiques reales significativos en Transporte y Energía (-12,4%), Agricultura (- 6,7%) y Vivienda (-4,2%). En contraste, subirá la asignación de presupuesto contra inflación en Servicios de Deuda (+14,1%), Defensa (+6,9%), Salud (+6.2%) y Agua Potable y Alcantarillado (+1,5%).

La propuesta de Massa no puede ser simplificada como un ‘presupuesto de ajuste’. Hace equilibrio entre no frenar la economía en pleno año electoral, pero manteniéndose totalmente en cuadro del programa con el FMI.

Párrafo aparte para un punto novedoso. La separata de gastos tributarios invita al Congreso a discutir todos los beneficios impositivos que sectores específicos reciben a expensas de la sostenibilidad de las cuentas públicas. Entre los beneficios derivados de las normas específicas de los tributos hay filtraciones por 1,81 puntos del PBI, mientras que los derivados de regímenes de promoción económica escalan a 0,68 puntos del PBI.

Avanzar sobre estas exenciones y alícuotas reducidas no será fácil, porque siempre atrás hay algún lobby sectorial que buscará bloquear cambios con efecto económico progresivo. Implicaría un ahorro de 2,49% del PBI que permitiría, por caso, revertir el rojo fiscal en solo un año. Cualquier avance será importante y, en cualquier caso, vale poner el tema en el tapete.

Con todo, el primer presupuesto de Massa busca hacer equilibrio entre la prudencia, la viabilidad política y la necesidad de anclar expectativas a través de atarse al mástil del programa EFF con el FMI. Al no haber presentado hipótesis macro groseramente absurdas, mejora la probabilidad de generar acuerdos mínimos que permitan su aprobación. No parece conveniente para la oposición mantener una postura de bloqueo recalcitrante, ya con las elecciones a la vuelta de la esquina. Le daría a un Gobierno muy debilitado un argumento para la victimización.

Con todo, no deja de ser un presupuesto que se debe leer en el marco del ‘plan llegar’. Es lo mejor que puede ofrecer Massa para que las variables no se espiralicen y terminemos en un escenario de crisis severa. No es mucho, pero tampoco es poco para un Ejecutivo que hace menos de dos meses estuvo al filo del abismo…

 

Fuente: Consultora Sarandi

Twitter: @EconomiaSarandi

Instagram: @EconomiaSarandi

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