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31 de marzo de 2026

El dólar que preocupa al mercado y la inflación que no cede: las señales que inquietan a las empresas

Por: Carlos Rodriguez

Un dólar “incómodo”, proyecciones de inflación en alza y el impacto del shock petrolero global configuran un escenario que inquieta al sector privado. Mientras el mercado ajusta expectativas, el oficialismo enfrenta el dilema entre reservas, precios y empleo.

Un dólar “incómodo”, que se queda corto para los negocios en el exterior y resulta barato para las importaciones que reemplazan producción local, marca el pulso de la economía. El sector exportador proyecta un avance del tipo de cambio que el mercado ubica en torno a los $1.700 hacia fin de año y espera una baja de impuestos que aún no aparece en los planes oficiales. En paralelo, el Gobierno monitorea el riesgo de una inflación acelerada, impulsada también por la guerra en Irán, mientras intenta sostener su principal activo político frente a un escenario de desempleo en aumento.

Con la moneda estadounidense orbitando los $1.400, el sector privado advierte una pérdida de competitividad respecto del año pasado. El Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral, que mide la relación con los principales socios comerciales, pasó de 94 puntos en enero a 86 en la actualidad, luego de haber marcado 80 en marzo de 2025. Este descenso implica, en términos técnicos, que los bienes y servicios argentinos se encarecieron en dólares.

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El segundo trimestre aparece como una ventana clave para el Banco Central, impulsada por la liquidación de una cosecha gruesa récord y por la expectativa de mayores exportaciones energéticas en un contexto de precios internacionales en alza. Sin embargo, un dólar más bajo podría agravar la situación de distintos sectores industriales, que ya enfrentan costos crecientes y dificultades para sostener el empleo.

La inflación esperada se moderó a 33,5 por ciento anual, aunque la previsión para marzo se ajustó al alza hasta el 4 por ciento, reflejando tensiones que persisten en el frente de precios.

“Es hora de seguir acumulando reservas vía compras del Central para sostener el precio del dólar antes de que se siga derrumbando y nos saque más competitividad. El Estado después tiene que sacar impuestos para compensar”, planteó el CEO de una importante agroexportadora.

En el entramado productivo, la caída del consumo y la competencia de las importaciones profundizan la incertidumbre. “Está más fácil ser competitivo por insumos, pero el costo laboral sigue caro y el consumo sigue cayendo. Un dólar a $1.600 nos da mejor ganancia, pero le mete más presión a los precios”, explicó en off the record una fuente del sector metalúrgico.

Las proyecciones de la City porteña ubican al dólar en torno a los $1.707 para diciembre, en línea con la evolución esperada del Índice de Precios al Consumidor. Según estimaciones privadas, el tipo de cambio atravesaría una etapa de apreciación durante la primera mitad del año y recién moderaría esa tendencia en el segundo semestre, en caso de que cedan los precios internacionales de la energía.

Este escenario implica que la economía real absorberá gran parte de la mejora de competitividad lograda tras la devaluación del año pasado, lo que configura una fragilidad macroeconómica latente de cara al ciclo electoral de 2027. El sistema de bandas cambiarias, que ajusta por inflación, evita apreciaciones más profundas, pero al mismo tiempo “introduce cierta inercia inflacionaria y es vulnerable a shocks externos, ya que el techo de la banda hoy es sólo 20 por ciento más alto que el tipo de cambio actual”, advirtieron especialistas.

“Proyectamos una depreciación gradual acompañando la nominalidad de la economía, dentro de las bandas (1.760 ARS/USD para diciembre 2026 y 2.000 para diciembre 2027), con riesgo de volatilidad especialmente hacia el año electoral”, señalaron analistas bancarios.

En el frente internacional, el escenario se volvió más complejo. Las consultoras privadas comenzaron a revisar al alza sus previsiones inflacionarias ante un contexto que ya no responde a un ciclo de commodities, sino a un shock petrolero con impacto directo sobre los costos locales. En este marco, se estima que la inflación anual podría ubicarse entre el 28 y el 29 por ciento en 2026.

La presión externa se combina con una contracción de la oferta global y políticas monetarias más rígidas en el exterior. Los analistas proyectan que la inflación mensual se mantendrá por encima del 2 por ciento durante el primer semestre y que recién podría perforar ese nivel en la segunda mitad del año, siempre que el impacto energético comience a disiparse.

El efecto más inmediato se observa en los combustibles. El precio del barril de Brent incide directamente en las naftas locales, con un traslado estimado de 0,3 por ciento al Índice de Precios al Consumidor por cada 10 puntos porcentuales de aumento en el crudo. En apenas un mes de conflicto, los combustibles subieron más de un 20 por ciento, mientras el barril superó los 115 dólares y sin una perspectiva clara de resolución en Medio Oriente.

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