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1 de septiembre de 2022

Totoralejos un fantasma ferroviario en las Salinas Grandes

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Halladas a la vuelta de una esquina


Producido por Héctor Brondo.
Principiaba el año de 1993. La melancolía le pegó una bofetada en la cara y le invadió una sensación repentina de frío cuando echó llave, por última vez, a la puerta de la parada ferroviaria del que había sido el principal apeadero de las Salinas Grandes, en el lejano noroeste cordobés.
Los recuerdos se apiñaron en el andén para darle la despedida y sólo un vagón abandonado en vía muerta fue testigo del sollozo del hasta ese día jefe de la estación de Totoralejos.
Roberto Otilio Palacios –de él se trata– pensó que la tristeza no lograría torcerle el brazo, pero se equivocó.
Se acordó de aquella mañana de 1975 cuando su papá Luis “Goyo” Palacios le dio un abrazo de bienvenida a la familia del riel y lo invitó a subir al tren “Cinta de Plata”.
Debía controlar que el pasaje de la formación viajara en orden. Esa fue la primera tarea que le asignaron en la empresa estatal como auxiliar de Tráfico.

Totoralejos, en medio del desierto salino.
Queda poco de aquel caserío que alojó a unas 100 personas.

 

 

El convoy del Ferrocarril Belgrano –pintado de gris metálico con una guarda azul en los laterales, de allí su mote, Cinta de Plata– era un expreso de lujo que desde 1969 cubría el trayecto Salta-Buenos Aires.
Dejó de traquetear en 1992, al igual que “El Norteño”, su compañero de trocha. El coche de primera venía repleto desde Tucumán, quedaban pocos asientos en pullman y el único camarote libre se ocuparía en Deán Funes.
Allí se habían hecho tres reservas con destino final a Retiro, Capital Federal.

También Palacios trajo a la memoria las guitarreadas y bailes en el boliche de Taborda o en el de doña Angélica Soria. En esas pulperías se lucían los hermanos Eduardo y Lucho Torres, virtuosos guitarreros y cantores.
En el mostrador de esos bares, otros que acostumbraban a acodarse eran los braceros que extraían leña o fabricaban carbón en Palo Santo, el obraje más grande y famoso de la comarca. Lo propio hacían los peones y capataces de La Sirena, otra finca cercana.

En la primavera de 1993, Roberto Palacios y su hermano Miguel eran los únicos habitantes del caserío, que en su apogeo llegó a tener un centenar de vecinos.
Cinco meses antes de la mudanza del último jefe de la estación, se habían levantado la última cuadrilla de Vía y Obra y la escuela rural que funcionó durante décadas.

 

Canción de Totoralejos
Manuel J. Castilla, Gustavo Leguizamón

Totoralejos perdido por las salinas,
Totoralejos perdido por las salinas
te da con humos azules, la despedida.
Con un humito, niña, como un hilito.

Totoralejos soñando queda solito
Totoralejos soñando queda solito,
la sal le pone en sus manos sus espejitos,
sus espejitos, niña,
destrozaditos.

Totoralejos de tarde, chañar y tuna,
chañar y tuna,
por un hilito de humo vuelve a la luna
vuelve a la luna.

Totoralejos de noche, mira el silencio
mira el silencio
cuando por sus calles solas le llora el viento,
le llora el viento,
le llora el viento, niña,
su sentimiento.

Totoralejos, lejos…!

 

Fuentes: Texto, Héctor Brondo.
Imágenes de internet, créditos a quienes correspondan.

 

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