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EL CLIMA EN Buenos Aires

EL RECOPILADOR

11 de agosto de 2022

Barberos del ayer.

La clásica herramienta del barbero.

Por: Francisco Álvarez (El Recopilador)

Historias cercanas.
Halladas a la vuelta de una esquina.

En la antigua Buenos Aires del siglo XIX,  los barberos tenían múltiples ocupaciones: Enjabonaban la cara, afeitaban, colocaban sanguijuelas (que, al chupar la sangre, servían para quitar hematomas), hacían sangrías o atendían parturientas. A la vez, sacaban muelas y ponían ventosas cuando se les requería.

Según cuenta José Antonio Wilde, las barberías constaban de una sola pieza a la calle; las más lujosas ostentaban una puerta con vidriera. En esa puerta flameaba por regla general una cortina de zaraza de color, con grandes flores como estampado. Un sillón, una vasija para remojar las barbas y algunas toallas y peines no muy limpios completaban el equipo del local. En un rincón, una escoba y el habitual brasero que, sobre unos cuantos pedazos de carbón, mantenía caliente la pava de agua para la barba, y por supuesto, para el indispensable mate.

Casi todos los barberos de Buenos Aires eran pardos o negros. Nunca se cansaban de charlar y, como monsieur Levant, entretenían al parroquiano con sus cuentos y chistes y, obviamente, como sigue pasando en la actualidad, sabían vida y milagro de todo el mundo.

En aquellos años no se usaba la brocha para enjabonar la cara. El barbero movía con los dedos el jabón y el agua en una vasija hasta hacer espuma y luego, con la mano no muy limpia, la frotaba en la cara de su cliente. Metía los dedos entre sus labios y se prendía sin compasión de la nariz, elevándola cuanto podía e imprimiéndole laterales para afeitar con la navaja el labio superior.

Afeitarse no era algo sencillo, sino más vale bien incómodo y hasta doloroso. Con estos antecedentes, claramente no era cuestión de sufrir todos los días. Cuando ven los retratos de diferentes personalidades del siglo XIX, como Martín Miguel de Güemes, Leandro N. Alem, Aristóbulo del Valle, Nicolás Avellaneda, Luís Sáenz Peña y tantos otros, con largas barbas, ¿piensan que las dejaban crecer porque lucir ese look era la moda del momento?

En realidad sí, pero la moda cambiaría años después, justamente cuando surge la hojita de afeitar a principios del siglo XX.  La inventó en EEUU, en 1903, King Camp Gillette y su apellido no solo pasó a ser una marca, sino que con los años se volvería un genérico. ¿Quién las llama realmente hojitas de afeitar?

La hoja de afeitar y la maquinita inventadas por Gillette.

 

Gillette era un viajero que se afeitaba él mismo todos los días y ponía en peligro su cara, ¡y su integridad física!, cuando utilizaba la navaja en los movedizos baños de los trenes. Allí se le ocurrió la idea un producto que fuera usado pocas veces y desecharlo luego.

Kimg Camp Gillette

 

¿Quién fue Gillette?

King Camp Gillette fue un industrial estadounidense, quien nació en el año 1855 y falleció el 10 de julio de 1932. En 1895 inventó la maquinilla de afeitar de cuchilla desechable, mundialmente conocida por su nombre, cuya fabricación masiva inició en 1903 en su propia empresa, la Gillette Safety Razor.

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Archivo de El Recopilador
Fotos de internet; créditos a quienes corresponda.

 

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