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30 de mayo de 2022

1912: El paseo de la jirafa Mimí (de la vida de Clemente Onelli).

La caminata de la jirafa Mimí, desde el puerto hasta el Zoológico de Buenos Aires, de la mano de Don Clemente Onelli

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Con apenas tres frascos de “marrons glaces” y dos cajas de vino bajo el brazo, en 1888 se embarcó hacia el puerto de Buenos Aires el naturalista italiano Clemente Onelli.

Nacido en 1864 en Roma, pertenecía a una familia noble, con antiguas raíces en Italia. Veinticinco años después, de la fortuna familiar sólo quedaba el recuerdo, y el joven científico decidió venir a probar suerte a estas remotas latitudes.

“Al salir de Roma con el último cartucho –quince mil liras-, venía con la idea fija de poder hacer exploraciones en la Patagonia. (…) Pero como se me había dicho que el porvenir en estas tierras sería abrir comercio para productos italianos no conocidos, en mi ignorancia de estas cosas, alcancé solamente a traer dos cajas de muestras de vino de los Fratelli Giacobini, y, habiéndome dicho el propietario de la Confitería Ronzi y Singer, de la esquina de la Piazza Colonna, donde tomaba los vermouths, que aquí conocían los “marrons glacés”, me hice preparar tres tarros en almíbar…”, contaba Onelli en sus memorias años después.

Pero ni las botellas ni los “marrons glacés” llegaron a destino. En el mismo barco en el que cruzó el Atlántico conoció a unas artistas andaluzas, y el joven italiano, deslumbrado, brindó con ellas con el vino de los Giacobini y les convidó las castañas almibaradas que traía.

Por suerte, en Buenos Aires pudo relacionarse enseguida con los ámbitos académicos. Consiguió trabajo rápidamente en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata, fundado hacía cinco años por Francisco Pascasio Moreno, a quien Onelli acompañaría en la misión de delimitación de los límites con Chile en la Patagonia.

En 1904, el presidente Julio A. Roca lo designó director del Jardín Zoológico porteño, que sería su ámbito laboral, pero también su casa, por los próximos veinte años.

En 1912, llegó a la Dársena Norte del puerto un barco que, desde Hamburgo, traía un conjunto de animales destinados al Zoo. Entre los recién llegados se destacaba por su belleza, y sobre todo por su altura, de más de cinco metros, una elegante jirafa hembra. En el puerto, con su tradicional levita, corbata negra, cuello palomita y galera redonda, estaba Onelli, intentando resolver nerviosamente cómo trasladarían en chatas y carretones al animal hasta Palermo. El resto de los animales que venía desde el zoológico alemán fue cargado en ellos, pero la enorme jirafa no entraba en ningún vehículo.

Onelli, entonces, hizo atar un cordel al cuello del animal, que ya estaba algo amansado, y tomando del otro extremo de la cuerda, comenzó a caminar, encabezando una insólita caravana. Así llegó la jirafa Mimí, bautizada de esta manera por don Clemente, hasta la plaza Italia. Al otro día un gentío se reunió en el Zoológico, pugnando por conocer a la nueva habitante.

Los siguientes años encontraron al italiano en la cruzada de que los porteños visitaran el Zoo, y conocieran las diferentes especies animales que arribaban al paseo. La labor de Onelli rindió sus frutos, y se multiplicaría por diez la cantidad de visitantes.

La tarde del 20 de octubre de 1924, mientras Onelli viajaba en un taxi, se sintió repentinamente enfermo. A los minutos falleció, víctima de un síncope.

 


Fuente: Diego M Zigiotto, Buenos Aires libros y paseos.

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