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21 de abril de 2022

Como se comía, en la Buenos Aires de 1810?

Imagen de aquella española aldea virreinal llamada Buenos Aires.

Historias cercanas.
Halladas a la vuelta de una esquina.
Por Francisco Álvarez –El recopilador.

1810: Llegaban a estas tierras noticias de España, como que Andalucía había caído ante el invasor francés, que Fernando VII había sido apresado y en su lugar reinaba Luis Bonaparte;  En tanto que,  lejos aquí de alarmarse, la gente en el virreinato continuaba su tranquilo modo de vivir, mientras que por el otro lado, los revolucionarios preparaban la destitución del Virrey Cisneros y crear un nuevo modo de gobernarnos.

En ese contexto se nos ocurrió preguntarnos…
¿Y qué se comía en esas épocas aquí?
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Entonces se comía todo aquello que hoy conocemos como Cocina Criolla:  Sopa de arroz y de fideos – Puchero - Guisos diversos – Albóndigas - Estofado – Zapallitos rellenos – Asado - Matambre – Humitas –Locro – Empanadas – Carbonada.

Pero los usos y costumbres de esos días en la mesa –si la había- no se parecen demasiado a los de hoy. Como cubiertos, había solo algunas cucharas y cuchillos para compartir entre varios en la mayoría de las casas. Sólo entre los pudientes, había algunos tenedores que también pasaban de mano en mano, como también los escasos vasos.

Entonces lo habitual era comer con la mano, se usaba el cuchillo para cortar carnes y la cuchara para caldos o guisos. En las afueras de la ciudad los cuernos de vaca oficiaban de copas. Se utilizaban ollas de tres patas, puestas sobre leños, para hacer guisos y pucheros. También, se hervían carnes de distinto tipo o se asaban a las brasas.

En esa época en las viviendas no poseían muchos muebles y en algunas casas ni siquiera una mesa a la que sentarse a comer, que no era costumbre generalizada. Solían sentarse en el suelo o en algún banquito, los más acomodados quizá en alguna silla.

En las zonas de campo los gauchos cocinaban y comían al aire libre, ya que al rancho se lo tenía solo  como para dormir, aunque sí había algún fogón y matear era costumbre.
La carne se la asaba en una cruz de hierro, conocida en la actualidad como “T” donde sostener el costillar.

Las familias adineradas disponían de una habitación para cocinar, donde los esclavos eran los encargados de preparar la comida. En tanto para comer era utilizada otra habitación y los sirvientes comían en la cocina.

 

 

La vajilla era escasa, uno o dos vasos en la mesa que compartía toda la familia, igualmente pocos platos soperos donde, a veces tres o cuatro cucharas tomaban de un mismo plato. Incluso solía compartirse una cuchara entre 2 o 3.
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Cuando en 1806-1807 los ingleses invaden Buenos Aires, sus oficiales se alojaron en casas de familias criollas, donde cada uno de ellos usaba su propio vaso o copa, lo que además les permitía realizar una celebración desconocida: el brindis.

¿Y lo dulce?

Entre los sabores dulces que gustaban pobres y ricos, estaba la natilla a base de leche, huevo, azúcar o miel; Los alfeñiques o rosquitas de azúcar. El arroz con leche, los bocaditos de papa, los pastelitos de membrillo, la mazamorra, los buñuelos, la miel, las frutas. Los duraznos eran muy codiciados y en Mendoza los secaban y convertían en orejones, con lo que podían gustarlos tanto en invierno como en verano.

¿Y cómo era un día alimenticio
en la vida de aquella gente, en aquella época? 

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Para comenzar digamos que la gente era muy “matera” y ya al despertar a las 6 de la mañana se tomaba mate.
A las 8, café, o café con leche, con algún churrasco.
A las 9 o 10 se almorzaba, y finalizaba con mate.
La comida se servía de 2 a 3 de la tarde, (y mate).
Luego siesta entre las 4 y las 6… de 6 a 7 de la tarde otra vez mate y alguna merienda.
Y la cena, (según la posición social de la familia), a las  9, 10, 11 y aun 12 de la noche.
Si se cenaba temprano y acostaban tarde, en el entre tiempo, mate.
Los niños cenaban; y se les daba, algo más tarde, café con leche, leche sola, mate de leche o chocolate; esto se llamaba merienda.
Y entre tiempo y tiempo que no haya sido aquí cubierto… mate!

Y en las zonas netamente rurales (estancias) a lo dicho se agregaba que, la vida comenzaba a las 6 de la mañana con mate, a las 8 café y un churrasco, y mate, pudiendo agregarse aún una merienda extra a media mañana y otra merienda al atardecer (y no olvidemos que, cuando se podía… mate!); Con la extraña pregunta de, ¿cómo alternaban sus tiempos de trabajo y de comidas, teniendo en cuenta que comidas y meriendas eran servidas en “las casas”?

Por entonces, la hora aristocrática europea, de almorzar entre 11 y 1 (de la tarde) y de cenar entre las 6 y las 8 de la noche, aún no había llegado a esta parte del mundo.

¿Habría muchos gordos? No tanto, el clima y la ruda vida de aquellos tiempos también demandaba muchas calorías que, tengan por seguro eliminaban.

 

José A. Wilde.-

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