RINCóN LITERARIO
8 de noviembre de 2026
El bar de la esquina
Los viejos bares de barrio, algunos han desaparecido para siempre, otros resisten el avance de nuevas modas, pero se podría decir de todos que tenían una impronta propia y singular.
Sobre uno de estos bares, el más antiguo de Soldati, escribe hoy Vanesa Cornejo.
El bar de la esquina
Nunca supe su nombre, ni creo que nadie lo sepa, siempre fue el bar de la esquina de Tabaré, el bar frente al colegio, la gente del barrio ya sabe, ya lo conoce, fue el único por muchos años.
Me atrevería a decir que es el bar más antiguo de Soldati, con su toldo de chapa gris sucio y abollado, su vidriera donde seguramente alguien estuvo recostado y esperándote.
Desprende olor a fritanga y encierro, dos viejos leen el diario, discuten de futbol, el tiempo se detiene: el mostrador, la caja registradora, las mesas con sus manteles de papel, las porciones de pizza con fainá, las sillas de madera, el café negro, los ceniceros de chapa, todos cuentan parte de la historia del barrio.
Junto a una de sus ventanas, un día me senté con mi padre, él a tomar su vermut y yo un jugo desabrido de naranja con maníes, papitas y caracoles, que por supuesto los probé ese día y nunca más.
El Renault 4 verde estacionado en la puerta, mis zapatos Guillermina con medias tres cuartos, mi papa con su camisa impecable y sus zapatos de cordones que un gato destrozaba con placer, como en ese café La humedad donde con su barra de amigos jugaba al billar de muchacho.
Los bares de barrio tejen historias, disparan recuerdos, de amigos, de colegios, de novios y de algún tano llorando su rubio amor lejano.
VANESA CORNEJO
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