Domingo 4 de Octubre de 2026

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EL CLIMA EN Buenos Aires

RINCóN LITERARIO

4 de octubre de 2026

RICARDO SOULÉ

Como una despedida, como un homenaje, a este músico grande que acaba de partir, Sebastián Fontenla Gil, músico y quilmeño también él, escribe esta crónica.
Cuando Sebastián era un chico, Ricardo tocaba la guitarra en la iglesia, compraba en la misma panadería y caminaban las calles del mismo barrio. Este relato da cuenta de una época, de sus jóvenes y magníficos protagonistas, y de un hombre talentoso, espiritual y muy íntegro que se llamó Ricardo Soulé.

RICARDO SOULÉ

Cuando todo era nada y nada era el principio, ellos tomaron una decisión: intentaron cambiar el mundo. Así fue como un grupo de amigos, pibes de barrio, del conurbano zona sur, soñaron con ser estrellas del rock and roll. Formaron un grupo adolescente que duró más de cincuenta años. Junto a otros, que pensaban como ellos, sentaron las bases de la revolución cultural más importante de la segunda mitad del siglo XX. Pero lo mejor de esta historia es que el resultado fue mucho más importante de lo que ellos mismos pudieron haber imaginado. Primero fueron aventureros, luego pioneros, después ídolos y finalmente leyendas. ¿Los protagonistas? Willy, Rubén Basoalto, Juan Carlos Godoy y Ricardo Soulé. ¿Su legado? una de las obras más importantes de la música argentina de todos los tiempos. ¿Su nombre? dos palabras simples y directas como su rock, “Vox Dei”.

El pasado viernes 2 de octubre falleció Ricardo Soulé, con su partida se cierra un capítulo grande del rock nacional. Vox Dei formó parte de los “náufragos” de La Cueva, ese grupo de pioneros que se reunía en un sótano de la avenida Pueyrredón para dar rienda suelta a la creatividad. Por aquel reducto pasaron personajes de la talla de Tanguito, Miguel Abuelo, Luis Alberto Spinetta, Pappo, Litto Nebbia, Javier Martínez y Moris. Amparados bajo la presencia protectora de Sandro, los “cueveros” irrumpieron en la sociedad conservadora y la sacudieron en base a una libertad creativa inédita y contestataria. Influidos por el espíritu del mayo francés, el hippismo americano y la insolencia adolescente de los Beatles, de allí salieron grupos fundamentales como Los Gatos, Manal y Almendra.

Entre todos ellos, Vox Dei tenía un condimento particular: representaba la voz del gran Buenos Aires, del barrio, de la calle de tierra, el ferrocarril y el colectivo. Su postura era más dura, su sonido más pesado. Su versión del rock era contundente. Nacieron en Quilmes, donde las chimeneas de la cervecería llenaban las tardes de humo. Un lugar donde nunca pasaba nada. El horizonte era corto, la vida repetitiva y el máximo anhelo de la juventud era terminar el colegio y conseguir empleo en alguna fábrica. Pero ellos no estaban de acuerdo con ese destino ineludible. Formaron el grupo y comenzaron a viajar semana a semana a Buenos Aires para forjar su carrera. En 1969 editan su primer álbum: “Caliente”. Su título es toda una declaración de principios. En un país signado por la conflictividad describían una realidad cruda y sincera. “Quiero que lo sepas bien, no vengo a pedir favores”. Esta, la primera frase del álbum, los encuentra en pie de guerra mostrando una actitud desafiante frente a un mundo hostil en el que no tenían lugar. A lo largo de sus nueve temas se plantaron ante la sociedad gritando su inconformismo. De aquella etapa se desprende la canción Presente que junto a La Balsa, Muchacha Ojos de Papel, El Oso y Jugo de Tomate Frío, conforman los imbatibles de aquella generación.

El siguiente disco, La Biblia, es la obra cumbre del grupo, que convierte a Soulé, su autor, en uno de los grandes compositores de la historia de la música argentina. Aquella primera etapa del grupo se cierra con Jeremías Pies de Plomo y La Nave Infernal, para luego entrar en una incesante historia de idas y vueltas. Vox Dei pasó a la posteridad como uno de los grupos más importantes del rock fundacional. Un imprescindible de nuestra cultura.

Para quienes nacimos y crecimos en Quilmes, e intentamos forjar una carrera musical, Vox Dei fue el símbolo de la cima, aquello que todos aspirábamos lograr. Su ética artística y la coherencia musical con la que siempre se manejaron se convirtió en un valor indiscutible, un deber ser, una tradición que jamás se nos ocurriría traicionar. Ese fue el aporte más significativo que nos dejaron.

Ricardo Soulé fue un mito que caminaba por nuestras calles, una leyenda que salía a comprar el pan en la misma panadería a la que iban mi mamá o mi tía. Fue un héroe cotidiano, casi anónimo, que vivió siempre en el mismo barrio, compartiendo con los mismos amigos, tocando la guitarra los domingos en la parroquia, como uno más. Tan común, tan simple, tan genial. Un tipo que inventó todo y nunca hizo alardes de grandeza. Porque la genialidad no depende de la exposición, del dinero ni del estrellato, sino de ser uno mismo.

Ricardo Soulé fue un genio por su obra, pero sobre todo porque siempre fue parte de nosotros, quilmeño, bonaerense, rockero y argentino.

Tristemente, todo concluye al fin.

Gracias Ricardo, te vamos a extrañar.

SEBASTIÁN FONTENLA GIL

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