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18 de octubre de 2026
Empleo joven: siete de cada diez no tienen trabajo formal y crecen las dificultades para insertarse
La desocupación aumentó del 6,2% en 2023 al 7,9% en el segundo trimestre de 2026. Los jóvenes menores de 29 años son los más afectados por la informalidad, la precarización y las desigualdades educativas y sociales.
Las juventudes enfrentan cada vez mayores dificultades para acceder a un empleo registrado, estable y con derechos. Según los últimos datos de la Encuesta Permanente de Hogares, la tasa de desocupación pasó del 6,2% en 2023 al 7,9% durante el segundo trimestre de 2026, en un contexto marcado por la retracción de la actividad económica y por un mercado laboral con menor capacidad para generar puestos de calidad.
El deterioro no se expresa únicamente en el aumento del desempleo abierto. De acuerdo con la investigación *Deterioro y resquebrajamiento de la estructura social del trabajo en Argentina (2010-2025)*, la principal transformación se observa en la expansión sostenida de la informalidad, la pérdida de estabilidad y la caída de los ingresos. Si bien la economía continúa generando ocupaciones, lo hace con mayores dificultades para crear empleos registrados y con un crecimiento del autoempleo de subsistencia y de las microocupaciones informales.
Los menores de 29 años son uno de los grupos más afectados por esta situación. Diversos estudios señalan que suelen concentrarse en empleos temporarios, informales o de baja calificación, lo que vuelve más extensa y compleja la transición entre la educación y el trabajo. Entre los jóvenes también se registra una caída de la tasa de empleo y una mayor participación en actividades de baja calidad ocupacional, especialmente entre quienes cuentan con menor nivel educativo o viven en contextos socioeconómicos vulnerables.
El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina advirtió que siete de cada diez jóvenes de entre 18 y 25 años no tienen un empleo formal. La mayoría se distribuye entre ocupaciones precarias, trabajos irregulares o situaciones de desempleo, una realidad que limita el acceso a ingresos estables y reduce las posibilidades de construir una trayectoria profesional sostenida.
Las desigualdades sociales también tienen un peso determinante. En los sectores de menores ingresos, el empleo regular alcanza niveles considerablemente inferiores a los registrados en los estratos medios y altos, mientras que aumentan la informalidad y el desempleo prolongado. Por eso, las posibilidades de inserción no dependen únicamente de la formación o la experiencia individual, sino también del contexto familiar y social de origen. Las condiciones laborales de madres, padres o referentes cercanos pueden influir en el acceso a redes de contacto, recursos para buscar empleo y oportunidades de capacitación.
La educación constituye otro de los factores centrales. Según el informe *Jóvenes vulnerables en la Argentina: condiciones de vida, creencias y expectativas sobre el futuro*, elaborado por la Universidad de Buenos Aires, la mayoría de los jóvenes consultados considera que continuar estudiando es una herramienta para mejorar su calidad de vida y ampliar sus oportunidades. Sin embargo, las dificultades económicas obligan a muchos a interrumpir sus estudios o a combinarlos con empleos precarios, lo que afecta tanto su formación como sus perspectivas laborales.
En este escenario, el empleo joven aparece condicionado por una combinación de factores económicos, educativos y sociales. Garantizar puestos de trabajo de calidad, con estabilidad, ingresos suficientes y derechos laborales constituye uno de los principales desafíos para una generación que encuentra cada vez más obstáculos para alcanzar su autonomía y proyectar su futuro.
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