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13 de octubre de 2026
¿Puede un Presidente decir cualquier cosa sin rendir cuentas? Milei admitió una posible corrida y exageró los fondos para enfrentarla
Javier Milei aseguró que el Gobierno cuenta con 125.000 millones de dólares para enfrentar una eventual corrida cambiaria, aunque la cifra incluye préstamos no otorgados, proyecciones de ingresos y fondos que no son de libre disponibilidad. Además, negó la salida de Luis Caputo.
El presidente Javier Milei admitió que durante el último año de su gestión podría producirse una corrida cambiaria, aunque aseguró que el Gobierno cuenta con 125.000 millones de dólares para enfrentarla. Sin embargo, el monto anunciado reúne recursos que no están disponibles para una intervención inmediata, préstamos que todavía no fueron otorgados, estimaciones de ingresos futuros y fondos sujetos a distintas restricciones.
La declaración se produjo en la misma entrevista en la que el Presidente negó las versiones sobre una posible salida del ministro de Economía, Luis Caputo. Milei calificó esos rumores como “una canallada” y “una traición a la Patria”, y sostuvo que “hay que estar completamente loco para pensar que Caputo va a salir del Gobierno”.
La afirmación presidencial volvió a poner en primer plano el estilo de comunicación de Milei, caracterizado por descalificaciones, acusaciones y cifras presentadas sin explicar con precisión su composición. En lugar de ofrecer información detallada sobre la situación financiera, el mandatario respondió con ataques contra quienes difundieron las versiones sobre el ministro y convirtió una discusión económica en una disputa política.
La desmentida sobre Caputo se conoció antes del viaje que el ministro realizará a Bangkok para participar de la Asamblea conjunta del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. El funcionario tiene previsto reunirse con la titular del FMI, Kristalina Georgieva, y con autoridades de otros organismos internacionales.
Uno de los objetivos centrales del viaje será avanzar en la tercera revisión del acuerdo vigente con el Fondo Monetario Internacional, que contempla un desembolso pendiente de aproximadamente 869 millones de dólares. Caputo viajará acompañado por autoridades del Banco Central en un momento de fuertes dudas sobre el rumbo cambiario y la disponibilidad real de reservas.
Las versiones sobre su continuidad también aparecieron después de una reunión de gabinete a la que Caputo no asistió. En ese encuentro participó el financista Alberto Ades, un operador argentino de Wall Street vinculado con bancos internacionales y cercano al Presidente, quien expuso sus opiniones sobre la necesidad de aplicar una fuerte corrección cambiaria, es decir, una devaluación.
La presencia de Ades y sus planteos sumaron tensión dentro del equipo económico. Mientras el Gobierno intenta sostener la idea de que el programa marcha de acuerdo con lo previsto, distintos sectores advierten que el esquema cambiario enfrenta desequilibrios y que la falta de dólares puede convertirse en un problema decisivo durante el año electoral.
En ese contexto, Milei aseguró que el Gobierno dispone de 125.000 millones de dólares para enfrentar una eventual corrida cambiaria. La cifra, sin embargo, difiere en 50.000 millones de dólares de la que había mencionado días atrás el propio Caputo, quien había hablado de 75.000 millones.
La diferencia surge de la decisión de Milei de sumar al cálculo 25.000 millones de dólares correspondientes a préstamos garantizados por organismos internacionales que todavía no fueron otorgados y que están destinados a refinanciar vencimientos. Por lo tanto, no son fondos disponibles para intervenir de inmediato ante una corrida.
El Presidente también incorporó 20.000 millones de dólares correspondientes a un saldo estimado de la balanza comercial. Se trata de una proyección de ingresos que todavía no se concretó y que, por esa razón, no puede ser considerada una reserva líquida al alcance del Gobierno.
A esa cuenta agregó otros 5.000 millones de dólares que eventualmente ingresarían por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones. Una vez más, se trata de una expectativa futura y no de recursos disponibles en las arcas oficiales.
Incluso la cifra de 75.000 millones de dólares mencionada por Caputo incluye fondos que no pueden utilizarse libremente. Allí aparecen 20.000 millones correspondientes al swap firmado con Estados Unidos y otros 20.000 millones vinculados con el swap con China.
El acuerdo con China no representa una suma de libre disponibilidad absoluta, ya que sus fondos están destinados principalmente a determinados pagos internacionales, en especial operaciones relacionadas con el comercio exterior. Presentar ese dinero como si se tratara de reservas listas para ser utilizadas en cualquier circunstancia simplifica de manera engañosa la realidad financiera.
El cálculo también incorpora unos 20.000 millones de dólares estimados a partir de las compras netas de divisas realizadas por el Banco Central durante la actual gestión. La pregunta que queda sin responder es si la totalidad de esos fondos se encuentra efectivamente disponible y depositada para ser utilizada en caso de una corrida.
Los 15.000 millones restantes provienen de contratos de dólar futuro. Sin embargo, esas operaciones se realizan en pesos y funcionan como seguros de cambio para fechas determinadas. No representan una acumulación de divisas ni una reserva física de dólares, sino un mecanismo financiero que puede postergar o cubrir obligaciones futuras.
La única parte consistente del argumento presidencial es la comparación entre la base monetaria total y el volumen de dólares que, según Milei, sería necesario para contener una corrida. El mandatario sostuvo que la base monetaria equivale a unos 30.000 millones de dólares y que una intervención de aproximadamente la mitad de esa cifra podría ser suficiente.
Pero ese cálculo no alcanza para despejar las dudas. La base monetaria no es el único elemento que determina la presión cambiaria, y la situación de las reservas, las obligaciones externas, los vencimientos y la confianza en el programa económico también resultan decisivas.
Milei no solo reconoció la posibilidad de una corrida cambiaria, sino que intentó transmitir tranquilidad mediante una cifra inflada con recursos que no están asegurados ni disponibles en su totalidad. El problema no es únicamente que el Presidente utilice números discutibles: es que esos anuncios pueden generar falsas certezas en un contexto económico que exige información precisa y responsabilidad institucional.
Mientras el Gobierno insiste en que cuenta con los dólares suficientes para enfrentar cualquier turbulencia, las diferencias entre las cifras de Milei y Caputo dejan expuesta la falta de una explicación clara sobre el verdadero respaldo del programa económico. Si los fondos existen, la administración debería detallar cuáles están disponibles, cuáles tienen restricciones y cuáles todavía dependen de decisiones futuras.
La defensa pública de Caputo tampoco despeja las dudas sobre las internas dentro del equipo económico. El viaje del ministro al exterior, la ausencia en una reunión de gabinete y la participación de asesores que reclaman una devaluación muestran que el Gobierno enfrenta discusiones profundas sobre el rumbo de la política cambiaria.
A pesar de eso, Milei aseguró que Caputo y el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, ya trabajan en los planes electorales de 2027. El Presidente también se mostró confiado en una nueva victoria de La Libertad Avanza y en una mejora de su representación parlamentaria.
La proyección electoral contrasta con el escenario económico que el propio Gobierno reconoce. Si existe la posibilidad concreta de una corrida, si se discute una devaluación y si el ministro de Economía debe ser defendido públicamente frente a rumores de salida, resulta difícil sostener que el programa funciona sin mayores dificultades.
La cuestión central no pasa por determinar si Milei dice cosas extrañas o formula declaraciones desconcertantes, sino por exigir que el Presidente informe con seriedad sobre la situación económica. La salud mental no puede utilizarse como explicación política ni como insulto, pero las contradicciones, las exageraciones y las cifras sin respaldo suficiente sí deben ser analizadas y cuestionadas.
El Gobierno tiene la obligación de explicar cuántos dólares puede utilizar realmente, cuáles están comprometidos, qué préstamos fueron aprobados, qué ingresos son solo proyecciones y qué parte de los fondos corresponde a instrumentos que no pueden emplearse libremente. Sin esa información, los 125.000 millones de dólares anunciados por Milei funcionan más como una consigna tranquilizadora que como una garantía concreta frente a una eventual crisis cambiaria.
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