INTERNACIONAL
21 de septiembre de 2026
Groenlandia: la anexión silenciosa detrás del acuerdo de seguridad
Washington dice respetar la soberanía danesa, pero el pacto le otorga veto sobre inversiones y presencia militar indefinida. Analistas advierten que es el primer paso hacia el control total.
El acuerdo de seguridad entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia, anunciado el 18 de septiembre de 2026, otorga a Washington el "control permanente" de la seguridad de la isla, según declaró Donald Trump. Dinamarca, en cambio, afirma que el pacto "reconoce la soberanía y la integridad territorial" de Groenlandia.
La contradicción no es un malentendido diplomático. Mientras Trump describe el acuerdo como "de vida indefinida, no tiene fin", la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, evita calificarlo de "vigencia indefinida". El comunicado conjunto señala que el pacto deberá pasar por procedimientos parlamentarios, una demora que Dinamarca presenta como garantía pero que no altera la lógica de fondo.
"Todo lo que queda es retórica falsa y básicamente muchas mentiras sobre el Ártico", afirmó el analista Mike Crawley, de CBC News, tras calificar el giro de Trump como un "U-turn". Según Crawley, tras renunciar a la fuerza militar, los argumentos de Washington para el control quedaron expuestos como débiles.
El acuerdo establece que "ningún adversario de EE.UU. puede tener una base en Groenlandia, tener presencia militar en Groenlandia, o hacer inversiones sensibles en Groenlandia, sin nuestra aprobación expresa por escrito". Dinamarca y Groenlandia objetaron fuertemente esta cláusula durante las negociaciones, pero finalmente fue incluida.
"Si el acuerdo se basa en la creación de bases 'soberanas', traería problemas legales a largo plazo", advirtió un analista de Chatham House. El modelo, similar a las bases británicas en Chipre (Akrotiri y Dhekelia), que representan el 3% del territorio chipriota, permitiría a EE.UU. adquirir soberanía sobre enclaves militares.
Antes del acuerdo, la administración Trump exploró un Compacto de Libre Asociación (COFA), el modelo que ya aplica con Micronesia, las Islas Marshall y Palaos. Según Breaking Defense, el COFA permitiría a EE.UU. "obtener los beneficios estratégicos que busca en Groenlandia sin anexión y sin arriesgar una ruptura en la alianza transatlántica".
The Economist reveló que funcionarios estadounidenses intentaron negociar directamente con Groenlandia, saltándose a Dinamarca, pero recibieron una negativa. El acuerdo de septiembre puede interpretarse como el paso previo al COFA: primero el control sobre la seguridad, después un estatus de "libre asociación" que formalice la dependencia.
En el terreno, los hechos ya avanzan. Trump anunció que EE.UU. comenzará "de inmediato" el proceso para establecer una "gran presencia militar". El Pentágono planea abrir tres nuevas bases en el sur de Groenlandia, además de la Base Espacial Pituffik, y recuperar antiguos emplazamientos de la Guerra Fría como Narsarsuaq y Kangerlussuaq.
El acuerdo prohíbe explícitamente la presencia de bases de cualquier país que no sea miembro de la OTAN, consolidando el monopolio militar estadounidense sobre la isla.
Como señaló el analista Henri-Paul Normandin, Trump "se está echando atrás en cierta medida porque Europa está reaccionando con tanta fuerza". Pero eso no significa que haya renunciado a su objetivo: simplemente cambió de táctica.
La pregunta ya no es si Estados Unidos planea anexar Groenlandia, sino cuánto tiempo tardará el "control permanente" en convertirse en soberanía de facto, y si Dinamarca tendrá la capacidad —o la voluntad— de detenerlo.
Por Sandra Sosa
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