INTERNACIONAL
17 de septiembre de 2026
Yemen: de las reservas petroleras al epicentro de la peor crisis humanitaria
La toma del estrecho de Bab al-Mandab y las islas Hanish por Ansaralá redefine el equilibrio geopolítico regional mientras más de 21 millones de yemeníes dependen de la ayuda humanitaria.
La captura de la isla de Perim (Mayún) y las islas Mayor y Menor Hanish completa el control total de Ansaralá (también llamados Hutíes) sobre el estrecho de Bab al-Mandab, una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta por la que transita dos tercios del petróleo saudí.
La ofensiva, iniciada el 3 de septiembre, permitió al movimiento yemení tomar en pocos días los puertos de Moca y Zubab, además de 5.400 kilómetros cuadrados en las provincias de Hodeidah y Taiz, expulsando a las fuerzas respaldadas por Arabia Saudita.
El analista geopolítico Alfredo Jalife-Rahme describió este avance como una "prueba nuclear metafórica". "El futuro de los '2 Yemen' se encuentra en el epílogo de la 'guerra de los puertos y aeropuertos' entre Ansaralá y Arabia Saudita, lo cual definirá parte del control del estrecho de Bab al Mandab", advirtió.
El costo humano es devastador: más de 21 millones de personas requerirán asistencia humanitaria en 2026, 18,3 millones sufren inseguridad alimentaria aguda y 2,2 millones de niños menores de cinco años padecen desnutrición. El PIB per cápita se desplomó de 1.430 dólares en 2014 a solo 384 dólares en 2026.
El profesor Mohammad Marandi, de la Universidad de Teherán, rechaza que Ansaralá sea un "proxy" iraní: "Ansar Allah en Yemen derrotó la ofensiva genocida que los estadounidenses ayudaron a los saudíes. Y un proxy no gana tales guerras", ha declarado.
La unificación de Yemen del Norte y del Sur en 1990 estuvo motivada en parte por el descubrimiento de reservas petroleras estimadas en hasta 10.000 millones de barriles. Sin embargo, Arabia Saudita nunca vio con buenos ojos la fusión y desde 1932 apoyó "la realidad de múltiples Yemens" para mantener su influencia.
El conflicto actual se remonta a 2014, cuando Ansaralá tomó Saná, y a marzo de 2015, cuando una coalición liderada por Arabia Saudita y respaldada por Estados Unidos lanzó la operación
"Tormenta de Firmeza". Marandi califica esa intervención como un "error de cálculo" cuyas consecuencias aún se despliegan.
La economía yemení se ha contraído más del 50% desde el inicio de la guerra. Las pérdidas acumuladas desde 2015 se estiman en 126.000 millones de dólares. Solo el 59% de las instalaciones de salud están plenamente funcionales, y el país importa alrededor del 90% de sus alimentos.
Solo en lo que va de septiembre, al menos 125.000 civiles han sido desplazados por la renovada ofensiva, y la ONU ha verificado 40 bajas civiles —ocho muertos y 32 heridos—, siendo mujeres y niños la mitad de las víctimas fatales. El coordinador de ayuda humanitaria de la ONU, Tom Fletcher, liberó 9 millones de dólares de emergencia para los desplazados.
El control de Bab al-Mandab, sumado al dominio iraní del estrecho de Ormuz, limita la capacidad de Arabia Saudita para exportar petróleo, con el consiguiente impacto en los precios globales del crudo.
Mientras la comunidad internacional observa el reordenamiento geopolítico, más de 40 millones de yemeníes sobreviven en el país más pobre del mundo, atrapados entre la guerra y el silencio global.
Por Sandra Sosa
Lee la nota completa ingresando en https://contrapunto-sandra-sosa.blogspot.com/2026/09/yemen-el-pais-que-paso-de-tener.html
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