26 de julio de 2026
Un Día Distinto
Una fantasía, una sorpresa, una amarga revelación, cualquiera de estas posibilidades puede tener lugar en nuestra vida si una mañana al despertar caemos en la cuenta que hemos sufrido un cambio de género. Con gracia y humor, Lucía López Rodríguez relata un posible devenir.
UN DÍA DISTINTO
Aquella mañana desperté y el espejo de mi baño no mentía, aunque mi mente se negara a creerlo. Lo que reflejaba no era la mujer que dedicaba cuarenta minutos a su rutina de cuidado facial; en su lugar, me miraba un tipo con una mandíbula marcadísima, hombros el doble de anchos que los míos y una barbilla con una sombra oscura de tres días.
Toqué mi cara buscando mis delicadas facciones, pero mis dedos ahora eran gruesos, torpes y rudos. Hablé para constatar si mi tono de voz también había cambiado. Escuché un fuerte vozarrón intimidante. Mi pecho, ahora completamente plano, tenía vello en los lugares donde nadie imagina que puedan llegar a crecer. Lejos de entrar en pánico, decidí aprovechar el día y hacer exactamente todo lo contrario a mi ultra-femenina rutina habitual.
Me metí en la ducha y usé el mismo jabón para cuerpo, rostro y cabello. Salí del baño con el pelo húmedo, acomodándolo solo con los dedos en dos segundos. Agarré un par de pantalones cualquiera del suelo y una camiseta arrugada. Metí las llaves, la billetera y el teléfono sueltos en los bolsillos. Tomé un tazón de café negro y comí un sándwich de pie. Me rasqué con total libertad y sin ninguna elegancia.
Caminé por la calle a zancadas ruidosas, sin preocuparme por cuidar la postura. Oriné de pie al costado de la ruta a las apuradas. En la oficina me di el gusto de comer como un troglodita y guiñarle un ojo a la compañera que siempre me cayó mal.
Al final del día, extrañé un poco mis brillos y mis perfumes, pero no pude negar que vivir sin preocuparse por los detalles había sido extrañamente liberador.
LUCÍA LÓPEZ RODRÍGUEZ
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