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17 de abril de 2026

Alarma en las pymes: denuncian que el plan Caputo destruye empleo y pone en jaque a la clase media

Por: Carlos Rodriguez

Empresarios advierten que el orden macroeconómico convive con una crisis profunda en la economía real. Caída del empleo registrado, consumo en retroceso y falta de crédito configuran un escenario que amenaza con fracturar el tejido productivo.

El derrumbe del empleo registrado en medio de la crisis de las pequeñas y medianas empresas encendió señales de alarma en el entramado productivo, que comienza a advertir con mayor intensidad sobre los efectos colaterales del plan económico impulsado por el Gobierno de Javier Milei.

Si bien en el sector privado existe un consenso en torno a la necesidad de ordenar las variables macroeconómicas como condición para estabilizar la economía y contener la inflación, un bloque creciente de empresas sostiene que ese enfoque está generando un daño profundo en la microeconomía. La falta de generación de empleo formal aparece como uno de los indicadores más preocupantes, con impacto directo en la clase media.

Desde distintos sectores productivos señalaron que el modelo actual avanza a “dos velocidades”, con un frente macroeconómico que muestra signos de ordenamiento, pero con una economía real que se deteriora rápidamente. En ese contexto, empresarios advirtieron que la ausencia de “diálogo” y de “consensos”, sumada a un “desprecio” por el desarrollo de un modelo productivo basado en la generación de empleo, está alineando a actores clave del empresariado en una postura crítica hacia el diseño económico del ministro Luis Caputo.

En parques industriales y polos fabriles del interior del país, el diagnóstico coincide en describir una situación crítica. La actividad muestra señales de contracción sostenida y las empresas enfrentan un “cuello de botella asfixiante”, producto de la suba de costos operativos y logísticos en un escenario de fuerte retracción del consumo.

Desde el sector advirtieron que “la estructura y la fortaleza de las pymes se ha resentido bastante”, en un contexto donde el “pase a precios ha sido muy limitado”. La pérdida del poder adquisitivo impide trasladar aumentos, lo que obliga a las empresas a absorber costos, deteriorando su capital de trabajo y generando niveles crecientes de capacidad ociosa.

Frente a este panorama, el presidente del Movimiento Nacional Pyme (Monapy), Alejandro Bestani, reconoció el valor de estabilizar la economía, aunque cuestionó la falta de una visión integral. “Evolucionar económicamente con mucha inflación es casi imposible”, sostuvo, pero advirtió que el enfoque actual resulta insuficiente.

En ese sentido, utilizó una metáfora contundente para describir la situación: “Esto es pretender que el cuerpo esté sano porque solamente atendés los huesos y todo el resto no importa. La economía es un conjunto, tenés que trabajar sobre las dos variables”.

El impacto de este esquema no se limita a los indicadores económicos, sino que también alcanza a la estructura social. Desde el sector pyme sostienen que la desatención de la microeconomía constituye un golpe directo a la movilidad social ascendente, al afectar la principal fuente de generación de empleo.

Mientras algunas actividades extractivas o financieras son señaladas como beneficiarias del modelo, con bajo impacto en la generación de puestos de trabajo, las pymes —históricamente motor del mercado interno— enfrentan un escenario de creciente fragilidad. “El aporte nuestro fundamental es a la clase media, porque se logra con empleo y eso es lo que no estamos pudiendo generar en estas condiciones”, afirmó Bestani.

Las críticas también alcanzaron a la reciente reforma laboral, que fue cuestionada por el sector por haber sido elaborada sin participación efectiva de las pequeñas y medianas empresas. Desde distintas cámaras industriales denunciaron la ausencia de una consulta “específica, seria y sistemática” y señalaron que el Gobierno negoció “con la misma gente que la ha hecho siempre”, en referencia a grandes estudios jurídicos, sectores sindicales tradicionales y funcionarios estatales.

Según los empresarios, el resultado es una normativa que no aborda los problemas estructurales que dificultan la contratación formal. En ese punto, apuntaron al peso de las cargas sociales como uno de los principales obstáculos.

“Si vos pagás entre 55% y 60% de cargas sociales, por cada dos trabajadores pagás tres sueldos. O sea, nosotros pagamos tres sueldos por la productividad de dos personas”, explicó Bestani, y concluyó: “No podemos contratar gente así. No se van a contratar”.

Este esquema, advirtieron, no solo desalienta la creación de empleo, sino que también perpetúa altos niveles de informalidad, que actualmente abarcan entre el 40% y el 50% de la economía.

A la presión impositiva y la caída del consumo se suma una política de apertura comercial que genera preocupación en el sector industrial. Empresarios señalaron que, mientras otros países avanzan en estrategias para proteger su producción, la Argentina impulsa una globalización que podría debilitar aún más el aparato productivo local.

En ese marco, consideraron que reemplazar producción nacional por importaciones es “una locura” que, además, podría incrementar la demanda de divisas. “La globalización es, en realidad, una batalla de cada país por fijar el empleo y los salarios en su país”, sostuvo Bestani, quien advirtió: “Lo peor es que estamos importando salarios de otros países y los perdemos acá”.

El acceso al financiamiento es otro de los factores que agravan la situación. Empresarios señalaron que el crédito productivo es, en la práctica, “imposible”, lo que impide sostener inversiones y limita las posibilidades de crecimiento.

Esta falta de financiamiento mantiene paralizados numerosos proyectos en lo que el sector denomina “Stock de Proyectos Reprimidos”, una cartera de iniciativas vinculadas a ampliaciones, nuevas líneas de producción y generación de empleo que no pueden concretarse.

Ante este escenario, desde el sector industrial reclaman un cambio de enfoque en la política económica, con mayor pragmatismo y atención a la producción. La propuesta pasa por “soltar un poco algunas variables” para evitar que el equilibrio fiscal y la estabilidad cambiaria se logren a costa de la desaparición de empresas.

En esa línea, también cuestionaron el atraso cambiario y su impacto en la competitividad exportadora. Como alternativa, plantearon la posibilidad de tolerar niveles levemente superiores de inflación a cambio de reactivar la actividad económica.

“Tal vez hablar menos de la inflación, digerir un poco más, algún punto más de inflación, pero con más nivel de actividad”, propuso Bestani, al tiempo que consideró que esa flexibilización “probablemente se compense con más empleo y más recaudación”. “No hay magia en esto”, concluyó.

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