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11 de abril de 2026

Los profesores argentinos divididos entre el interés y la inquietud

Por: Carlos Rodriguez

Un estudio de 2025 muestra la ambivalencia de los profesores argentinos, que oscilan entre la necesidad de formación y la inquietud ante la llegada de una tecnología que ya les ha obligado a modificar su práctica.

La escena se remonta a comienzos del curso pasado. La profesora del Instituto Superior de Formación Docente N°45 "Julio Cortázar" de Buenos Aires Cecilia Verdicchio pidió a sus estudiantes un comentario de un ensayo del educador y filósofo brasileño Paulo Freire. Al corregirlos, identificó tres conceptos que se repetían prácticamente en todos los trabajos, ninguno de los cuales abordaba la temática del ensayo en los términos en los que lo hacía el autor. Era evidente que, en lugar de leer el texto, la mayoría de los alumnos había respondido utilizando la IA. Tiempo después, la institución que dirige Cecilia, el colegio primario Alas de El Palomar, una localidad del Gran Buenos Aires, tomó la decisión de prohibir el uso de teléfonos en clase, sumándose así a la iniciativa de otras localidades y provincias argentinas.

En el colegio Tomás A. Edison, situado en la provincia de Mendoza, al oeste del país, la rectora Graciela Bertancud llega a la misma conclusión: muchos alumnos presentan sus trabajos completamente hechos con IA. Sin embargo, en vez de prohibirla, decidió hacer justamente lo contrario: desarrollar un enfoque crítico de cara a esas tecnologías. “En nuestra institución la IA no está prohibida, al contrario, incentivamos su uso, pero todas las evaluaciones finales son orales. Les dejamos usar todos los dispositivos y herramientas, pero en su evaluación tienen que argumentar cómo las han usado: si se usó, para qué se usó y en qué los benefició”, explica.

Inquietudes vivas

Esta diferencia de enfoque, que atraviesa todo el sistema educativo, desde primaria hasta la Universidad, ilustra perfectamente los sentimientos contradictorios que inspira la inteligencia artificial entre los profesores. Publicado en julio de 2025, el estudio titulado “Educación e IA: riesgos y proyecciones” pone en evidencia esta ambivalencia.

Según el informe, elaborado por Centro de Investigaciones Sociales de la Universidad Argentina de la Empresa, junto a la Organización de Derechos Humanos Voices!, parte de los encuestados estima que la IA es una herramienta que permite aportar una ayuda personalizada a los alumnos en dificultad y aliviar las tareas administrativas, si bien un 72% exige capacitación docente y un 77% teme una erosión de las competencias de los alumnos y la pérdida de habilidades para entrenar el pensamiento crítico.

La irrupción de la IA generativa suscita vivas inquietudes entre los docentes
“La irrupción de la IA generativa suscita vivas inquietudes entre los docentes, en especial acerca de la forma de evaluar”, confirma Flavia Costa, investigadora Adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y autora del libro Tecnoceno: Algoritmos, biohackers y nuevas formas de vida

¿Cómo apreciar el trabajo de un alumno si hay duda sobre su autoría? Para Flavia Costa las soluciones técnicas de detección de fraude no son la solución. “En algunos países algunas instituciones superiores están invirtiendo en software para detectar los fraudes. Sin embargo, no es lo que nuestra cultura académica tiende a hacer, y creo que es una buena decisión no entrar de inmediato en esa espiral de las empresas de ‘crear el problema y vender la solución’. Nuestra prioridad no es tanto la evaluación como el aprendizaje”, explica la investigadora que también llama la atención sobre la falta de fiabilidad de los contenidos elaborados por la IA.

El placer de aprender

Ante los avances espectaculares de la IA generativa, muchos docentes han adaptado su forma de enseñar. Alejandro Dujovne, sociólogo, investigador y profesor universitario de la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales de Buenos Aires, es uno de ellos: “Hasta hace un par de años solicitaba y esperaba trabajos finales con una revisión bibliográfica y planteos más o menos acabados, con una escritura precisa y clara”, explica. Sin embargo, ahora trata de cultivar en ellos el placer de la reflexión. “Hoy prefiero que sean ejercicios de reflexión abiertos en torno a los propios temas de investigación, espacios de preguntas, hipótesis, conexiones de ideas posibles que estén escritos desde la impronta personal, contando cómo y porqué se llegó ahí, y qué se quiere con eso. El objetivo de ese cambio, no es solo desincentivar el uso de la IA, sino que conecten con el trabajo intelectual”.

En la escuela Cristo Rey, dirigida por Marcela Barrionuevo en la localidad Tres de Febrero, en la provincia de Buenos Aires, la IA se aborda como objeto de reflexión en clase, particularmente a través de la literatura. “Una de las historias que hemos leído, ‘Nave a Tierra’, del escritor Martín Blasco, habla sobre una persona que está viviendo en un mundo donde la inteligencia artificial manda, pero su curiosidad lo lleva a buscar fuera de ese mundo. Los docentes debemos incentivar ese mirar afuera. Le podemos pedir a la IA que nos escriba un cuento o una poesía, pero nunca va a lograr el sentir del que escribe”, explica Marcela.

El docente va a cambiar su rol para acompañar al alumno como ninguna máquina lo puede hacer

El debate sobre la evolución del papel del docente acaba de empezar. “Posiblemente, debamos atravesar un momento de experimentación colectiva que esperamos que nos resulte instructivo a todos”, analiza Flavia Costa. Pase lo que pase, la educación tiene una dimensión humana que hace que los profesores sean irremplazables.

Ninguna tecnología te puede empoderar, te empodera otro humano. Creo que en eso el docente va a cambiar su rol para acompañar al alumno como ninguna máquina lo puede hacer, vinculando lo emocional con el desarrollo de las habilidades blandas que se necesitan para comunicarse, adaptarse y estar con los otros”, sentencia Graciela Bertancud.

Algo que Cecilia Verdicchio resume en una fórmula: “Ningún robot ni inteligencia artificial podrá reemplazar nunca la mirada tranquilizadora de un profesor o una mano en el hombro de un niño acompañada de un 'confío en vos'”.

Fuente: https://courier.unesco.org/

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