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14 de enero de 2022

¿VACUNARSE O NO VACUNARSE CONTRA EL COVID19? (por Dr. Pablo R. Bedrossian)

Primero fue el Covid19, así a secas, luego la variante delta y ahora la ómicron[1]. La cuestión es que la pandemia se ha extendido mucho más allá de lo previsible y crece la sospecha que es un virus creado (o modificado) en un laboratorio debido a que los primeros casos se detectaron en Wuhan donde la República Popular China tiene su famoso Instituto de Virología. Si surgió de allí y no se trató de una malintencionada prueba del virus como arma biológica -recordemos la guerra comercial que China y Estados Unidos libran-, se les escapó la tortuga.

No cabe duda del uso político que algunos gobiernos han hecho de la pandemia. Obligaron a un estricto confinamiento a sus ciudadanos en nombre de un bien mayor, violando en algunos casos garantías constitucionales e incluso transgrediendo ellos mismos, sus familiares y amigos las normas que dictaron celebrando fiestas a espaldas del pueblo[2].

Pero en nada esa manipulación invalida la realidad del virus cuya letalidad es mucho mayor que el de la gripe en las poblaciones de riesgo y que se ha cobrado millones de vidas[3].

 

EL VIRUS

Los virus constituyen un caso especial dentro de la naturaleza. Son porciones de ADN o ARN recubiertos por una proteína que solo se replican cuando invaden las células. Se sirven de estas células huésped para multiplicarse produciendo efectos dañinos para la salud. Son más pequeños y totalmente diferentes a las bacterias, que son células vivas que se agrupan en colonias dentro del organismo y pueden ser destruidas por los antibióticos.

 

Los coronavirus (familia a la que pertenece el Covid19) reciben su nombre porque se los observa rodeados de una envoltura proteica con saliencias redondeadas que les otorga cierto aspecto de corona. Su genoma está formado por porciones de ARN de gran tamaño. A esto debe agregarse que los virus mutan. Una mutación es un cambio en la secuencia del ADN o ARN. Los virus al replicarse dentro de las células hacen copias de sí mismos que a veces presentan alteraciones. Algunas de estas mutaciones pueden producir nuevas cepas que potencian su letalidad.

LAS VACUNAS

Ante las infecciones, los seres humanos producimos sustancias para defendernos; generalmente son proteínas conocidas anticuerpos[4] y células, como los famosos linfocitos T. En ocasiones, ante infecciones graves para la cual no hay tratamiento, se inyectan sueros, que son líquidos que contienen anticuerpos ya formados, listos para actuar[5]. A diferencia de los sueros, las vacunas no proveen anticuerpos, sino que estimulan su producción. Las vacunas antivirales se fabrican en base a virus atenuados o muertos y también, desde hace unos años, de acuerdo a novedosos diseños de ingeniería genética.

 

Una vacuna efectiva para una cepa puede no serlo para otra, por esa razón, por ejemplo, las vacunas para la gripe cambian año a año. Las vacunas no siempre evitan la enfermedad, pero, al estimular la producción de anticuerpos, tras unos días el cuerpo se encuentra mejor preparado para enfrentarla, resultando en infecciones más leves, aunque, desde luego, puede haber excepciones.

Para el Covid19 se han desarrollado vacunas con ambas metodologías:

  • Vacunas de vector viral: Vacunas como la de Janssen[6] y AstraZeneca se elaboran incorporando material genético del virus del Covid19 en virus no patógenos[7]. Al suministrarse la vacuna, dicho material genético ingresa en las células de la persona vacunada donde “ordena” la producción de una proteína S, similar a la que tiene el virus del Covid19 pero inofensiva, que, a su vez, induce la producción de anticuerpos específicos y linfocitos que servirán para combatir el virus.
  • Vacunas de ARN mensajero: Vacunas como las de Pfizer y Moderna, utilizan ARN mensajero genéticamente modificado para “ordenar” a las células del paciente la producción de la proteína S para inducir la producción de anticuerpos específicos contra el virus. Es importante resaltar que luego de dar las instrucciones para la producción de proteína S, el ARN mensajero se degrada inmediatamente; no ingresa al núcleo de las células, donde se encuentra el ADN, por lo que no modifica la información genética del receptor.

 

LA INVESTIGACIÓN

La investigación farmacológica requiere que en primer lugar un principio activo se estudie en animales (fase 0). Generalmente se prueba en dos especies inferiores de mamíferos y en una superior para verificar que no produzca mutaciones genéticas, ni tumores, y que la formación de los embriones durante el embarazo no se vea afectada. Si no se detectan alteraciones, la droga se prueba en voluntarios sanos (fase 1) y se estudia su farmacocinética (cómo el organismo afecta al fármaco) y su farmacodinamia (cómo el fármaco afecta al organismo).

 

Superada exitosamente esa etapa se prueba en pequeñas poblaciones de enfermos (fase 2) para validar su eficacia y seguridad. Luego esa prueba se hace extensiva a grandes poblaciones de enfermos (fase 3), generalmente en estudios multícéntricos que incluyen a algunos miles de pacientes. Si no aparecen efectos adversos severos, finalmente se lanza al mercado y se le da un seguimiento llamado farmacovigilancia (fase 4). Por ejemplo, las graves alteraciones sobre los miembros causadas por la talidomida a principios de los ’60 se detectaron en la fase 4, luego de haberse comercializado masivamente. Todo este proceso, desde el patentamiento de una molécula hasta su lanzamiento, toma un promedio de diez años[8].

Debido a la repentina aparición del Covid19 este proceso se realizó en forma acelerada y, al menos hasta donde conocemos -si estamos equivocados, apreciamos que alguien nos corrija y acerque los datos- al momento de ser lanzados no se había completado la fase 3, lo que indica que no se conoce con certeza los efectos adversos más frecuentes en el corto y mediano plazo. Esto debería ser informado a la población (es conocida la solicitud de blindaje legal por parte de los fabricantes de vacunas por eventuales demandas en los países donde se utiliza sus vacunas) pues una persona no puede ser obligada a recibir una vacuna contra su voluntad y menos aún si ignora los riesgos inherentes y eventuales de su aplicación. El médico debe exponer al paciente de una manera clara y comprensible cuál es su estado de salud y el tratamiento a seguir, detallando los beneficios y riesgos que implique recibirlo y también los de no recibirlo. Esto forma parte de los derechos del paciente quien debe dar su aprobación verbal o escrita que se conoce como consentimiento informado[9]. Además, tal como sucede con cualquier otro medicamento, siempre se correrá el riesgo de padecer efectos adversos solo detectables en la fase 4.

 

LOS RIESGOS

Todos los medicamentos entrañan riesgos por lo que deben suministrarse solo si son necesarios. Quien escribe esta nota ha visto paros cardiacos por dipirona (principio activo también conocido como metamizol, cuyo nombre comercial más famoso es Novalgina®), un caso de edema de glotis al apoyar una paciente una tableta de penicilina en su lengua y hemorragias digestivas por el uso de aspirinas. Hay personas que han muerto tras la aplicación de la vacuna de la gripe o desarrollado síndromes gripales severos, que son de alto impacto en la salud de los ancianos. Desde luego las vacunas contra el Covid19 entrañan riesgos. Como hemos visto, debido a la necesidad de combatir el virus se han lanzado al mercado acelerando los tiempos lo que conlleva un riesgo adicional, debido a que no se conocen adecuadamente los efectos adversos que las nuevas vacunas pueden producir.

 

LAS DECISIONES

Sin embargo, en mi opinión esta condición no constituye por sí misma razón suficiente para negarse a recibir una vacuna debido a un hecho mucho más evidente y abrumador: el riesgo de contraer la enfermedad y exponerse a la muerte es mucho más alto que el de padecer un efecto secundario severo por vacunarse. Del mismo modo, es muchísimo más alta la probabilidad de desarrollar inmunidad con la vacuna que morir a causa de ella. En mi caso, no conozco ninguna persona que haya muerto por la vacuna, pero sí a varios que han muerto a causa del virus que se habían negado a vacunarse.

También es falso equiparar el Covid19 a la gripe. La prestigiosa revista médica The Lancet Respiratory Medicine publicó un estudio comparativo realizado en Francia que comparó la mortalidad de 89,530 pacientes con Covid19 entre el 1 de marzo y el 30 de abril de 2020 frente a 45,819 hospitalizados con gripe estacional entre el 1 de diciembre de 2018 y el 28 de febrero de 2019[10]. La mortalidad hospitalaria fue 16,9% para pacientes con Covid19 (15,104 de 89,530) y 5,8% para pacientes con influenza (2,640 de 45,819). Esto pone en evidencia que desde el inicio el Covid19 mostró ser tres veces más mortífero que la gripe estacional en pacientes hospitalizados.

Finalmente, hay una razón más para vacunarse: Si Ud. decide no hacerlo y se infecta corre el riesgo de contagiar a sus familiares y a todos aquellos con los que entra en contacto; con la vacuna se reduce el riesgo de contraer la enfermedad y de dañar involuntariamente a los que lo rodean.

En base a lo expuesto, saque cada uno sus propias conclusiones, pero, por favor, no decida en base a supuestas conspiraciones o a lo que postean personas sin formación científica que creen saber más que quienes la tienen simplemente porque no están de acuerdo con ellos. No deje que las emociones dominen sus decisiones.

© Pablo R. Bedrossian, 2022. Todos los derechos reservados.  

El autor de esta nota es médico, M.N. 62,209, graduado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.


AGRADECIMIENTO

Agradezco a la Dra. Silvia Chevel, colega y amiga, por su revisión de este artículo y sus útiles observaciones que han sido incorporadas al texto.


REFERENCIAS

[1] Ha habido otras cepas más. Para entender los nombres, se puede leer el artículo  “De alfa a ómicron: por qué las variantes de COVID-19 tienen nombres griegos”, por Dena Bunis, 29/11/2021, cuya traducción se encuentrahttps://feeds.aarp.org/salud/enfermedades-y-tratamientos/info-2021/nombre-variantes-cepas-de-covid.html?_amp=true

[2] Un triste caso es el del presidente argentino Alberto Fernández que el 14 de julio de 2020 celebró el cumpleaños de su pareja Fabiola Yáñez con amigos cuando por el DNU 576/2020 del 29 de junio, firmado por él, quedaba “prohibida la circulación de las personas alcanzadas por la medida de ‘distanciamiento social, preventivo y obligatorio’” mientras tanto, en el mismo país, Pablo Musse fue impedido por la fuerza de ver a su hija Solange que moría de cáncer debido a las mismas restricciones.

[3] Entendemos que algunos niegan la existencia del virus o lo equiparan al de la gripe, pero las evidencias científicas y estadísticas indican lo contrario, como lo expondremos más adelante. El trabajo de Ritchie, Hannah; Mathieu, Edouard; Rodés-Guirao, Lucas; Appel, Cameron; Giattino, Charlie; Ortiz-Ospina, Esteban; Hasell, Joe; Macdonald, Bobbie; Beltekian, Diana; Dattani, Saloni; Roser, Max (2020–2021). «Coronavirus Pandemic (COVID-19)». Our World in Data. Retrieved 17 December 2021, habla de 5,3 millones muertos de Covid desde su surgimiento. Según una publicación de la Organización Mundial de la Salud de 2017 que elevó las cifras previas, la estimación de muertes respiratorias debido a influenza estacional se encuentra entre 290.000 y 650.000 anuales. La publicación se titula precisamente “Estimación de muertes respiratorias debido a influenza estacional 290.000 – 650.000 anualmente” y puede descargarse en línea.

[4] Generalmente son gammaglobulinas.

[5] Por ejemplo, el suero antirrábico que se obtiene de caballos que han sido infectados con el virus en el laboratorio con el propósito de que generen anticuerpos contra dicho virus.

[6] Nombre del laboratorio de Johnson & Johnson.

[7] No patógenos: que no producen enfermedad.

[8] Para los que quieren conocer más del tema de nuevos medicamentos, pueden leer nuestro artículo “Mitos y tendencias de nuevo medicamentos”, revista Pharmaceutical Management nº 34, p.22, 2014. Para leerlo hay que registrarse online en el website de la revista (existe la opción de suscripción gratuita) http://pharmaceutical-management.com/ .

[9] Por ejemplo, en Argentina está vigente la Ley 26529 que rige sobre este tema.

[10] Petersen, Eskild, “COVID-19 is not influenza”, The Lancet Repiratory Medicine, 17/12/2020; el artículo puede leerse en https://www.thelancet.com/journals/lanres/article/PIIS2213-2600(20)30577-4/fulltext

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