Científicos del CONICET abren camino para medir uno de los grandes misterios del Universo: la materia oscura
Descubrieron su posible manifestación en “fallas” en el detector de ondas gravitacionales LIGO.
Descubrieron su posible manifestación en “fallas” en el detector de ondas gravitacionales LIGO.
¿Quién no se ha detenido a inhalar profundamente el olor que percibe cuando, en una tormenta de verano, las primeras gotas de lluvia golpean el suelo seco?
A través de una tecnología que combina el diseño de microARNs artificiales con vectores virales, lograron prevenir y revertir en modelos experimentales la acumulación de la proteína Tau patológica, causante de enfermedades como el Alzheimer, la demencia frontotemporal y ciertas formas atípicas de parkinsonismo.
El científico del CONICET Daniel Alonso participó del desarrollo de esta iniciativa, que busca ser un aporte para el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas contra tumores en humanos. La nueva herramienta ya fue utilizada en un trabajo publicado en Nature que aborda las relaciones específicas entre un importante oncogén y el desarrollo de cáncer en diferentes tejidos.
Especialistas del CONICET y de la UBA consiguieron, en estudios in vitro, estabilizar proteínas defectuosas asociadas a la ataxia de Friedreich, un trastorno degenerativo que aún no tiene cura. El trabajo, que forma parte de una línea de investigación que cuenta con un subsidio internacional, abre nuevas posibilidades terapéuticas.
Se trata de restos excepcionalmente bien preservados de un diminuto dinosaurio carnívoro del período Cretácico. El descubrimiento, protagonizado por paleontólogos del CONICET y colegas de Estados Unidos, se publicó en la prestigiosa revista Nature.
El hallazgo de este blanco terapéutico, identificado por especialistas del CONICET y de la Fundación Instituto Leloir, sienta bases para el diseño de futuros tratamientos contra infecciones agudas de esta enfermedad que afecta al ganado, animales domésticos y a medio millón de personas por año a nivel mundial.
El proyecto busca realizar aportes que mejoren la calidad de vida de quienes habitan territorios polares, así como fortalecer la presencia científica en el Atlántico Sur. El 22 de febrero se conmemora la primera ocupación argentina en ese continente.
Mary Ellen Jones fue una de las bioquímicas más influyentes del siglo XX, reconocida por sus hallazgos fundamentales sobre el metabolismo y la síntesis del ADN. Su trabajo contribuyó a entender cómo las células fabrican componentes esenciales de la vida, y no solo revolucionó la bioquímica básica, sino que sentó las bases para gran parte de la investigación moderna sobre el cáncer. Fue una defensora incansable de las mujeres y las minorías en el ámbito científico.
El equipo portátil, liderado por investigadores del CONICET y de la UBA, determina concentraciones de fosfato en suelo, agua y también muestras humanas lo que puede facilitar el diagnóstico de algunas enfermedades. Es más económico y práctico que los métodos tradicionales, y podría ser utilizado en laboratorios, empresas agrícolas y otras entidades. Actualmente, el sistema está siendo evaluado para su comercialización y patente.
Amelia Frank fue una física que estudió el magnetismo desde la mirada de la mecánica cuántica. Casada con el físico teórico y Premio Nobel de Física 1963 Eugene Wigner, trabajó con el físico John van Vleck, Premio Nobel de Física 1977. Su fallecimiento prematuro malogró una prometedora carrera en el ámbito de la física cuántica.
Ser una mujer independiente, con un negocio exitoso basado en un invento propio y, además, triunfar en Wall Street. Todo ello lo consiguió la química norteamericana Hazel Gladys Bishop.
Producido a partir de carbón activado modificado con sales metálicas, se podría aplicar tanto en sistemas de filtrado doméstico como industrial. Ya fue probado a nivel de laboratorio de acuerdo con la normativa de ANMAT.
Ese cambio de paradigma es postulado por un estudio internacional del que participan especialistas del CONICET. Sugieren que un núcleo compacto y superdenso de materia oscura (componente principal del universo) podría generar una atracción gravitatoria similar a la de un agujero negro.
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