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ECOLOGIA

25 de marzo de 2021

Inundaciones y sequías. Relación con las lluvias y la conservación del ambiente.

El Ing. Agrónomo Oscar Michelena nos alerta sobre la importancia de la lluvia y la necesidad de regular sus efectos racionalmente para evitar la continua degradación de los suelos.

Las inundaciones y sequías son fenómenos catastróficos que afectan frecuentemente al mundo produciendo muertes humanas y cuantiosos daños materiales 
En el movimiento del agua en la tierra (ciclo hidrológico), la lluvia constituye el principal aporte de agua en forma líquida.

 

Características de la lluvia

La  lluvia se comporta como un núcleo de tormenta circular, donde es más intensa en el centro y va disminuyendo en intensidad  en forma radial. Este núcleo de tormenta es dinámico y se desplaza sobre la superficie de la tierra, hacia distintas direcciones y con diferente velocidad. Por este motivo es tan difícil su pronóstico.

De la lluvia son importantes algunas características:

1) Cantidad: cantidad de milímetros o litros de agua, caídos durante una lluvia.

2) Intensidad: cantidad de milímetros o litros de agua, caídos en un cierto tiempo (minuto, hora). La intensidad es muy variable durante una misma lluvia. En este sentido hay desde lloviznas muy suaves hasta chaparrones muy intensos. En general a mayor intensidad de la lluvia hay un mayor tamaño de las gotas (de 0,5 hasta 5 mm de diámetro)

3) Duración: tiempo que dura una tormenta (minuto, hora).

La lluvia tiene una energía determinada dada por el tamaño de sus gotas, su velocidad y altura de caída. Esta energía “potencial” de la lluvia se traduce en un “trabajo” en el impacto con el suelo, su destrucción y el posterior arrastre de sedimentos a través de la pendiente, hasta llegar a la zona baja o curso de un río.

 

Aporte de agua de la lluvia

La República Argentina tiene una superficie de 280 millones de hectáreas, de las cuales, el 60 por ciento es árida, 15 es semiárida y sólo el 25 por ciento es húmeda. La región árida necesita el agua de riego para la producción agropecuaria. La región húmeda, y especialmente, la semiárida, necesitan del agua de lluvia. De aquí la importancia de la llamada “cosecha” del agua de lluvia para la producción agropecuaria.

Las lluvias aportan grandes cantidades de agua. Un milímetro de lluvia significa un litro de agua en una superficie de un metro cuadrado. En este sentido, una lluvia mediana de 10 mm aportará 100 mil litros en una superficie de una manzana.

El agua de lluvia, al llegar a la superficie del terreno, tiene dos posibilidades: a) Infiltrarse y quedar almacenada en el suelo. Esta agua estará disponible para los cultivos y la vegetación en general, y b) Escurrir a través de la pendiente del relieve, produciendo la erosión de las tierras y la inundación de las partes bajas, con daños para los campos, poblaciones e infraestructura.

La forma de cosecha de este enorme volumen de agua se consigue reteniéndola almacenada en la tierra, disponible para la producción y mitigando la sequía, evitando que escurra, erosione los suelos y produzca inundaciones.

 

La cuenca hidrográfica

Para entender el origen de las inundaciones y sequías es necesario conocer el concepto de cuenca hidrográfica. Es una superficie terrestre, delimitada por una divisoria de aguas, que determina que bajo una lluvia, el escurrimiento del agua sea hacia un curso único  o río. En esta sentido de habla de la cuenca del río Paraná, Reconquista o simplemente la pequeña cuenca del arroyo Morón. Cada  cuenca tiene características físicas y biológicas propias tales como: tamaño, relieve (pendientes), uso de la tierra (suelo desnudo, bosques, cultivos, pastos, viviendas), entre otras.

Bajo una lluvia determinada, la cuenca responde con un escurrimiento del agua que fluye desde las partes más altas hacia las bajas para llegar al curso de agua (rio, arroyo).Esta dinámica determina la posibilidad de inundaciones o grandes sequías.

Bajo continuas lluvias torrenciales sobre la cuenca, se produce gran escurrimiento de agua a través de las pendientes del relieve, el ascenso rápido del nivel del agua en el rio, desbordes e inundaciones de las áreas bajas. En las áreas montañosas produce crecidas torrenciales y deslizamientos de tierra, con severos daños a la infraestructura como puentes, carreteras y vías férreas. Caso contrario, durante los períodos de ausencia de lluvias, los ríos permanecen con bajo nivel o secos.

Hay condiciones climáticas locales y regionales, que determinan que la cantidad de lluvia sea muy variable a través del tiempo, dando lugar a fenómenos de excesos (inundaciones) y déficit (sequías).

El origen de inundaciones o sequías, depende además de la lluvia, de las características de la cuenca o superficie geográfica donde ésta cae, y de su conservación o degradación.

 

Degradación del ambiente

Las cuencas naturales o silvestres tienen bosques o praderas, que constituyen una protección contra el efecto destructor de las fuertes lluvias y de las inundaciones.

La degradación o alteración del medio ambiente de las cuencas, a través de la deforestación, quema, explotación agropecuaria descontrolada, producen inundaciones, y con frecuencia la alternancia de períodos inundaciones/sequías. Además, junto con el agua se transportan grandes cantidades de sedimentos valiosos (nutrientes) provenientes de las tierras altas.

De esta forma, millones de toneladas de sedimentos bajan anualmente de las partes montañosas de Bolivia hacia los ríos Pilcomayo, Bermejo, Paraguay y finalmente el río Paraná,

que son depositados en el delta del Paraná y en Río de la Plata. Por este motivo es necesario el dragado frecuente del puerto de Buenos Aires.

 

Medidas de atenuación de sequías e inundaciones

Teniendo en cuenta los conceptos vertidos sobre la lluvia, la cuenca y el movimiento del agua sobre la superficie del terreno, existen sistemas y prácticas de conservación del agua y los suelos, para mitigar o aliviar las inundaciones o las sequías. Estas prácticas pueden ser agronómicas, forestales o estructurales (terrazas, pequeños diques, embalses). En general se usan combinadas.

Si bien es imposible controlar las lluvias, se puede modificar su impacto sobre la superficie del terreno. El principio básico es captar y mantener en el suelo el agua de lluvia en el lugar que cae, evitando que pueda escurrir y producir erosión hídrica y daños.

Hay sistemas de uso conservacionistas de las tierras agropecuarias, para conservar el agua de lluvia en el suelo. La tendencia en el mundo es reducir el número de labranzas de las tierras, que destruyen los suelos hasta llegar a la llamada labranza cero representada por la Siembra Directa, donde la Argentina es una de las pioneras en el mundo desde hace más de cincuenta años. Consiste en la siembra de cultivos sin arar la tierra, permitiendo una cubierta vegetal permanente que protege el suelo del impacto de la gota de lluvia. Como complemento, en las áreas en pendiente se construyen estructuras llamadas terrazas, de banco en áreas montañosas o simples de tierra que cortan la pendiente del relieve, reduciendo la velocidad de escurrimiento del agua de lluvia. Esto permite que el agua se almacene en el suelo y no lo erosione. Las terrazas de banco se utilizan mucho en el noroeste del país y las de tierra en la región pampeana.

Todas estas medidas de protección agroforestales, pueden complementarse con medidas ingenieriles, mediante la construcción de diques (embalses, represas), espigones y muros protectores de márgenes, que regulan las crecidas y protegen a las ciudades y las áreas próximas a los ríos.

 

Ingeniero Agrónomo Roberto Michelena

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