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24 de octubre de 2026

La economía argentina quedó al borde de una nueva recesión: qué pasó con la actividad y cuáles fueron los sectores más golpeados

Por: Carlos Rodriguez

La actividad económica cayó un 1,7 por ciento interanual en agosto y apenas avanzó un 0,1 por ciento respecto de julio. Con el segundo trimestre en terreno negativo, septiembre será clave para determinar si el país acumula dos trimestres consecutivos de contracción.

La economía argentina volvió a mostrar señales de debilidad en agosto y quedó cerca de ingresar en una nueva recesión técnica. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), registró una caída del 1,7 por ciento en comparación con el mismo mes de 2025 y una mejora mensual de apenas el 0,1 por ciento respecto de julio.

El resultado estuvo lejos de la recuperación que necesitaba la actividad para compensar el retroceso del mes anterior, cuando la economía había caído un 2,9 por ciento frente a junio, según los datos consignados en el informe original. Además, diez de los quince sectores relevados por el organismo estadístico registraron bajas interanuales, una señal de que las dificultades alcanzaron a buena parte de la estructura productiva.

La preocupación se concentra ahora en el desempeño del tercer trimestre. Entre abril y junio, la economía había registrado una contracción del 0,6 por ciento respecto del trimestre anterior. Si el período comprendido entre julio y septiembre también termina con una caída, Argentina habrá acumulado dos trimestres consecutivos de retroceso, condición que habitualmente se utiliza para definir una recesión técnica.

Para evitar ese escenario, la actividad de septiembre debería mostrar un repunte mensual extraordinario, cercano al 2,8 por ciento, de acuerdo con las estimaciones planteadas en el material de referencia. Se trata de una recuperación exigente, especialmente después de la escasa mejora registrada en agosto y de la fuerte contracción de julio.

Aunque el acumulado de los primeros ocho meses del año todavía presenta un crecimiento del 1,2 por ciento frente al mismo período de 2025, la evolución mensual refleja un panorama más complejo. La combinación de retrocesos en sectores importantes, dificultades en el consumo y una recuperación desigual mantiene abiertas las dudas sobre la solidez de la actividad económica.

De confirmarse una nueva recesión, sería otro episodio dentro de una extensa sucesión de crisis que atravesó la Argentina desde comienzos del siglo XXI. El país pasó por períodos de contracción durante diferentes gobiernos, en contextos marcados por devaluaciones, restricciones cambiarias, dificultades de financiamiento, conflictos políticos, crisis internacionales y una pandemia.

Uno de los episodios más profundos comenzó en 2001, durante el gobierno de Fernando de la Rúa, y se extendió hasta 2002, ya bajo la presidencia de Eduardo Duhalde. El final de la convertibilidad, el corralito bancario, el incumplimiento de la deuda y la devaluación provocaron una crisis económica y social de gran magnitud. Durante 2002, el producto bruto interno cayó un 10,9 por ciento, con fuertes consecuencias sobre el empleo, la pobreza y los ingresos de los hogares.

En 2008 y 2009, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, la crisis financiera internacional volvió a afectar la economía argentina. La caída de la demanda externa, las dificultades de la industria y una importante sequía perjudicaron la actividad productiva. Años más tarde, entre 2011 y 2012, las restricciones a la compra de divisas, las dificultades para importar y el debilitamiento de la economía brasileña condicionaron nuevamente el crecimiento.

Entre 2013 y 2014, la economía volvió a enfrentar tensiones cambiarias, aceleración de los precios y pérdida de poder adquisitivo. La devaluación de enero de 2014 y las restricciones financieras externas contribuyeron a profundizar las dificultades. Posteriormente, entre 2015 y 2016, el cambio de gobierno, la modificación del régimen cambiario y los aumentos de tarifas incidieron sobre los ingresos y el consumo.

La crisis iniciada a fines de 2017 se profundizó durante 2018, cuando la salida de capitales, la devaluación y la sequía golpearon la actividad. El gobierno de Mauricio Macri recurrió al Fondo Monetario Internacional para obtener financiamiento y enfrentar las necesidades externas. La contracción continuó durante 2019 y se agravó en 2020 con la pandemia de coronavirus, que paralizó numerosas actividades y provocó una caída histórica de la producción.

Otro período de deterioro se desarrolló entre 2022 y 2024, durante las presidencias de Alberto Fernández y Javier Milei. La inestabilidad cambiaria, la aceleración inflacionaria y la sequía que afectó las exportaciones agrícolas se combinaron con una fuerte caída de los ingresos reales. A partir de diciembre de 2023, la devaluación inicial, la reducción de subsidios y el ajuste fiscal profundizaron la contracción en sectores como la construcción, la industria y el comercio.

La economía comenzó a mostrar señales de recuperación durante 2024, aunque el comportamiento de las distintas actividades fue desigual. La posibilidad de una nueva contracción en 2026 vuelve a poner en discusión la capacidad de sostener ese repunte y consolidar un proceso de crecimiento que alcance a un conjunto más amplio de sectores.

En agosto, las diferencias entre las actividades económicas fueron marcadas. La explotación de minas y canteras encabezó los resultados positivos, con un crecimiento interanual del 11,1 por ciento, impulsado principalmente por la actividad energética y minera. También avanzaron el suministro de electricidad, gas y agua, con una suba del 4,3 por ciento; hoteles y restaurantes, con un incremento del 3,1 por ciento; los servicios sociales y de salud, con el 0,6 por ciento; y las actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler, con el 0,4 por ciento.

En conjunto, los tres sectores de mayor crecimiento aportaron 0,6 puntos porcentuales a la variación general del indicador. Sin embargo, su desempeño no alcanzó para compensar las caídas registradas en otras ramas de la economía, que tienen un peso significativo en la producción y el empleo.

La pesca presentó el retroceso interanual más pronunciado, con una caída del 15,7 por ciento. También se contrajo la intermediación financiera, con una baja del 3,8 por ciento; el comercio, con el 3,5 por ciento; la industria manufacturera, con el 3,2 por ciento; el transporte y las comunicaciones, con el 2,9 por ciento; y la construcción, con el 2,5 por ciento. La actividad agropecuaria, por su parte, retrocedió un 1 por ciento.

El desempeño del comercio, la industria y la construcción resulta especialmente relevante por su relación con el consumo interno, la inversión y el empleo. Cuando estos sectores registran bajas al mismo tiempo, las dificultades pueden extenderse a proveedores, pequeñas empresas y trabajadores, lo que a su vez condiciona la recuperación de las ventas y de la producción.

Los datos de agosto muestran así una economía con resultados heterogéneos: mientras la minería y algunas actividades vinculadas con la energía continúan creciendo, buena parte de los sectores productivos registra retrocesos. La evolución de septiembre será determinante para establecer si la contracción se extendió al tercer trimestre y si el país ingresó formalmente en una nueva recesión técnica.

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