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ECOLOGIA

5 de marzo de 2021

El desmonte y los incendios forestales

El Ingeniero agrónomo Roberto Michelena, experto en suelos y especialista del INTA Castelar durante 40 años, desarrolla aquí un problema tan grave como actual, el desmonte del bosque nativo y los incendios forestales.

Desmonte de bosques nativos

La deforestación de los bosques nativos es un proceso grave a nivel mundial, especialmente en las tierras tropicales y subtropicales de África, Asia y América Latina. En esta última los humedales de la cuenca de los ríos Amazonas y Del Plata, son los más afectados.

La deforestación en Argentina es un proceso que se viene realizando desde fines del siglo XIX y especialmente durante el siglo XX.  A principios de este siglo el desmonte se realizaba básicamente para la obtención de tanino de especies de madera dura como el quebracho colorado, algarrobos y caldén. Si bien este proceso fue inicialmente lento por la acción de los hacheros, en la segunda mitad del siglo XX se hizo más intenso con el uso de maquinarias  pesadas como topadoras que pueden voltear hasta 50 hectáreas por día, especialmente a partir de la década del sesenta.

El fenómeno del desmonte se hizo intenso en el período 1960/1980, debido a la expansión de la frontera agropecuaria, con el fin de incorporar tierras las tierras con monte al cultivo de granos (soja, trigo, maíz, girasol, algodón, sorgo) y a la ganadería con pasturas cultivadas. De esta forma más del 50 % de las tierras con bosque natural fueron desmontadas, especialmente en la Región Chaqueña (Santiago del Estero, Chaco, Formosa, Tucumán y Salta) y en la Provincia de la Pampa, San Luis y Córdoba, con la extracción de especies como el quebracho colorado, algarrobos, quebracho blanco, y caldén, entre otras.

Los problemas que causa la deforestación es la degradación general del ambiente y de las tierras por la erosión por agua y viento (hídrica y eólica) En las tierras bajo bosque el balance de agua y el ciclo hidrológico está regulado, manteniendo el caudal de los ríos, sin grandes variaciones del nivel de agua (sin sequías ni inundaciones). Por el contrario cuando se desmonta, se pierde el efecto protector del bosque y aumenta el escurrimiento del agua a través de las pendientes desde las partes altas (cumbres y lomas) hasta las más bajas. Aquí los ríos presentan grandes variaciones en su caudal y nivel del agua, ocurriendo sequías e inundaciones. En el suelo desnudo se aumenta mucho el agua de escurrimiento y el 70 ó 80 % del agua de lluvia no puede infiltrarse en el suelo, y escurre hacia los bajos produciendo inundaciones.

Hay que tener en cuenta que 1 mm de lluvia significa 1 litro de agua por m2 de superficie. Por ejemplo si en Buenos Aires llueven en un año 1000 mm, esto significa el aporte de 1000 litros/m2 ó 10 millones de litros por hectárea. Si escurre el 80 % del agua se tendrán 8 millones de litros de agua por hectárea y por año, que escurrirán hacia las partes más bajas, produciendo lagunas e inundaciones.

El desmonte de las tierras altas de la región de la cordillera de los Andes y las Sierras, producen que estos altos escurrimientos de agua produzcan inundaciones y daños a la infraestructura (caminos, puentes, diques, ferrocarriles). Esto es frecuente durante los períodos de fuertes lluvias en las provincias de Salta, Jujuy, Tucumán, Córdoba, Catamarca, La Rioja, y la región de Cuyo, entre otras. De todo esto se desprende la enorme importancia que tienen los bosques en la protección del ambiente y en el mantenimiento de la calidad de vida de la población.

Es necesario conocer  qué tierras con bosques podrían ser desmontadas,  mediante un estudio de suelos, aptitud de las tierras,  y cuáles no. En caso de hacerse el desmonte, este debe ser en franjas cortando la pendiente o los vientos predominantes, y utilizando los métodos más adecuados para la conservación de las tierras. Deberán forestarse con especies adecuadas a cada lugar y suelos, las tierras degradadas,  las nacientes y las márgenes de ríos y arroyos.

Se estima que existen en nuestro país,  alrededor de 80 millones de hectáreas con erosión por agua y viento (hídrica y eólica) en el país. Esta erosión produce una marcada disminución de los rendimientos de cultivos como trigo, soja y maíz. Los daños producidos por las inundaciones y  por la degradación del ambiente sobre los rendimientos de los cultivos, y la infraestructura, las pérdidas se estiman en 3000 millones de dólares al año.

 

La quema de bosques y pastizales naturales

     Motivos y causas

La quema de montes nativos y pastizales naturales es una práctica  muy conocida a través del tiempo. Los motivos de las quemas pueden ser intencionales o no. En el primer caso, los productores queman   los montes para habilitar tierras a la agricultura o a la ganadería. También queman los pastizales naturales cuando crecen mucho, pierden calidad y la hacienda no la come. Al quemarlos a fines de invierno, principios de primavera, las lluvias y las temperaturas favorecen el rebrote tierno de estos pastos. También se queman áreas naturales buscando un rédito económico como la actividad inmobiliaria. Esto último es una de las causas principales de los actuales incendios en varias provincias argentinas. Las quemas no intencionales pueden producirse por fenómenos climáticos (rayos) o sequías que producen condiciones propicias para el inicio del fuego. Muchas veces las quemas intencionales, supuestamente controladas, se convierten en incendios imposibles de apagar.

     Recuperación de las áreas quemadas

Hay que tener en cuenta que el fuego destruye el monte original, con gran cantidad de especies, arbóreas, arbustivas y herbáceas. Luego del incendio nunca más alcanzará ese mismo estado original. El tiempo ayudará al regreso, primero de algunas especies  llamadas “pioneras” o “cicatrizadoras”, pero habrá especies que nunca volverán.

Los daños producidos por el fuego dependen del tipo de vegetación y del tiempo en que el fuego actúa sobre esta vegetación. Si el incendio alcanza monte con especies de madera dura como el quebracho, el caldén o el algarrobo, el incendio permanece en el lugar mucho tiempo y el daño es grande. Por el contrario, si se quema un pastizal y existe vientos fuertes, el fuego quema y pasa a otra zona. Aquí el daño es menor y la recuperación será más rápida.

La recuperación dependerá de la cantidad de semillas en el suelo y de la existencia de raíces “vivas” que hayan quedado. Esto último está relacionado con el tiempo de duración del fuego.

La misma naturaleza tiene mecanismos de recuperación natural que necesitan tiempo. Por tal motivo deben aplicarse medidas para acelerar esta recuperación de las áreas quemadas mediante: clausura, evitando el acceso de gente y animales, reforestación con especies nativas. En este caso, las semillas de las plantas nativas no germinan con facilidad. Las aves las digieren y las diseminan. Por esto deben protegerse las aves y especialmente los pájaros. Una forma de ayudar a la naturaleza, es mediante la elaboración de “bombas de semilla”, pequeñas y esféricas,  hechas con tierra, arcilla y agua,  dentro de las cuales se ponen semillas y fertilizantes. Este método se está usando para reforestar las áreas serranas de Córdoba. Las “bombas se pueden distribuir en forma manual o mecánica.

Estas acciones deben contar con apoyo estatal, mediante créditos específicos, desgravación impositiva, políticas educativas en los colegios, que incentiven a los alumnos y a la comunidad en general a realizar trabajos de reforestación.

Junto a la plantación de árboles nativos, es posible la siembra de especies herbáceas mediante siembra por avión y siembra animal, en áreas serranas poco accesibles, utilizando cabras y ovejas con un sistema sembrador en su cuello.

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