3 de septiembre de 2026
Milei cruzó otro límite y convirtió la elección en una amenaza: “Si no ganamos, nos estamos suicidando como sociedad”
El Presidente volvió a utilizar un discurso de extrema confrontación para defender su gestión y reclamar respaldo político. Atacó a opositores y periodistas, rechazó modificar su programa y presentó una eventual derrota electoral como una decisión autodestructiva para la sociedad.
El presidente Javier Milei volvió a llevar su discurso político a un terreno de extrema confrontación y utilizó una expresión que dejó expuesta la lógica con la que busca defender su gestión: “Si nosotros no ganamos, es porque como sociedad estamos decidiendo suicidarnos”. La frase, pronunciada ante un auditorio de empresarios, dirigentes y referentes del liberalismo, fue recibida con aplausos y marcó el tono de una exposición que tuvo mucho de campaña y poco de autocrítica.
Desde el escenario montado en el hotel Sheraton, el Presidente presentó la continuidad de su proyecto como una suerte de destino inevitable. En lugar de admitir la posibilidad de que existan cuestionamientos legítimos a sus políticas, planteó el escenario electoral en términos extremos: acompañar a su espacio o, según sus propias palabras, elegir el “suicidio” de la sociedad.
La definición resulta especialmente significativa porque llegó después de que el propio mandatario reconociera las dificultades que enfrenta su Gobierno para sostener el respaldo social. “si no mostramos resultados, se hace difícil acompañar”, admitió. Sin embargo, en lugar de revisar sus decisiones, volvió a reivindicar “el sacrificio” que los argentinos “deben hacer” para alcanzar “la libertad”.
Milei insistió en presentar su gestión como una transformación histórica y recurrió nuevamente a una de sus principales consignas. “Estamos llevando adelante un milagro, que es el resurgimiento de la Argentina”, aseguró. En ese mismo tramo, se quejó de la falta de reconocimiento político que, a su entender, recibe su administración: “Si fuese peronista, hoy el 50 por ciento de las calles ya llevarían mi nombre”.
El mandatario también dejó en claro que no tiene previsto modificar sus políticas fiscales y monetarias para responder a las críticas que recibe. “al populismo no se le gana con populismo”, sostuvo, y agregó: “Nosotros proponemos un modelo que tiene incertidumbre, que tiene riesgos”.
La frase funciona como una definición política de fondo: Milei reconoce que su programa implica incertidumbre, pero no plantea revisar el rumbo. Por el contrario, reclama que la sociedad sostenga el camino elegido y deposita en el respaldo electoral la validación de sus decisiones.
Hacia el final de su discurso, volvió a plantear la discusión como una elección entre su proyecto y aquello que identifica como el fracaso del pasado. “Ustedes pueden elegir entre el modelo del fracaso, con toda una pátina de sentimentalismo, o a una persona que habla como puede, que se come las eses, que usa lenguaje poco ortodoxo, pero tiene un montón de resultados”, sostuvo. Y completó: “Confío en los argentinos y creo que vamos a ganar”.
El encuentro se desarrolló en el marco de la cumbre “Vientos de Cambio”, organizada por la fundación Libertad y Progreso, que conduce Agustín Etchebarne, junto con la Reason Foundation y el Archbridge Institute, dos organizaciones estadounidenses vinculadas con el pensamiento libertario y liberal clásico.
El evento reunió durante dos jornadas a empresarios, dirigentes políticos, académicos y referentes de la sociedad civil de Argentina, América Latina y Estados Unidos, con una agenda destinada a celebrar el avance de gobiernos y espacios de derecha en distintos países de la región.
La convocatoria había generado expectativas por la anunciada presencia del empresario tecnológico Peter Thiel, quien finalmente canceló su participación. También había sido anunciada como “invitada sorpresa” la dirigente venezolana María Corina Machado, pero tampoco asistió. Las entradas tenían un costo de 80 dólares para académicos y 650 dólares para el público general.
Entre quienes sí participaron estuvieron el ministro de Economía, Luis Caputo; el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger; el canciller Pablo Quirno y el diputado Santiago Santurio. También circuló por el lugar la excanciller Diana Mondino. Karina Milei no asistió.
Antes de la intervención presidencial, Quirno fue consultado por la cadena nacional que Milei realizará este jueves en relación con la cuestión Malvinas. El canciller afirmó que “siempre hay chance” de recuperar ese territorio y sostuvo que la Argentina continuará trabajando mediante la vía diplomática.
Milei comenzó su exposición poco después de las seis de la tarde y durante los primeros minutos mantuvo un tono considerablemente más moderado que el utilizado en otras apariciones públicas recientes. Comenzó reivindicando su política económica y aprovechó la presencia de invitados internacionales para destacar el avance de las fuerzas de derecha en América Latina.
“Cuando uno mira cómo ha mutado el color del mapa, se llena de esperanzas”, sostuvo. En medio del conflicto diplomático con Brasil, también se refirió a las elecciones previstas en ese país y afirmó: “si siguen evolucionando positivamente las cosas para la región, probablemente en octubre sumemos un país que ocupa mucho espacio en el continente”.
Pero la moderación duró poco. Apenas transcurrieron unos doce minutos antes de que el discurso comenzara a transformarse en una nueva sucesión de ataques. Milei apuntó contra el “maldito kirchnerismo”, calificó de “orcos” a sus adversarios y responsabilizó a la oposición por problemas vinculados con el empleo.
También lanzó críticas, aunque sin mencionarlos directamente, contra empresarios como Paolo Roca y Javier Madanes Quintanilla, en una nueva muestra de su disposición a confrontar con sectores empresarios que mantienen diferencias con determinadas decisiones del Gobierno.
El Presidente tampoco dejó pasar la oportunidad para atacar a administraciones anteriores. Al referirse al gobierno de Mauricio Macri, afirmó: “Cuando llegó la presidiaria, aceleró la inflación”. Luego agregó: “Macri la duplicó, pero nosotros hemos cumplido la promesa de bajarla”.
“En el gobierno de Macri la economía cayó 3,9 por ciento y Alberto solo rebotó lo que había caído con Macri”, sostuvo, en una comparación destinada a presentar su gestión como una ruptura definitiva con el pasado.
Pero los ataques más duros volvieron a estar dirigidos contra el periodismo. Milei calificó a los trabajadores de prensa de “sucios” y “analfabetos” y cuestionó su cobertura de la gestión económica.
“¿se dan cuenta del esfuerzo que hacen las basuras con micrófono, los sicarios, para ocultar todo esto?”, expresó, mientras hacía referencia a los resultados que considera positivos de su administración. El auditorio respondió nuevamente con aplausos.
Luego calificó a los trabajadores de prensa de “delincuentes” y profundizó la confrontación: “Entiendo que me odien, pero les puedo dar argumentos adicionales para que me odien aún más”.
La escena vuelve a exhibir una característica recurrente de la comunicación presidencial: cuando aparecen críticas o cuestionamientos, la respuesta no suele concentrarse en discutir los argumentos sino en descalificar a quienes los formulan. El adversario político, el periodista crítico o el empresario que expresa diferencias terminan convertidos en enemigos de un proyecto que, según Milei, no debería ser revisado.
El empleo también ocupó un lugar importante en la exposición. Milei reivindicó las medidas aplicadas por su administración y sostuvo: “Están molestos porque el modelo no genera trabajo, pero echamos a más de 70 mil empleados públicos e hicimos la reforma laboral que era la más imposible”.
Luego se jactó de “lograr lo que ni siquiera pudieron hacer los gobiernos militares”.
En materia salarial, volvió a rechazar las críticas y afirmó: “Es mentira que los salarios no crecen. En el formal, el salario está empatado, y en el sector público está bajando, pero cuando miramos el informal, los salarios están volando como pedo de buzo y le han ganado a la inflación más de 60 por ciento”.
La afirmación volvió a mostrar el contraste entre el relato presidencial y las discusiones que atraviesan a distintos sectores de la sociedad. Milei eligió reivindicar los indicadores que considera favorables y descalificar las críticas, sin detenerse demasiado en los aspectos que generan cuestionamientos a su gestión.
En el cierre, el Presidente volvió a recurrir a una advertencia política que busca convertir el apoyo a su administración en una cuestión de todo o nada. “Yo ya tengo mi futuro asegurado, voy a vivir de dar conferencias, pero esto lo estoy diciendo por el bien de los argentinos. ¿Ustedes quieren volver al pasado? okey, está en sus manos".
Entre la amenaza de un supuesto “suicidio” social si su espacio pierde, los ataques a quienes cuestionan al Gobierno y la insistencia en presentar su proyecto como la única alternativa válida, Milei volvió a dejar en claro que no pretende moderar su discurso.
La discusión política que plantea no aparece presentada como una elección entre distintas alternativas económicas y sociales, sino como una disyuntiva extrema: aceptar el rumbo de Milei o regresar al fracaso que él atribuye a sus adversarios. Una forma de hacer política que reemplaza el debate por la confrontación y convierte cualquier cuestionamiento al Gobierno en una supuesta amenaza contra el futuro del país.
Esta versión conserva el tono crítico, pero el concepto del ajuste aparece una sola vez como contexto y la crítica se reparte entre el contenido de sus declaraciones, el tono electoral, los ataques a la prensa, la falta de autocrítica y la lógica de “conmigo o el desastre”.
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