Domingo 30 de Agosto de 2026

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30 de agosto de 2026

Lo que las puertas callan

Las puertas de las casas, como el mágico agujero de Alicia, custodian un mundo interior, inimaginado y desconocido. Son guardianes venerables de un mundo íntimo.
Las puertas son límite y frontera, espacios de entrada y de salida, y ellas, como todas las cosas, pese a su abrumadora verticalidad, acusan el ataque del tiempo. Patricia Marvisi relata un encuentro con la puerta silenciosa del pasado.

LO QUE LAS PUERTAS CALLAN

La puerta enmarca la casa, le da un aspecto importante y especial, sus materiales son nobles, elegantes, un recuerdo de tiempos lejanos.

Me veo de puntillas para alcanzar el pesado llamador de bronce y no lograrlo hasta que alguien socorría mi estatura.

Detrás de la puerta y su incesante abrir y cerrar se deslizaba la vida por décadas y etapas. Las marcas en las paredes con tiza o carbonilla en los años de la infancia, el encierro en los cuartos en la caprichosa adolescencia, el suave andar y la delicadeza al correr el cerrojo en la juventud para atrapar la libertad callejera y la madurez prematura en el frescor del patio cargada de decisiones que tomar.

Siempre pensé que, de alguna mágica forma, la puerta guardaba las emociones de los que habitaban la casa: el golpe seco al cerrarla, el pesado tirón para abrirla, el insistente llamador apurado, todo ese idioma la puerta lo conocía.

Hoy he regresado al histórico barrio, al mío, y camino las calles sin pensar demasiado como cualquier otro turista, leyendo carteles o mirando vidrieras.

Hasta que una dirección me detiene y veo aquella puerta, ahora está deslucida, los vitreaux del postigo se han desteñido, el paso del tiempo deshace impiadoso el esplendor del recuerdo.

¿Por qué será que de chicos las cosas nos parecen más grandes, más brillantes, más nítidas?

Vuelvo a mirarla y me quedo pensando que la puerta telepática sabe qué siento, y que el roble o lapacho de lo que esté hecha lo absorbe, porque me he detenido, porque recuerdo ahora su pesado porte y la pequeña hendija por donde todo quedó atrás.

Busco en el costado el puño llamador pero solo está su ausencia y una astillada herida.

PATRICIA MARVISI

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